Hacia los Balcanes más inexplorados
Ante la saturación de los destinos europeos más clásicos, países como Montenegro, Albania, Macedonia del Norte, Kosovo o Bulgaria ganan terreno entre quienes buscan escapadas más baratas y menos concurridas


Las cifras relativas al turismo no dejan de marcar récords. Más de 1.100 millones de turistas hicieron las maletas entre enero y septiembre de 2025, según la última edición del Barómetro del Turismo Mundial llevado a cabo por ONU Turismo; un 5% más que en el mismo periodo de 2024 y un 3% más respecto a 2019, año previo a la pandemia. Todo ello en un contexto marcado por la saturación de algunos destinos, la alta inflación de los servicios turísticos y con una situación geopolítica mundial que dista de poder considerarse como relajada.
Por ello, las escapadas a destinos más asequibles y menos saturados, que siempre han estado en el radar viajero, ahora se posicionan cada vez más alto entre las preferencias de los turistas. Según el último informe de Skyscanner, las ganas de viajar al extranjero no dejan de crecer, pero más de un tercio de los viajeros (un 34%) busca activamente evitar las zonas masificadas y un 31% planea visitar lugares populares, pero solo en temporada baja. Un porcentaje similar afirma que el exceso de gente ha afectado negativamente a su experiencia de viaje.
Además, el informe del buscador llama la atención sobre el hecho de que el 17% de los encuestados afirma que seguirá viajando a lugares saturados solo porque le resulta difícil elegir otro sitio al que ir y saber qué hacer en esos destinos. Esto, especialmente en el campo de las escapadas de fin de semana o de tres o cuatro días —que según eDreams siguen siendo una tendencia al alza—, hace que los viajeros dirijan su mirada a destinos europeos más asequibles, pero menos trillados.
Con estas premisas, la zona de los Balcanes se asienta como un destino pujante. Y es que, según datos ofrecidos por Booking, todos los destinos de esta región tienen una perspectiva importante de crecimiento con vistas a 2026, especialmente en los meses de verano. Entre ellos se encuentra en primer lugar Bulgaria, con un crecimiento esperado del 44% con respecto a las mismas fechas de 2025; seguido de Macedonia del Norte, con un 35%; Kosovo (23%), Albania (20%), Montenegro (175) y Serbia, con un 3%. No en vano, Tirana, la capital albanesa, se encuentra entre la selección que realiza Skyscanner de los destinos con mejor precio de varios meses, y Skopje, la capital de Macedonia del Norte, es uno de lo lugares recomendados por el buscador para 2026 debido a que “combina a la perfección el encanto oriental de su antiguo bazar otomano con un centro monumental neoclásico reconstruido”.

Bulgaria, más que Sofía
Este país, bañado por el mar Negro, puede presumir de una gran versatilidad turística. No le faltan bellas playas ni pequeños y encantadores pueblos, ni por supuesto una impresionante naturaleza que aún es capaz de resguardar lagos, monasterios o picos escarpados. Su capital, Sofía, conserva los posos de su pasado comunista en su reconocible arquitectura, entre la que emergen joyas como la catedral ortodoxa de Alejandro Nevski, uno de los símbolos del país; las ruinas romanas de Serdica junto a la pequeña iglesia medieval de Sveta Petka; la mezquita otomana de Banya Bashi o la sinagoga sefardí que presume de ser una de las más grande del mundo.
Pero más allá de la capital, Bulgaria guarda tesoros como Koprivshtitsa, un pueblo que parece detenido en el tiempo, o Plovdiv, una de las ciudades más antiguas de Europa, con un laberíntico casco antiguo repleto de viejas mansiones y calles empedradas; un impresionante teatro romano y el segundo monasterio ortodoxo más importante del país, el de Bachkovo. El primero, el de Rila, se encuentra además en una de las zonas naturales más bellas del país, rodeado de escarpadas montañas, bosques, cuevas y siete impresionantes lagos glaciares. Otra zona natural a visitar, especialmente en primavera, es Kazanlak y el valle de las rosas, aunque también de los túmulos funerarios de los reyes tracios. Y para quienes busquen playa, el mar Negro ofrece rincones como Varna, Burgas, Nessebar o Sozopol.
Macedonia del Norte, sí
Se trata de uno de esos escasos destinos a los que aún no ha llegado el turismo masivo y conservan un merecido adjetivo de asequible. Su capital, prácticamente reconstruida al completo tras el terremoto que la destrozó en 1963, es conocida como la ciudad de las mil estatuas, y es que la reconstrucción se planteó con cierto carácter colosal. Más allá de eso, Skopje conserva todavía su antiguo bazar otomano, la carsija, que también da nombre al casco antiguo; la fortaleza de Kale, que domina el horizonte de la ciudad; la casa natal de Teresa de Calcuta y el puente de piedra que atraviesa el río Vardar.
Y si se busca una incursión en naturaleza casi virgen no solo se pueden visitar los parques nacionales de Mavrovo, Galicica y Pelister, sino que el cañón de Matka, paraíso de los amantes del kayak y el senderismo, se encuentra a escasos kilómetros de la capital. Por último, Ohrid y su lago homónimo, el más antiguo de Europa y que hace de frontera natural con Albania, en cuya costa es casi imprescindible perderse.

Kosovo secreto
Desde su independencia unilateral en 2008, este pequeño territorio (no reconocido como país por España) lleva posicionándose como un destino al alza en el turismo en Europa. Su capital, Pristina, mezcla inmensas mezquitas con el brutalismo propio de su pasado comunista, y entre sus edificios más emblemáticos están la Biblioteca Nacional, con sus cúpulas de cristal, el Museo Nacional o la catedral de la Madre Teresa, con una bella panorámica de la ciudad desde su torre.
Prizren es a su vez una de las ciudades más pintorescas gracias a su casco antiguo, a su puente de piedra y a un castillo con unas impresionantes vistas de la ciudad del río que la cruza. Pec, además de tener el Monasterio de Decani, es el mejor lugar para explorar el parque nacional de Bjeshkët e Nemuna. Y para cerrar con paraísos naturales, el lago de Gazivoda, al norte, es el culmen del concepto de naturaleza desconocida.

El despegue de Albania
Conocido como el país de las águilas, Albania ya se está poniendo de moda. No en vano, en 2025 recibió 12 millones de turistas, una cifra que multiplica casi por cinco su población. Tirana engrosa el listado de esas capitales que no estarían en las listas de viajes si no fuera porque allí se encuentra el aeropuerto, pero puestos a visitarla se le puede coger el pulso recorriendo la plaza Skanderbeg, la principal de la ciudad, y aprovechar para entrar en la mezquita Et’hem Bey, el Museo Nacional o la Biblioteca Nacional. Aunque si hay un lugar que sí merece ampliamente la pena ese es el Bunk’Art 2, un refugio antinuclear reconvertido en museo para recordar la época de la dictadura de Enver Hoxha.
También cuenta Albania con tesoros arqueológicos como Butrinto —con su ágora, sus termas o su teatro romano— o bellísimas ciudades históricas como Berat o Gjirokastër. Si se quiere apostar por lo recóndito, Theth es el punto de entrada a los Alpes albaneses y al encantador pueblo de Valbonë. Aunque, sin duda, lo que más turistas está atrayendo al país son las playas. La conocida como Riviera albanesa, al suroeste y bañada por el mar Jónico, se extiende entre Vlorë y Sarandë con aguas cristalinas, una enorme belleza natural y módicos precios. En ella destaca Ksamil, la bahía de Dafina, y la visita al Ojo Azul, un manantial que, como su nombre indica, tiene un impresionante color azul y una profundidad aún por identificar.
Montenegro, más allá de Kotor

La bahía de Kotor, considerado el fiordo más meridional de Europa, es uno de los principales destinos turísticos de este pequeño país, algo más grande que Asturias. Aquí destaca la ciudad de Kotor, con un bellísimo casco antiguo circundado por murallas a las que no les faltan bastiones, puentes levadizos y, por supuesto, una fortaleza: la de San Juan. No conviene obviar tampoco visitas a la plaza de Armas, a la catedral de San Trifón y al teleférico que une Kotor con el monte Lovcen, ofreciendo unas increíbles vistas. Y adentrándose en otras zonas de la bahía, es imprescindible visitar el mirador y las islas de Perast, las laberínticas callejuelas del centro de Budva, las playas salvajes de la península de Luštica o la carretera panorámica de Serpentine, con sus decenas de curvas y sus impresionantes miradores.
Más allá de sus costas, Montenegro ofrece el parque natural de Prokletije; aunque su nombre puede traducirse como montañas malditas es un auténtico paraíso para senderistas y montañeros. O el parque de Durmitor, con sus casi dos docenas de lagos glaciares y en el que se integra el cañón del río Tara, que con 80 kilómetros de longitud y más de 1.300 metros de profundidad es uno de los más grandes de Europa. O lo que es lo mismo, el lugar perfecto para un descenso en rafting, senderismo, lanzarse en tirolina o hacer un road trip panorámico por la retorcida carretera P4.
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