Cuando el destino es vivir una experiencia
De rutas cicloturistas verdaderamente inclusivas en Asturias a una travesía de espeleokayak por un río subterráneo en Castellón, propuestas de turismo activo para no parar este año


El turismo de experiencias representa la transformación del actual paradigma turístico”, constató hace pocos días María Valcarce, directora de Fitur, durante la presentación de la presente edición de la feria. Ubicar al viajero en el centro. Y es que, cada vez más, este prioriza el deseo de disfrutar de una vivencia muy determinada —desde explorar una gruta subterránea hasta elaborar una receta histórica— a la elección de un destino o alojamiento concretos; eso va después. Una nueva realidad que se cumple en algunas de las siguiente propuestas 100% experienciales, entre ellas las dos ganadoras (en categoría nacional) de los Premios de Turismo Activo Fitur 2026, que se entregan cada año en colaboración con la revista AireLibre.
Cocinando con sentido
La recuperación de una receta tradicional —L’arròs de Castelldefels— convertida en una experiencia enogastronómica completa, desde la huerta del Baix Llobregat hasta las cocinas de la Escuela de Hostelería de esta localidad barcelonesa, es una de las dos actividades galardonadas. Pero más que un taller culinario, se trata de “que la persona que venga a hacer la experiencia haga una inmersión completa en el territorio”, afirma Raimon Martínez, director de la escuela. De hecho, la actividad (cinco horas; 90 euros por persona; grupos de hasta 20 personas) comienza lejos de los fogones: divididos en dos grupos, los participantes visitan a su elección el Parque Agrario del Baix Llobregat o la Lonja de Vilanova i la Geltrú, donde conocen el origen de los ingredientes que van a cocinar. “Vamos con ellos a hacer la recogida de las alcachofas”, explica Martínez, dialogando con los productores locales, “y vamos a la lonja para ver cómo se hace la recogida de la gamba, de dónde sale el producto”.

Después, ya en la Escuela de Hostelería, los participantes elaboran (por parejas), durante dos o tres horas, su propio arroz de Castelldefels, orientados por los chefs y el equipo docente del centro. Por último, “realizamos un pequeño concurso en el que acaban comiendo los arroces que han hecho, maridado con vinos del territorio, producidos en el macizo del Garraf”, agrega Martínez. Broche para “una experiencia con sentido” que “pone en valor el producto de proximidad, a los restaurantes que están trabajando ese kilómetro cero, y la cooperación público-privada de los diferentes agentes del territorio”, concluye.
Tierra mágica y aventurera
El segundo galardón de turismo activo Fitur 2026 no distingue a una actividad, sino a todo un territorio, a través de un sello turístico con mucha solera: Huesca la Magia. Fernando Blasco, director gerente de Tu Huesca, responsable de la misma, ensalza los más de 40 años que lleva funcionando, siendo, “posiblemente, la marca [de promoción turística] más antigua en España de un destino de interior”. “Nos dedicamos a impulsar el desarrollo sostenible de la oferta turística de Huesca [17% del PIB provincial], y esta marca representa también al sector de la aventura, con más de 507 empresas y autónomos”, sintetiza Blasco. Esta labor se articula a través de un portal web con propuestas inspiracionales en pueblos, valles y comarcas oscenses, y una app con más de 20.000 descargas que aglutina información de todas las empresas (agencias, guías, alojamientos) del segmento aventurero: “No entramos en la comercialización; apuntamos a quienes comercializan”, aclara. La pujanza de Huesca La Magia explica la distinción de esta provincia como Mejor Destino para el Turismo de Aventura europeo en los reciente World Travel Awards 2025, aunque Blasco matiza rápidamente que “es un premio a todo el territorio, a todos los agentes turísticos”.

Uno de ellos, de reciente creación, ofrece desde hace pocos meses una tentadora ruta de fin de semana para parejas a bordo de un 4x4 camperizado —con cama, cocina y un pequeño salón— por carreteras, pueblos y paisajes del Somontano y el Sobrarbe, mezclando senderismo, enología y productos locales. Desde su base en Chimillas, “a cinco minutos de Huesca”, detallan desde Camper Trail, el recorrido (210 euros por noche) propone visitar una bodega en Barbastro; conocer pueblos tan vistosos como Alquézar o Aínsa; una aérea excursión por pasarelas sobre el río Vero, o una romántica noche junto al ibón de Plan, a 1.910 metros, en pleno Pirineo.
Antes de salir, los viajeros reciben un dosier con toda la información necesaria para el itinerario, que realizan en total libertad y autonomía: desde precios y teléfonos para reservar cada visita hasta las ubicaciones de donde está permitido dormir con estos vehículos. “En España tenemos muchas limitaciones al respecto, pero tenemos aún más dudas que limitaciones. La gente que sale con campers habitualmente las conoce, quienes las alquilan no”, advierten desde la empresa. Esta hoja de ruta tiene un coste adicional de 40 euro e incluye pistas sobre productos típicos de cada lugar y comercios donde comprarlos, invitando a adquirir los ingredientes que compondrán el pícnic final junto al lago de montaña.

Esta cueva está muy viva
Las entrañas de la sierra de Espadán (Castellón) albergan un escenario casi único en Europa: un río subterráneo y navegable de 800 metros que discurre por el interior de las Coves de Sant Josep. Desde 2018, la empresa Viunatura propone descubrirlo con una estimulante travesía de espeleokayak, una vez que terminan los paseos en barca para grupos y la gruta se vacía de visitantes. “Se preveía como una actividad de temporada baja, y al final se vio que tenía un gran potencial y pasó a ser ofertada todo el año”, reconoce Fernando Falomir, director de esta agencia. En verano doblan las salidas diarias (18.00 y 20.00) e incluso es un producto reclamo: “Hay turistas franceses que compran un billete y visitan Castellón solo por el espeleokayak”.
Con la cueva ya en silencio y acompañados de dos guías, los kayakistas, equipados con neopreno, casco, frontal y chaleco, comienzan a remar las tranquilas aguas de Sant Josep, que mantienen una temperatura de 20º todo el año. La iluminación subacuática brinda un escenario mágico. Al finalizar los 800 metros navegables, un segundo embarcadero da acceso a una galería seca de 250 metros, con forma de medialuna, que se recorre de ida y vuelta antes de retomar el kayak y palear de regreso. Antes de acabar la travesía (dos horas; 50 euros; edad mínima ocho años, máximo 16 personas), aguardan un par de sorpresas inmersivas en la sala Diana para que los visitantes experimenten este singular espacio con todos los sentidos. Como asegura Falomir, descubren que “esta cueva está muy viva”.

Pedaleo integrador
La semilla de este proyecto germinó en la pandemia: José Manuel Muñiz, aficionado al ciclismo desde niño e impedido para practicarlo por diversas lesiones, decidió crear una empresa que habilitara rutas cicloturistas por el entorno natural de Carreño (Asturias) para personas con discapacidad física y movilidad reducida. Desde hace dos años, Los Pilares de Carreño ofrece un catálogo de itinerarios con integración total; es decir, “que estas personas pueden completarlos íntegramente por sus propios medios, acompañando a su familia”, puntualiza Muñiz.
El primer paso fue construir “la bicicleta más inclusiva”, recuerda, un triciclo eléctrico invertido, perfectamente estable, que le costó 15.000 euros y meses de trabajo con la firma guipuzcoana Etnnic. Desde entonces ha ido ampliando la flota de alquiler hasta 26 unidades (entre 22 y 45 euros la hora y media, según el modelo), que cuenta también con bicis eléctricas convencionales y un modelo PASVIC: “La primera bicicleta que funciona caminando para personas que no pueden doblar la rodilla”, aclara Muñiz. Su dedicación se refleja especialmente en el diseño de los itinerarios, pensados al detalle para que puedan ser completados de forma autónoma por todos sus clientes, incluida la ruta Olímpica (20 kilómetros y rampas de desnivel considerable). Además tienen enjundia cultural: siguen rutas históricas como el Camino de Santiago y cuentan con puntos de interés como el Aula Didáctica del Neolítico del Monte Areo. En el caso de las rutas Clarinianas, cuya señalética en forma de libro abierto recoge citas de Leopoldo Alas Clarín, pasan por lugares ligados al escritor, como la casa donde pasó muchos veranos.

Puerta abierta al Maestrazgo
“Personalmente, no me gusta eso de la España vacía. Sí es la España despoblada, pero no vacía” diferencia Serafina Buj, fundadora de Tguio, agencia de turismo local arraigada en el Maestrazgo de Teruel. Buj reside en Villarroya de los Pinares, localidad con apenas 120 residentes “habituales”, especifica, desde la que propone un ejercicio de inmersión rural. “Cuando viajo, me gusta que me muestren los interiores”, reconoce; por ejemplo, de una antigua cárcel medieval, de un palacio renacentista o de un esconjuradero del siglo XVII, donde un sacerdote oficiaba rituales para alejar temporales y plagas que pusiera en riesgo la cosecha local. En esto consiste la ruta bautizada Abriendo pueblos: visitar “como si te llevase un amigo” algunos de los más bonitos de esta comarca aragonesa. Gracias a la mediación de Buj, los viajeros conversan con los vecinos, quienes les franquean, literalmente, las puertas del patrimonio local; “les cuentan sus historias, su día a día”. Y recuerda cómo al detenerse en una ocasión ante el molino harinero de Miravete de la Sierra pasó un vecino que llegó a trabajar en él y se puso a explicarles cómo funcionaba la maquinaria original que aún conserva en su interior.
Entre pueblo y pueblo, este itinerario de turismo slow –entre 10 y 20 euros por persona, según el tamaño de cada grupo y la duración (adaptable)– se regodea en los paisajes de la comarca. Desde curiosos pliegues geológicos hasta panorámicas de un territorio salpicado de masías –que explican la fijación de población antiguamente– y enclaves para contemplar, sin prisa, la puesta de sol. “El turismo tiene que ser sostenible para el que vive en el pueblo”, reivindica Serafina Buj, por eso, durante el trayecto, proporciona recomendaciones para comer y consumir productos locales. En Tronchón, además del antiguo calabozo medieval que ocupaba un edificio gótico de sillería parcialmente excavado en la roca, invita a visitar la quesería local para degustar y llevarse “el auténtico queso de Tronchón que aparece en El Quijote”, recuerda. Y es que esta variedad tradicional a base de leche de oveja aparece nombrada en la segunda parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, allá por 1615.
Trepando bajo la luna

En casi cualquier actividad de montaña una de las consignas básicas es que no se te haga de noche. Pues el guía de escalada Sebastián Miranda decidió proponer justo lo contrario el pasado verano: ascender una vía ferrata —itinerario vertical equipado con cables, puentes y peldaños metálicos— a escasos minutos de Jaén cuando se está poniendo el sol. “A esa hora es cuando la gente sale a la calle porque baja el calor, e igual que se hace senderismo nocturno pensé en probar esta experiencia”, explica. El escenario es perfecto. La ferrata Fuente de la Peña “es cortita, tiene unas vistas increíbles de la ciudad, de algunos pueblos y de la sierra; con luna o sin luna se puede hacer perfectamente con un frontal y en verano se está muy fresquito”, describe.
El recorrido es de 180 metros y muy horizontal; “se coge altura al inicio, pero luego es bastante tendida, con alguna pequeña subida [48 metros de desnivel]”, desgrana Miranda. Atraviesa tres puentes: dos de tipo mono y otro tibetano de 32 metros de largo con vistas a la catedral y el castillo de Santa Catalina. Tiene dificultad asequible (K2), “está equipada al milímetro para favorecer a la gente que lo hace por primera vez”, y solo requiere una altura mínima de 1,40 metros para poder superar (por envergadura) los puentes de cables.
¿Y en caso de vértigo? “Lo bueno de la ferrata nocturna es justo eso, que no se ve el suelo como si fuera de día”, comenta entre risas, aunque asegura que funciona de verdad: “El pasado verano llevé a varias personas con ese problema y lograron superarlo”. El precio es de 35 euros (grupos de dos a ocho personas) e incluye todo el material necesario: arneses, casco, frontal, disipadores de seguridad y luz crepuscular.
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