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Por qué deberías fijarte en las fiambreras japonesas para ajardinar tu patio o terraza

La tendencia de los jardines bento aplica las reglas de las típicas tarteras niponas al paisajismo para espacios reducidos. Elegir una temática y jugar con las tres dimensiones asegura cierto efecto de vergel, aunque sea en miniatura

"Aconsejo plantar en macetas redondas para suavizar las aristas y lograr un aire más orgánico”, recomienda la paisajista Alicia Muñoz de Andrés. Maria Korneeva (Getty Images)

Hay muchas fórmulas para democratizar ese privilegio que supone tener un jardín en casa: la naturalización de patios de luces y azoteas, los huertos de balcón o los llamados jardines de bolsillo que cubren de verdor medianeras, terrazas-pasillo, alféizares, callejones entre edificios y otros espacios diminutos donde, en principio, cuesta imaginar vida verde.

Ya en la década de los cincuenta, el arquitecto alemán Paulhans Peters acuñaba el término blumenfenster o “ventanas para flores”, una solución muy habitual en la arquitectura doméstica de Europa central que permite integrar la naturaleza en los interiores, aunque sea en su mínima expresión. Estos pequeños espacios “conectan la casa con el hedonismo, el juego, la cultura e incluso la terapia”, afirma Xavier Monteys, catedrático de la Universidad Politécnica de Catalunya y profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, en el libro La casa como jardín (Ed. Gustavo Gili, 2021). Las mismas virtudes, más allá de lo pragmático, que un vergel de varios cientos de metros cuadrados, aunque a pequeña escala.

La más reciente y colorida vuelta de tuerca a este concepto llega con lo que en el mundo anglosajón ya se ha bautizado como jardines bento, una solución de micropaisajismo para espacios reducidos que se inspira en las cajas bento, las fiambreras que se utilizan en Japón para llevar el almuerzo. En la práctica, se materializa en jardines compartimentados donde cada planta ocupa un lugar y contribuye a un conjunto armonioso y con propósito, y que suponen una ingeniosa respuesta frente a la limitación de espacio en las ciudades. Estos dan la opción de integrar una naturaleza expresiva en balcones, áreas domésticas de configuración caprichosa o recoletos rincones, y animan a conectar la experiencia cotidiana con la ecología y con la práctica de la jardinería.

Mucho más que una fiambrera

“En la cultura japonesa una caja bento no es solo un recipiente, es un concepto que va mucho más allá”, explican desde Garden Media Group, agencia especializada en el sector de la jardinería que se hace eco de la corriente. En estas fiambreras, el lugar y la proporción que ocupa cada pieza son de todo menos prosaicos. “Cada alimento está perfectamente dispuesto en el volumen justo y contribuye visualmente a la armonía del conjunto”, añaden. Es algo premeditado, estéticamente agradable, equilibrado, sin desperdicio y nutritivamente satisfactorio.

Tal es el modus operandi de la paisajista Alicia Muñoz de Andrés, que ha ejecutado pequeños vergeles en terrazas urbanas y que asegura que el espacio reducido no tiene por qué ser un problema: “Un jardín pequeño puede adquirir entidad siempre que esté bien pensado. Hablo con el cliente para elegir una línea temática. Por ejemplo, plantas aromáticas o plantas para flor cortada para quienes disfrutan haciendo arreglos florales y desean trasladar el jardín al interior de su casa”. Lo siguiente es diseñar con criterio. “En espacios angulosos, alargados o rectangulares como los patios o terrazas urbanas, aconsejo plantar en macetas redondas para suavizar las aristas y lograr un aire más orgánico”, sugiere. También es importante la elección de los contenedores donde se va a plantar. “No se puede poner cualquier planta en cualquier maceta: tienen que tener coherencia cromática y ser pertinentes con las flores y el follaje que van a contener. Las especies caducas van mejor en macetas lacadas o con textura que reflejen la luz cuando la planta pierde las hojas, y las perennes, en macetas no lacadas. Si la planta otoña bonito y queremos resaltarlo, lo mejor es colocarla en una maceta clara para que haya contraste. Todo tiene que tener sentido. Hasta los espacios vacíos tienen que estar justificados”, explica Muñoz de Andrés.

No se trata de yuxtaponer plantas sin más, sino de crear una composición que, como las cajas bento, tenga intención y propósito. “Que cuente una historia, que evoque un paisaje o que exprese una emoción”, afirman desde Urban Leaf, empresa especializada en jardinería de interior. Hay cinco claves esenciales para lograr que un jardín bento luzca vibrante: “Equilibrio visual, asimetrías calculadas, diversidad de texturas y follajes, riqueza de color y vacíos intencionados”, apuntan.

La grandeza de las plantas enanas

En cuanto a las especies, hay que tener en cuenta la escala, por lo que una buena idea es optar por plantas de crecimiento lento, porte compacto o variedades enanas (hay que buscarlas en el vivero con el apellido nana). Elegir plantas de diferentes texturas y alturas permite crear relieve y profundidad, y combinar especies con distintas épocas de floración garantiza que siempre habrá algo en su mejor momento. Las xerófilas tapizantes como el sédum o la uña de gato son perfectas para crear texturas neutras y áreas de vacío de flores. También se pueden integrar elementos decorativos no vegetales, como grava o rocas.

Puede plantarse directamente sobre el terreno, por ejemplo, en el caso de un talud que salve la diferencia de nivel entre la calle y la puerta de una casa, o en maceteros si lo que se desea ajardinar es un espacio con suelo de obra. En diseños avanzados, Muñoz de Andrés anima a establecer puntos de interés visual aplicando la regla de los tercios y a incorporar vacíos significativos. Estos vacíos se corresponden con el concepto japonés del “ma”, los espacios entre las cosas que crean armonía y ofrecen una pausa visual que aporta calma.

Quien afortunadamente sí disponga de espacio puede crear un proyecto bento en secciones concretas de un jardín más amplio, como en una fuente seca o en las zonas que resultan en las intersecciones entre veredas. Es una forma de sorprender con un reducto ornamental con entidad propia o de hacerse con un laboratorio verde en el que experimentar con un determinado tipo de plantas, como las crasas.

El potencial de las tres dimensiones

No hay que subestimar las posibilidades que ofrecen muros, barandillas, escaleras y vigas parcialmente soleadas. La tercera dimensión es una oportunidad que nunca hay que perder de vista en el diseño de microjardines. Además del largo y el fondo de la terraza, rincón, patio o porche, resulta muy efectivo aprovechar la altura, algo que se puede materializar plantando especies trepadoras o colocando emparrados o jardineras verticales en los que instalar plantas colgantes para añadir volumen vegetal ascendente sin restar superficie. “Y, ante todo, tener claro qué quieres que transmita tu jardín”, señala la paisajista. “Si deseas sensación de calma o de energía, una determinada gama de colores, una miscelánea de aromas verdes y florales, la presencia de los animales que atrae… Tiene que promoverse una interacción íntima y a largo plazo entre los elementos elegidos para el jardín y la persona que va a disfrutarlo”, añade.

Esta corriente de jardinería cápsula complace a quienes disfrutan rodeándose en su día a día de equilibrio visual y refleja una esmerada intención de buscar la belleza en lo cotidiano. Sorprende por oposición a la tendencia naturalizada y asilvestrada que se viene practicando mayoritariamente en la última década. Y, sobre todo, supone un gesto de rebelión sosegada frente a la saturación de estímulos. Porque en un pequeño jardín, como en el universo infinito, todo tiene su lugar.

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