Molly Roden Winter, la escritora que contó su poliamor: “Si tus opciones son divorciarte o abrir tu matrimonio, divórciate y ahorra tiempo”
En el ‘best seller’ titulado ‘¡Más! Memorias de un matrimonio abierto’, la autora estadounidense se desnuda para narrar cómo abrió su relación tras años casada, lo que esperaba al hacerlo y lo que finalmente encontró: una versión mejorada de sí misma

Cuando en 2008, después de ocho años casados, Molly Roden Winter (Illinois, 53 años) le propuso a su marido abrir su matrimonio, en realidad no tenía la más remota idea de lo que estaba pidiendo o, al menos, de lo que le esperaba. “Matrimonio abierto”: nunca dos palabras juntas se contradijeron más la una a la otra. La idea de casarse con una sola persona y, en teoría, para siempre, parece no casar bien con un concepto que sugiere libertad y variedad de opciones. El viaje que emprendió Winter cuando decidió abrir su relación no solo la llevó a reconciliar esos dos términos, sino a desmontar una a una algunas de las ideas asociadas a las relaciones abiertas y a encontrar en las suyas una versión de sí misma más segura y consciente. Lo cuenta ella misma en ¡Más! Memorias de un matrimonio abierto (Gatopardo, 2025), un libro divertidísimo, escrito en una primera persona sin filtros que sonroja y enternece por momentos.
En sus páginas, Winter documenta altibajos emocionales, visitas lacrimógenas al terapeuta, encuentros sexuales torpes y relaciones paralelas que lo cambiarían todo: “Mi libro es la historia de los primeros 10 años de mi matrimonio abierto, porque me llevó 10 años sentirme cómoda amando a otra persona”, explica la autora en videollamada con EL PAÍS. Cuando decidieron abrirlo, su matrimonio con Stewart, con quien a día de hoy sigue casada —además de tener otros tres “compañeros”—, no se asomaba al abismo de un divorcio, pero tampoco pasaba por su mejor momento. Dos niños pequeños, un marido trabajando hasta muy tarde y una vida con pocas sorpresas la llevaron a fijarse en un hombre que también se fijó en ella y encendió la mecha todo.
Con Stewart —que en el pasado ya se había mostrado abierto a abrirse— todo fue fácil: no hubo mentiras, solo algunas omisiones inocentes, planteamientos y negociaciones que resultaron en la apertura del matrimonio. En cambio, para Molly nada fue sencillo. La presunta libertad que le iba a procurar mutó en inseguridades sobre ella misma, sobre lo que hacía y por qué, mientras le preocupaba pensar que para su marido relacionarse emocional y sexualmente con otras personas parecía pan comido. Todo está en el libro, pero ella lo resume en una frase: “Lo más difícil es permitir que tu pareja ame a otra persona, sentir que realmente también quieres amor para él”. En sus memorias, la autora revisita todas estas emociones, que consiguió mitigar gracias a su terapeuta: “Él usaba una metáfora que me ayudó mucho. La idea de que había un agujero en mi cubo y que yo necesitaba aprender a repararlo por mí misma. De lo contrario, nunca sientes que es suficiente. Intentas llenarte desde fuera en lugar de darte cuenta de que todo lo que necesitas está en ti”.
Para Winter, abrir su matrimonio fue el inicio de un aprendizaje interior que “sigue siendo un proceso”. La escritora asegura que “las relaciones son su forma favorita de aprender sobre mí misma” y explica: “Cuando eres monógamo, puedes creer que todo está bien, tienes unas bases y no necesitas nada más. Pero cuando tienes muchas relaciones simultáneas, hay una especie de gap [salto] entre ellas: sales de una y aún no estás del todo en la siguiente. Si eres una persona sólida, entonces no sientes ese gap". En un tono desenfado y siempre divertida, la escritora asegura que ahora sí se siente suficiente, “así que todo lo demás es suficiente también. Solo me ha llevado 52 años entenderlo”.
Además de una mirilla indiscreta a su parcela más privada, que ella comparte generosamente con los lectores, Memorias de un matrimonio abierto también sirve de guía —una hiperpersonalizada, y por eso tan real— para quienes quieran probar una relación abierta. Al menos, para quienes tengan curiosidad. En ella encontrarán las líneas rojas y las normas encorsetadas que Winter y su marido se marcaron al principio, con las que creían asegurarse de que su nuevo juguete de cristal no se rompería. “Nuestra regla de oro era no enamorarnos de otras personas”, explica la autora, quien tampoco podía verse con gente que viviera por su barrio, entre otras ingenuidades que fueron cayéndose con el tiempo y con la práctica.

Por desgracia (y por suerte), nada es tan sencillo: “No hay un mapa, no hay una forma clara de hacer esto”, advierte. Quien lo haga para explorar en el sexo, eludiendo las implicaciones sentimentales, puede acabar como la escritora: “Yo empecé así y ahora no me interesa tener relaciones con gente a la que no amo”, asegura. Quien intente de esta forma salvar su matrimonio, también va por mal camino: “Si tus opciones son divorciarte o abrir el matrimonio, mejor divórciate directamente y ahórrate tiempo. Es como tener hijos para salvar un matrimonio. No compliques las cosas, sabes que eso no va a funcionar”, sentencia.
También tiene alguna clave para empezar con buen pie un matrimonio abierto, como ir “al ritmo de la persona menos entusiasta. Si la persona más entusiasta lleva la iniciativa, todo se vendrá abajo”. En realidad, cuenta: “Si dos personas invierten la una en la otra y una de ellas cree que abrir la relación es excitante pero también siente nervios, deja que esa persona marque el ritmo de las cosas”. Winter recomienda sacar tiempo para procesar los sentimientos y ponerlos al día, porque las velocidades pueden ser distintas para cada uno y puede que al otro le duela algo que pasó, por ejemplo, hace dos meses.
A Winter, el ser polígama le ha abierto los ojos: “La gente quiere sentirse fuerte y libre y quizás equiparamos el amor romántico con una pérdida de libertad o con debilidad. Cuando no eres monógamo, cuando tienes múltiples relaciones, tienes toda la libertad pero también necesitas mucha fuerza”. Volviendo a su experiencia: “Yo creía que si tenía muchas relaciones, si tenía muchas parejas, entonces nunca volvería a estar sola. Pero cada vez que terminaba una relación, me sentía abandonada a mi suerte. Y si mi marido seguía teniendo relaciones y yo acababa de romper con alguien, me sentía aún más sola. Aprendí que lo importante es tener una buena relación contigo misma”.
Agradecida para siempre a su terapeuta, cuenta que pudo salir de ese bucle porque él la ayudó a detectar el patrón y hacerse las preguntas correctas, escondidas detrás de su deseo de abrir el matrimonio: “¿Qué estás haciendo aquí? ¿Por qué quieres esto y de qué estás huyendo?“. Ahora, con las cosas bastante más claras, la publicación de sus memorias la lleva por el mundo para, con sorpresa, encontrarse a muchas mujeres como ella: ”En enero de 2025 participé en un festival literario en Sri Lanka. Después de mi charla, muchas se acercaron para hablar conmigo. Aunque su cultura parece bastante conservadora, me decían cosas como: ‘Mi amiga tiene un matrimonio abierto’ o ‘quiero preguntarle a mi marido, pero no sé cómo’. Fue muy unificador”, asegura, al otro lado de la pantalla.
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