Torreznos y gin-tonics: la ruta que Madrid le robó a Paquita Salas
NōFIN, Kyo y la ruta de Larios, tres grandes planes para este fin de semana


Madrid tiene esa habilidad de convertir cualquier cosa en plan. Una frase, por ejemplo. Algo que escuchaste hace años, que repetiste medio en broma y que, sin darte cuenta, se quedó contigo. Hasta que un día aparece en la barra, servido en vaso ancho y con torreznos al lado. Y entonces todo encaja.
Esta semana la ciudad se mueve justo ahí: entre lo que ya reconoces y lo que empieza a colarse en tu rutina sin pedir permiso. Un tardeo que suena a serie, un café donde ibas a parar cinco minutos y acabas quedándote una hora y un lugar donde —casi sin querer— bajas el ritmo. “Madrid no te organiza el día, te lo enreda”, deslizan desde uno de los espacios.
No hay que elegir. Se trata más bien de dejarse llevar: empezar en una barra, seguir en una mesa donde nadie te mira el reloj y terminar en un sitio donde el tiempo directamente cambia de forma. Todo ocurre cerca, todo cuadra. Y, como casi siempre en Madrid, todo parece improvisado aunque no lo sea.
Un torrezno y una copa que ya estaban en la memoria
Lo que empezó como un guiño convertido en frase recurrente en Paquita Salas ha terminado por tomar forma en la barra. Larios impulsa durante abril la ruta Larios y torreznos, una propuesta que traslada a bares de Madrid —y otras ciudades— uno de los códigos más reconocibles de la ficción reciente.
“Hay combinaciones que forman parte de la memoria colectiva y solo necesitan un contexto para volver”, explican desde la marca. Aquí ese contexto es el bar, el tardeo y una fórmula sencilla: una copa de Larios servida en vaso ancho, con tónica y rodaja de naranja, acompañada de torreznos crujientes. Un maridaje que mezcla la frescura cítrica de la ginebra con la intensidad del torrezno, generando un contraste directo, sin artificios.
La iniciativa se despliega en una selección de bares emblemáticos —sin una única dirección fija— dentro de una ruta activa de 15 locales en varias ciudades, entre ellas Madrid. “No se trata de sofisticar el aperitivo, sino de reivindicarlo”, apuntan.

Un café donde el plan es quedarse
NōFIN (Puente de Segovia, 3) nace desde el ciclismo, pero se ha abierto de forma natural a algo más amplio. El proyecto surge de la unión entre el fundador de NDLSS y el responsable del espacio con una idea clara: crear un punto de encuentro real al que llegar después de una ruta.
“No queríamos que fuese solo un sitio para tomar algo, sino un espacio donde quedarse”, explican. Ubicado cerca de Madrid Río, el local ha ido atrayendo a corredores, vecinos y perfiles diversos. “La respuesta ha sido orgánica, que era justo lo que buscábamos”.
La propuesta combina café de especialidad, cocina de inspiración japonesa llevada a lo cotidiano y una selección de vinos cuidada. Todo bajo una estética limpia. “La gente viene, pero sobre todo se queda”, señalan.
Funciona como pausa dentro del día: sin reservas, con apertura desde las 8.00 (cerrado el lunes) y con un flujo que cambia entre semana y fin de semana. Ticket medio: 20 euros.
Un ritual que obliga a bajar el ritmo
En KYŌ (Calle Sagasta, 8) el tiempo se organiza de otra forma. Inspirado en la ceremonia japonesa del té, este espacio situado en la calle Sagasta propone una experiencia centrada en el matcha y en el detalle.
“Queríamos traer a Madrid un lugar donde el ritual se respetase sin concesiones”, explica su fundadora. El proyecto nace tras un viaje a Japón del que surgió la idea de replicar esa experiencia desde la autenticidad.
La carta se estructura en torno a distintas variedades de matcha japonés orgánico con diferentes intensidades de umami que pueden tomarse en latte o en versión pura. El proceso —desde el uso del chasen hasta la preparación— forma parte de la experiencia.
“El producto es clave, pero también el entorno”, señalan. El espacio, minimalista, dirige la atención hacia el ritual. “No es solo lo que bebes, es el tiempo que le dedicas”. Ticket medio: 10 euros.


























































