Tres planes para parar el reloj este fin de semana: un masaje, un concierto inmersivo y un ‘hammam’ en el centro
Auroom, Flashback Show y Hammam Sulis proponen experiencias para bajar el ritmo en Madrid


Este sábado a las dos serán las tres. El cambio de hora, que se producirá en la madrugada del 29 de marzo, convierte el fin de semana en una pequeña grieta en el calendario. Una hora menos que, paradójicamente, invita a hacer más despacio lo de siempre. En una ciudad que vive acelerada, parar no es tan fácil como parece. Pero a veces basta con elegir bien el plan: un masaje que empieza escuchando, un concierto que se canta de pie o un baño que huele a historia.
Un masaje para desconectar
En Auroom (Calle de Quintana, 2) no hay prisa. O al menos no la que se queda pegada al cuerpo después de una semana larga. El centro nació en 2019 de la unión de dos amigas —una con amplia experiencia en medicina estética y otra en pleno cambio vital— que buscaban algo más que abrir un negocio: querían construir un espacio propio. “Ambas se unieron en 2019 con muchísima ilusión y esfuerzo”, recuerda su dueña Elvira Gomez.
Lo que han ido levantando desde entonces tiene más de método que de tendencia. Aquí no se entra directamente a una cabina. Primero hay conversación. “Las primeras citas son para un diagnóstico sin ningún compromiso donde aprovechamos para conocernos”, explican. Qué preocupa, qué se quiere mejorar, qué se espera. A partir de ahí, el tratamiento deja de ser estándar.
Faciales, corporales, depilación láser o con cera, medicina estética. La carta es amplia, pero la clave está en cómo se usa. “Siempre adaptamos los tratamientos a las necesidades de cada persona”. Esa personalización —que a menudo se promete y pocas veces se cumple— es lo que ha ido tejiendo su clientela.
Al principio, dicen, todo era curiosidad de barrio. “Venían a ver qué hacíamos y qué podíamos ofrecer”. Ahora, en cambio, ocurre algo más difícil de conseguir: “Ya vienen a ponerse en nuestras manos sin preguntar qué les vamos a hacer”. Confianza, en una palabra.
La experiencia no termina en la camilla. Recomiendan alargar la visita con un paseo por el Parque del Oeste o el Templo de Debod, muy cerca, como si el cuerpo necesitara también ese tiempo de transición para volver. Ticket medio: desde 35 euros.
Un concierto inmersivo
En Flashback Show (Cuesta de San Vicente, 44) la pregunta no es qué suena, sino qué recuerda. El formato rompe con la lógica habitual: aquí no hay distancia entre escenario y público, ni silencio expectante. “No es un espectáculo tradicional: aquí la gente está de pie, cantando, celebrando y formando parte activa de la historia”, explica Armando Basto.
La idea nace de una intuición compartida: la música como archivo emocional. “Queríamos un lugar donde cada canción, cada objeto y cada detalle despertara recuerdos auténticos”. Y eso se nota en los pequeños gestos: la estética, las luces, la forma en que el espacio envuelve desde el primer momento.
El público entra con cierta curiosidad —no es fácil imaginar del todo qué va a pasar—, pero la salida suele ser otra. “El público entra con curiosidad… y sale con una luz distinta en los ojos”, cuentan. Algo ha pasado ahí dentro: una canción que no se esperaba, un recuerdo que vuelve, una coreografía improvisada con desconocidos.
Hay barras dentro del propio escenario, lo que elimina cualquier frontera. Se bebe, se canta, se participa. No hay butacas donde esconderse. “Aquí no se viene a ver un show… se viene a sentirlo”. Y esa es quizá la clave: no es tanto un concierto como una experiencia colectiva donde cada uno completa el relato.
El formato, además, es limitado: una función por semana, con aforo cerrado. Cada noche, dicen, tiene su propia energía. Ticket medio: 45 euros.
Un viaje sensorial en el tiempo
En Hammam Sulis (Plaza de la Morería, 2) el tiempo funciona de otra manera. O directamente deja de hacerlo. El proyecto, impulsado por Bisan Dannan, farmacéutica originaria de Damasco, nace de una idea clara: recuperar una tradición sin simplificarla. “Nace del respeto profundo por la tradición y de un viaje en el tiempo que conecta los orígenes de los baños romanos con la cultura del hammam de Damasco”, apunta.
El recorrido empieza antes de entrar al agua. Hay una historia detrás: la del hammam como espacio de higiene, pero también de encuentro social, de ritual, de cuidado compartido. Una tradición que viaja de Roma al mundo árabe y que en Al-Ándalus encontró uno de sus desarrollos más cercanos.
Aquí, esa herencia se traduce en un ritual que se mantiene intacto. Primero, el calor del baño turco. Después, la exfoliación sobre piedra de cuarzo con guante de kessa. Y, finalmente, el jabón. No uno cualquiera. “El jabón de Alepo, considerado el jabón sólido más antiguo del mundo, con más de 4.000 años de historia”, elaborado con aceite de oliva y laurel.
El espacio acompaña: piscinas de mármol a distintas temperaturas, aromas de rosa y azahar, música de fondo que no interrumpe. Todo está pensado para sostener la experiencia sin forzarla.
La novedad es el Museo del Jabón, integrado en el recorrido. “No se trata solo de observar, sino de comprender la importancia del jabón como elemento central del hammam”. Materias primas, procesos, historia. Un gesto pequeño —lavarse— convertido en algo mucho más complejo.
Y luego está el lugar. La Morería, uno de los enclaves del Madrid islámico, donde estos baños formaban parte de la vida cotidiana. Volver ahí no es solo una elección estética, también es una forma de cerrar el círculo. Ticket medio: desde 50 euros.
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