La última hamburguesa de Lalo: el fin de un entramado experto en despiezar coches robados para vender en el mercado negro
La policía detiene a un grupo criminal familiar de nueve personas que sustrajeron 40 vehículos valorados en 1,6 millones de euros


Le pillaron con las manos en la hamburguesa. Para él iba a ser un día más, pero acabó en el calabozo. Por la mañana, la rutina habitual, deambular por aparcamientos en busca del coche perfecto. Después, comida en un establecimiento de comida rápida. Por la tarde, con el estómago lleno, llegaba el momento de la sustracción. Pero para Lalo y su compinche ese día se acabó el negocio. “Podrías haber dejado que me acabara la hamburguesa”, soltó con sorna el hombre ya con las esposas puestas. Los dos comensales formaban parte de una organización que robaba coches para despiezarlos y venderlos en el mercado negro, pero todo acabó ese día de marzo.
La venta por piezas de vehículos robados es un negocio muy lucrativo dentro del mundo delincuencial. El dinero que se saca por vender cada elemento por separado duplica o incluso triplica lo que se podría sacar por el coche entero en el mercado negro. La banda de Lalo había robado, al menos, 40 vehículos valorados en 1,6 millones de euros. Ocho de ellos han podido ser devueltos a sus dueños. “Vendían las piezas en el mercado negro internacional o los coches enteros a otras organizaciones criminales”, indica el inspector del Grupo de Tráfico Ilícito de Vehículos de la Comisaría General de la Policía Nacional. Algunas veces, incluso actuaban por encargo para proporcionar un modelo o marca concreto a su comprador.
La banda operaba de una forma muy estudiada. Lalo y su cómplice se encargaban de seleccionar y sustraer los vehículos. Muchos de ellos, los encontraban en el distrito de Barajas, cercano al aeropuerto. “Es una zona de muchos aparcamientos gratuitos al aire libre, alejados del núcleo urbano”, explica el inspector. Eran las condiciones idóneas para su actividad porque lo hacían a plena luz del día, no podían arriesgarse a estar expuestos a miradas ajenas. Como mucho, llevaban mascarilla o pañuelos para cubrirse parcialmente el rostro.
Para robar los vehículos, usaban primero un bombín para forzar la puerta y después “mecanismos sofisticados no al alcance de cualquiera” para poner en marcha el coche. Después, conducían hasta las afueras de Madrid para dejar “enfriar” los coches y cerciorarse de que no contaban con un sistema de geolocalización. Allí, también les cambiaban las matrículas para evitar el rastreo o ser detenidos en controles policiales. Una vez superado este periodo, volvían a conducir con ellos hasta naves industriales en Toledo, alejadas de las poblaciones, para comenzar el proceso de despiece de las máquinas. “Son piezas de mucho valor en el mercado por su escasez”, puntualiza el policia.
En sus desplazamientos, el grupo se movía con unas medidas de seguridad extremas. Hasta el punto que llegaban a cortar calles para garantizar que el vehículo robado pudiese atravesar vías y rotondas sin obstáculos y sin ser trazados por la policía. Estas lanzaderas de vigilancia normalmente eran de alquiler.
Los nueve integrantes del grupo criminal cayeron en marzo en la Operación Faraón, que comenzó el octubre cuando los agentes advirtieron de varios robos con características similares y en un pequeño radio de actuación. Los agentes la bautizaron así en referencia a la ubicación de la vivienda de uno de los investigados. Los siete hombres y las dos mujeres formaban parte de la misma familia y acumulaban antecedentes por hechos similares a los de esta investigación. Uno de ellos incluso tenía reseñas por dos homicidios imprudentes. En esta ocasión, se les imputa robo con fuerza, falsedad documental, pertenencia a organización criminal y contra la seguridad vial.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































