Raúl Gallego, el concejal del PP que enterró su carrera por apoyar a la edil de Móstoles que denunció acoso
EL PAÍS reconstruye con múltiples fuentes que su cercanía a la concejala que denunció al alcalde supuso su caída en desgracia dentro del Ayuntamiento. Gallego asegura que se ha ido por motivos personales

El documento apócrifo lo tuvo en sus manos un periodista de Okdiario. Se decía una verdad: Raúl Gallego era concejal en Móstoles por el PP. Pero escondía también una mentira: que en la discoteca de la que fue dueño se permitía el consumo de drogas y se utilizaba agua no potable de un pozo. Circuló por WhatsApp entre toda la gente que rodea el Ayuntamiento.
Los que le echaron un vistazo sospecharon desde el primer momento. Estaba escrito con un título y dos subtítulos en viñetas, y usaba una tipografía familiar: la maquetación era idéntica a la que usa su partido en sus notas de prensa. “Le dijimos a Raúl que nosotros no teníamos nada que ver con esa calumnia, que era fuego amigo”, aseguran desde la oposición de Móstoles.
Según múltiples fuentes consultadas, con las que se ha reconstruido este relato, Gallego vivió días de tormento que a la larga le llevaron a renunciar la semana pasada y abandonar la política. Esta historia cuenta cómo llegó hasta ese preciso momento. La primera pista fue este escrito, un líbelo del que no hay cómo defenderse. Si se contradice en público se difunde todavía más. Esta sensación de indefensión, cuenta alguien que lo trató de cerca esos días, se sumó a las noticias constantes que aparecían en prensa sobre su pleito con una vecina que le denunció por el ruido de uno de sus locales. La señora lo llamó “terrorista acústico” y él la demandó por vulneración de su derecho al honor. Un juzgado le impuso una multa a la vecina de 7.000 euros, pero quien leyó después lo que se publicó en los digitales se quedó con la sensación de que Gallego era el condenado.
Al mismo tiempo, su distancia con el alcalde, Manuel Bautista, era cada vez mayor. Bautista lo había incluido en las listas para las elecciones municipales de 2023 por tratarse de un empresario muy conectado con los comerciantes de Móstoles. El regidor vivía y todavía vive en Fuenlabrada, otra ciudad, por lo que no conocía a los dueños de los principales negocios. Él le hizo de enlace, de acuerdo con gente que fue testigo. En ese momento, durante semanas, Bautista y Gallego fueron muy cercanos. Sin embargo, algo estaba a punto de quebrarse.
La mano derecha del alcalde era una profesora de instituto, afiliada del PP desde 2010, sin experiencia política. Bautista la colocó como su persona de confianza en detrimento de otros, que se sintieron relegados. Según ha contado después la mujer y reconocen en el seno del partido como un hecho fáctico, incontrovertible, él le hace proposiciones sexuales a ella, que lo rechaza y le recuerda que está casada y tiene hijos. Todavía no habían ganado las elecciones ni tomado posesión de sus cargos, pero eso creó un cisma de origen que después se permeará todo el Gobierno.
El asunto no resultó ser un secreto para nadie, ni para sus propios compañeros ni para la oposición. Según contó la mujer a su propio partido, que después denunció al alcalde por acoso sexual y laboral, el propio Bautista difundió el rumor de que existía algo entre ellos. Llega incluso a Sol, la sede del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, donde Bautista ha trabajado antes y tiene muchos amigos y conexiones. La situación dio un vuelco. La concejala perdió el favor del alcalde, según ella por negarse a mantener una relación con él, y comenzó a ser apartada de la toma de decisiones del Ayuntamiento. Gallego no corrió mejor suerte.
Lo relegaron al área de Participación Ciudadana, un encargo de segunda fila que no cuenta ni siquiera con presupuesto, según comprobó la oposición. Les resultaba extraño que, siendo quien era en la ciudad, alguien tan popular, lo dejaran en la sombra. Al PP de Madrid le llegó lo que ocurría, pero consideró que se trataba de las habituales luchas internas de poder que se desatan en todos los ayuntamientos, los grandes y los pequeños, los de 100 habitantes y los de más de 200.000, como Móstoles. La realidad escondía algó más, según media docena de testigos.
Gallego fue de los pocos en el Ayuntamiento que no le hacía el vacío a la mujer, que poco a poco quedó apartada. De dos a la nada. En un evento en el que se premiaba a deportistas locales, por ejemplo, fue la única concejal que no entregó ningún galardón. Bautista, el jefe de todos ellos, actuaba y el resto, sin necesidad de que se lo verbalizasen, lo imitaban. No fue el caso de Raúl, que, sin llegar a ser amigo de la concejala, no participó de esa expulsión simbólica, según pudieron ver los socialistas y los empleados del Ayuntamiento. La presión sobre la mujer fue cada vez mayor, al punto de que escribió en febrero de 2025 al correo electrónico de Presidencia de la Comunidad de Madrid para pedir cita con Ayuso.
Ese email se reenvió al PP de Madrid, donde lo recibieron su secretario general, Alfonso Serrano, y la vicesecretaria, Ana Millán. Se reunieron varias veces con la concejala, pero en ningún momento hubo una investigación de fondo. Los detalles de esas reuniones, reveladas por EL PAÍS a finales de enero de este año, han generado una crisis interna. Pero en ese momento, principios de 2025, se hablaba del tema en voz baja, con discreción. Esconderlo, sin embargo, fue imposible. Serrano se vio con Bautista, que negó el acoso laboral, pero en ningún momento se refirieron al sexual. El PP sostiene que la concejala nunca habló de acoso sexual hasta octubre, aunque en un correo de marzo ella apela al protocolo de una ley contra el acoso laboral y sexual en la administración de Madrid. Ese ha sido el principal argumento del partido para defender su inacción en este caso.
Según fuentes internas del partido, la denuncia ya era conocida por todos en primavera. “Bautista estaba convencido de que detrás de esto estaban Gallego y un par de personas más”, asegura alguien que lo vivió todo de primera mano. La conspiración, sin embargo, no era tal. Fue decisión de la propia concejal, que estuvo desde el principio asesorada por un abogado, según comprobó EL PAÍS. Los hechos comprobados no importaron en ese momento, se desataron todo tipo de especulaciones. Una nube negra lo ensombreció todo. El alcalde ni siquiera se dirigía a los concejales que no le defendían de una manera inequívoca, algo que era evidente hasta desde la bancada de los otros partidos.
Este último mes ha sido especialmente duro a medida que el PP se enfrascó en una crisis interna por este tema y el alcalde quedó muy desacreditado a pesar del apoyo público que le ha dado el partido. En privado, los dirigentes de la segunda planta de Génova aseguran que será el candidato el año que viene y “tendrá una mayoría absoluta”, pero también quieren esperar a ver los detalles de la querella que la concejal ha presentado en el juzgado. “Hasta que no tengamos eso, Manuel se encuentra en una absoluta indefensión en cuanto al acoso sexual. ¿De qué se tiene que defender exactamente? En el caso de Errejón tuvimos todos los detalles de cómo había ocurrido, aquí no. No vamos a condenar sin pruebas", cuentan desde el partido. Sin embargo, no le preguntaron por esos detalles a la concejala cuando tuvieron ocasión.
En Móstoles se remiten a la carta de despedida que escribió Gallego. En ella no alude al caso de la concejal. “Motivos personales, él lo ha dicho”, dice una fuente dentro del Ayuntamiento, que niega que le hayan apartado ni maltratado. Gallego ha sido muy discreto, entre otras cosas porque no quiere afectar la carrera política de su pareja, Elisa Vigil, diputada en la Asamblea por el PP y muy valorada por la presidenta Ayuso. Una fuente del más alto nivel del partido asegura que nadie ha relacionado una cosa con otra y que Vigil jugará un papel importante de cara a las elecciones de 2027.
Todavía hay un asunto más ampliamente difundido en el Ayuntamiento, material diario de especulaciones. Según ha podido comprobar este periódico mediante una llamada a un empleado, la discoteca a la que se refería el escrito del principio, en el límite de Móstoles con Arroyomolimos, ha recibido varias inspecciones municipales. A los partidos de la oposición les parece altamente inusual. La acumulación de problemas, unos superpuestos a otros, ha terminado poniendo fin a su carrera política, según seis fuentes consultadas. Un adiós discreto plasmado en una carta de renuncia que parece sacada de un manual de contención de daños. La verdad enterrada, la versión no oficial, cuenta otra cosa.
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