España impulsa un laboratorio para estudiar las relaciones de los humanos con IAs y robots: “Busca preservar el control humano”
El CSIC adjudica un contrato para estudiar las interacciones con semihumanoides y con entidades sintéticas a través de entornos virtuales


Isaac Asimov lo imaginó ya hace casi 100 años: el hombre, recoge su obra literaria, debe asegurarse de regular su relación con los robots. Esa idea está en el corazón de un proyecto público impulsado en España para estudiar la interacción entre los humanos y las entidades artificiales, según documentación consultada por EL PAÍS en el portal de contratación estatal. Para lograrlo, la administración nacional gastará 175.452,42 euros vinculados al Fondo Europeo de Desarrollo Regional en equipar un laboratorio con seis minirobots y un robot de forma semihumanoide. Una máquina alejada del R. Daneel Olivaw que imaginó Asimov como uno de los personajes centrales de su obra, pero bien representativa de los retos tecnológicos, económicos, sociales, éticos y morales que plantea la IA en el siglo XXI. De hecho, el laboratorio en el que se integra este trabajo se centra, entre otras tareas, en dotar de “inteligencia social, solidez cognitiva y responsabilidad ética” a estos sistemas inteligentes, según un portavoz del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
“El objetivo de esta adquisición/contrato es equipar un laboratorio para el estudio de la interacción entre los humanos y las entidades artificiales como robots, asistentes personales, avatares 3D, “smart objects”, etc. en el Instituto de Investigación de Inteligencia Artificial del CSIC", se lee en la documentación que acompaña a la licitación pública. “El estudio de la interacción humano-IA está en el centro de la nueva corriente emergente dentro de la investigación en IA que pone al humano en el centro, la llamada “Inteligencia Artificial centrada en el humano (HCAI)“, sigue. “La HCAI pretende crear sistemas de IA que amplifiquen y aumenten, en lugar de desplazar, las habilidades humanas”, subraya. Y aclara: “Busca preservar el control humano de manera que asegure que la inteligencia artificial satisfaga nuestras necesidades, al mismo tiempo que opere de manera transparente, entregue resultados equitativos y respete la privacidad”.
Los trabajos se realizarán en el Campus de Bellaterra de la Universidad autónoma de Barcelona (UAB), donde está uno de los centros de referencia en investigación de IA en España. Desde allí se buscará amplificar el impacto de la instalación al permitir su uso a investigadores de la universidad, otros institutos del CSIC y empresas tecnológicas.
“El laboratorio Social Minds AI Lab del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial-CSIC se centra en impulsar el campo de la interacción entre personas y sistemas inteligentes, mediante investigación interdisciplinaria en la intersección entre las ciencias sociales, la inteligencia artificial y la robótica”, explica un portavoz del CSIC. “Nos centramos en tres líneas de investigación principales con el objetivo de dotar a sistemas inteligentes (robots o agentes virtuales) de inteligencia social, solidez cognitiva y responsabilidad ética”.
La primera línea de trabajo, explica este portavoz, explora los mecanismos que subyacen en las interacciones sociales humanas y los traduce en modelos computacionales que permiten a los sistemas inteligentes comprender y generar comportamientos socialmente apropiados. La segunda desarrolla marcos escalables y modulares que sirven como columna vertebral de sistemas inteligentes complejos. Y la tercera garantiza que el progreso tecnológico beneficie a la sociedad de manera ética y sostenible.
Como resultado del contrato financiado por el gobierno, el laboratorio pasará a contar con un núcleo computacional para ejecutar modelos de lenguaje de última generación y también aplicaciones gráficas de alto rendimiento que permitan desarrollar sistemas de comprensión del habla y reconocimiento de movimiento y expresiones faciales. Además, tendrá estaciones de trabajo especializadas en la generación de gráficos 3D para la generación de mundos virtuales, simulaciones y entornos de realidad virtual.
A todo ello se sumará un robot con láseres para detectar personas y obstáculos, y que cuente con una cámara RGBD (color y profundidad) en la cabeza, para poder llevar a cabo tareas de percepción de los objetos a manipular y del entorno por donde debe navegar. Por ello debe tener la capacidad de modular la fuerza que aplica con su brazo. Finalmente, se incluye un sistema multi-robots que integre un mínimo de seis mini-robots idénticos pequeños, diseñados para trabajar colaborativamente.
Lo que se pretende es investigar todo tipo de interacciones entre humanos y entidades artificiales, ya sean físicas (robots) o virtuales (en entornos 3D). Pero el acento está puesto en las interacciones sociales. En el día a día. Como el proyecto EMOROBCARE, que se enfoca en la investigación y desarrollo de un robot social para dar soporte en terapias de población infantil con autismo. Se trata, según la documentación del contrato, de que la IA y los robots satisfagan las necesidades del ser humano. Aunque no apliquen las leyes de Asimov.
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