El ejecutivo que Ayuso les quitó a los empresarios
Luis Socías, reclutado expresamente por la presidenta después de verlo trabajar con Garamendi, se encarga de atraer inversión extranjera a Madrid


Ese muchacho sentado en una silla, de piernas cruzadas, se encuentra en el primer tramo de los 30. Las paredes de la cafetería están decoradas con un papel de tono pastel. No lo dice, pero le rondan por la cabeza, como insectos que pican, los grandes asuntos que conciernen a los hombres de su edad: la paternidad, un apartamento más grande, no faltar al gimnasio, el peso y la alimentación, cuidar a tus amigos de siempre y rezar para que no se te caiga el pelo. Los ventanales, mientras bebe Coca Cola Zero, se han llenado de vaho por el frío de esta mañana desapacible en Madrid.
Se llama Luis Socías y no es difícil cruzárselo por los pasillos de la sede de la Comunidad de Madrid. Pocos reparan en él, pero Isabel Díaz Ayuso le tiene mucha confianza. La presidenta de Madrid se lo quitó a la CEOE, donde era alguien cercano a su presidente, Antonio Garamendi. Ocurrió en 2023. Ayuso llevaba a cabo una remodelación completa de su Gobierno después de ganar por mayoría absoluta las elecciones con el PP y buscaba caras nuevas.
En alguna reunión se había quedado impresionada por Socias, así que se acordó de él y le pidió a alguien de su equipo que lo llamara por teléfono y le ofreciera el cargo de director ejecutivo de Invest in Madrid, la oficina para atraer inversión extranjera.
Le ofrecieron un sueldo de casi 100.000 euros. Le debió de surgir entonces la duda de si era mejor estar cerca del dinero (los empresarios) o el poder (la política, el PP, Ayuso como personaje central y polémico de la vida pública española).
Frank Underwood, el personaje de House of Cards, tiene algunos consejos sobre eso: “Dinero es la gran mansión en Sarasota que empieza a caerse a pedazos luego de diez años. Poder es el viejo edificio de roca que resiste por siglos”.
Socías eligió el camino del poder y por eso tiene oficina en el corazón latente de la toma de decisiones de la capital de este país. Su rol es el de convencer a los millonarios que su mejor opción, a la hora de expandir sus negocios en el extranjero, es venir a Madrid. Aquí, les dice, encontrarán rebajas fiscales y el apoyo de unos políticos que no tienen precisamente amor por los sindicatos.
La presidenta promete cada año rebajas de impuestos que a muchos otros gobernantes les parece dumping fiscal. Se reducen lo más posible para atraer inversión y potenciales herederos, mientras otros lugares mantienen sus tipos altos. La tributación se desajusta, surgen los problemas. La oficina de Invest Madrid juega con estas cartas. Le toca a los empresarios la música que quieren oír.
El mensaje es este: esto es un paraíso para las empresas, no se vayan a China o Miami.
Aquí les vamos a tratar mejor.
Vénganse.
Hay en Socías una amabilidad y una cercanía envolventes. Uno no sabe hasta qué punto es un truco para convencerte de que te hagas autónomo y alquiles unas oficinas en las Torres KIO con dos empleados a tu cargo y un secretario en Filipinas. El tipo de emprendimiento que a la presidenta Ayuso le entusiasma. En la Casa de Correos le tienen en muy buena estima y cuentan que entró muy bien en el entorno de la presidenta por una prueba de fuego que superó nada más aceptar el cargo.
Su primer cara a cara con la presidenta tuvo lugar en Nueva York, durante un viaje de trabajo. Estaban terminando de almorzar cuando ella le dijo que, como era novato, debía contar un chiste y una anécdota. Nadie recuerda el chiste, no debería ser muy bueno, pero todos se acuerdan de la anécdota, les hizo reír mucho. (El lector se va a quedar con las ganas de conocerla). Socías salió más que airoso de un momento de tierra trágame.
Tiene mucho trato con Miguel Ángel Rodríguez, el más maquiavélico de los asesores en la sombra (al menos conocido). Solo tiene buenas palabras para él, sin compadreo, por si acaso. En el Gobierno cuentan que al principio Rodríguez marca mucha distancia con los nuevos. Socías entraba algo tenso a su despacho, pero con el tiempo esa rigidez se ha ido evaporando. “Es discreto. Yo soy un profesional que se incorpora al sector público y tengo que demostrar con resultados que se puede confiar en mí. Mi interlocución con él es muy profesional”, dice Socías, de 33 años.
Unos cuantos hechos que si adquiriese el rango de personalidad pública aparecerían en Wikipedia.
-Nací en Getxo, en 1992.
-Estudié ADE y Derecho en Deusto.
-Empecé a trabajar en Deloitte en Bilbao, sobre todo en proyectos del sector público, fondos europeos y estrategia industrial. Nos conocíamos todos, gente de toda la vida a la que te encontrabas en la taberna, en la calle. Cuando llegué a Madrid se me abrió todo un mundo nuevo.
-Mi padre es médico y mi madre profesora de inglés, ya jubilada.
Garamendi ha sido una persona muy importante en su vida. Por eso recuerda el día que lo llamó para ficharle para la CEOE, un quiebre en su juventud.
De ahí pasó a ser un hombre, de traje y corbata, de los que después de unos años se sume en el pensamiento de ser padre, ese paso para abandonar la condición de hijo, ese soltar amarras.
-Era un viernes e iba conduciendo mi Hyundai i30 rojo por la A-1, hacia Bilbao, con tres amigos. Saltó el nombre en la pantalla del coche y les pedí que se callaran. Al principio pensé que llamaba a mi padre porque se llaman igual, pero me dijo: “A tu padre le aprecio mucho, pero quiero hablar contigo”. Me citó en su despacho de la calle Diego de León, en Madrid, y allí me ofreció ser el director de la oficina con 28 años.
Socías es liberal, casa mucho con el pensamiento de Ayuso. Le tocó acompañar a Garamendi a la Moncloa para discutir con el Gobierno de Pedro Sánchez la distribución de los fondos Next Generation, un dinero europeo para paliar los efectos de la pandemia de COVID-19 y modernizar las economías hacia las transiciones ecológica y digital.
Las pinceladas que da de aquella experiencia son de carácter técnico. Le parece que fue una oportunidad “de oro” desaprovechada. Según él, en Moncloa no les escucharon suficiente a la hora de diseñar la ejecución de las ayudas. Ahí estaba Pedro Sánchez, lo vio de cerca, a un par de metros. Pero todo fue demasiado rígido. Eran dos mundos un poco distintos: unos empresarios más bien de derechas, liberales, tirando a conservadores, en una charla con un presidente y unos ministros de izquierdas, socialistas. A ratos fue un diálogo de sordos.

La regulación se convirtió en un en fin en sí mismo, recuerda Socías. A él, y esto resulta obvio, le parece mucho mejor el modo de hacer las cosas de Ayuso: menos burocracia, más incentivos fiscales, la empresa en primer plano, no tanto el trabajador.
Su trabajo ahora consiste en convencer a empresas, desde las más grandes a las más pequeñas, todas valen, todas suman. La ciudad vive un auge cosmopolita, de gente venida de todo el mundo, pero sobre todo de Latinoamérica (Socías, como todos los del Gobierno, prefieren un término más hispanista, Hispanoamérica). No tienen embajadas en el extranjero, como gobiernos como el vasco o el catalán, y hace una labor muy cercana, de llamar y darle todas las facilidades a los directivos de las empresas. Según la Consejería de Economía, en 2024 (de 2025 todavía no hay registros), su oficina captó 76 proyectos de inversión, lo que equivale a 900 millones de euros, casi 2.000 empleos. Socías trae un dato a la mano que le abriría los ojos a un empresario (no se le puede negar el talento): por cada euro de presupuesto invertido en su agencia, se generan 1.250 euros de inversión para Madrid.
Acabada la charla, Socías paga la cuenta con decisión, sin posibilidad de negociación entre las partes. Ha desarrollado ese tic con los directivos a los que trata de convencer de que no hay lugar mejor que este.
Sin embargo, una semana después asalta una duda.
Toca llamarle por teléfono.
-Se me olvidó preguntarte algo que incluso llevaba apuntado en las notas. ¿Te ves dando el salto a la política?
-Partido a partido. En esto soy ´cholista`.
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