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Lorena Silvent, alcaldesa de Catarroja: “Tenemos los fondos de la dana, 220 millones, pero no podemos empezar las obras”

La edil socialista reconoce el esfuerzo inversor del Gobierno, pero reclama más celeridad en la tramitación de los proyectos y menos trabas de los altos funcionarios municipales para firmar

La alcaldesa de Catarroja, Lorena Silvent, en el Teatre Auditori Francisco Chirivella del municipio, aún cerrado por la dana y a la espera de iniciar las obras de rehabilitación, presupuestadas en nueve millones de euros.KIKE TABERNER

“Desesperante” repite la alcaldesa de Catarroja, la socialista Lorena Silvent, cuando relata sus dificultades para gastar los 220 millones de euros que ha ingresado el Ayuntamiento de la localidad valenciana del Gobierno para paliar los efectos de la catásfrote de la dana del 29 de octubre de 2024 y que rentan dos millones de euros en intereses al año. Esta asesora fiscal en excedencia, de 43 años, reconoce el “gran esfuerzo inversor” del Ejectuvo central “que lidera la reconstrucción”, pero reclama mayor celeridad y menos trámites, al tiempo que lamenta las trabas por parte de los altos funcionarios municipales para firmar los proyectos que ralentizan las obras. Catarroja (30.600 habitantes) fue uno de los municipios más dañados por las inundaciones que se cobraron 230 víctimas mortales (25 en la localidad) en la provincia de Valencia y de la que se van a cumplir un año y medio.

Pregunta. ¿Cómo está el pueblo de Catarroja?

Respuesta. Estamos en la fase de proyectar esas obras de recuperación porque la afectación llega a todo el municipio y estamos proyectando la Catarroja del futuro. Estamos sufriendo la falta de planificación tanto en el área metropolitana, como en el crecimiento de nuestros pueblos. Por ejemplo, hay que cambiar todo el alcantarillado porque ya estaba mal y la dana acabó de fastidiarlo.

P. ¿Y por qué no se ha iniciado esa obra?

R. El Gobierno de España está liderando la reconstrucción. Nunca se había hecho un esfuerzo así. Pero nos ha trasladado la gestión sin una estructura de profesionales para afrontarla. Y al tener que seguir un procedimiento contractual tan rígido como el de una situación ordinaria, tenemos los fondos de la dana, 220 millones, 138 del Ministerio de Politica Territorial y 70 de Transición Ecológica para el alcantarillado, entre otras partidas, pero no podemos empezar las obras. En las próxima lluvias torrenciales volverá a colapsarse y a salir el agua a las calles.

P. ¿Y no puede usar los fondos?

R. Ese dinero lo tenemos en una cuenta bancaria generando intereses, dos millones en alrededor de un año. No lo podemos habilitar ni para comprar suministro ni para gastos corrientes. Primero tiene que haber una memoria, como una auditoría, se tiene que validar, corregir, se vuelve a enviar, y una vez validada, empezar un procedimiento ordinario de contratación con un proyecto previo, que después se ha de licitar... Es desesperante.

P. ¿Cuál es el nivel de ejecución de esos 220 millones?

R. Ahora mismo en cuanto a obra no llegará ni al 1%, al margen de las obras de limpieza iniciales y la actuación urgente en los puntos más críticos de un millón de euros que hicimos con fondos propios.

P. La comisionada para la dana del Gobierno, Zulema Pérez, incide en que se han arbitrado medidas para la contratación de personal, agilizar los trámites a través de la empresa pública Tragsa y ampliar los plazos.

R. Los incrementos de plantilla no nos han llegado y Tragsa es una empresa pública que tiene los mismos mecanismos de control. Todo lo estamos haciendo con Tragsa, pero no se llegan a agilizar los trámites por el procedimiento burocrático. Y está sometida también a controles que ralentizan el proceso.

P. ¿Qué propone?

R. Igual que al principio de la dana con las infraestructuras. Se decide con qué proyectos se queda el Ayuntamiento y cuáles ejecuta el Estado, que tiene músculo, profesionales y técnicos. Es lo que hicieron el Ministerio de Transportes y la Consejería de Infraestructuras: nosotros les cedimos los puentes, los túneles, y ellos los arreglaron y no nos hemos enterado de nada. Ha habido una primera fase de diagnóstico, de movilizar recursos, muy importante. Ya la tenemos. Yo lo que pido es que se valore a cada ayuntamiento según su nivel de afección. Esto va para largo y estamos hablando de que cambiaremos nuestro territorio a mejor. Lo que necesitamos es más atención personalizada.

P. Se podría pensar que está haciendo dejación como alcaldesa, ¿no? Los ayuntamientos pueden declarar obras de emergencias y la ley de contratos también lo permite. Otros consistorios afectados, como Algemesí, lo están haciendo

R. Con el escudo de la autonomía municipal estamos disfrazando una solución que no es real porque un ayuntamiento entiende sobre todo de necesidades y preocupaciones de los vecinos. Y en el órgano de contratación municipal se deja la interpretación a los habilitados nacionales [secretario, interventor y tesorero municipales]. Y los habilitados no firman en muchas ocasiones, tras la judicialización de la compra de mascarillas en la pandemia. Era superevidente la emergencia, pero ahora se están fiscalizando todas aquellas compras, no solo por el Tribunal de Cuentas. Lo que me dicen mis habilitados es que la ley de contratos interpreta de una manera restrictiva lo que se entiende por emergencia. En algunos ayuntamientos, por el contrario, sus habilitados dicen que todo lo que sea limpiar, recuperar y rehabilitar es urgente y tiran adelante.

P. ¿Y la Generalitat cómo ha actuado?

R. Ha estado un poco inactiva. Ahora estamos en una nueva fase con la comisión mixta con el Gobierno y vemos una voluntad de sumar esfuerzos por parte de todos. Pero no está asumiendo grandes infraestructuras en competencias como deportes, por ejemplo, que nos facilitaría la labor. También tenemos un instituto público, el Berenguer Dalmau, que ha sido totalmente derruido y el alumnado está en aulas prefabricadas. En cambio, si que se hizo por procedimiento de emergencia la construcción de las oficinas del Laboral que dependen de otra consejería, no de Educación. Hay que pensar más en las personas.

P. ¿Y qué le dice la gente en la calle?

R. La gente pide explicaciones. No lo entiende. Ven que tú estás trabajando, pero se le acaba la paciencia. Ya están peleando con su comunidad de propietarios, con su seguro, con la administración, con el ascensor... Intentamos explicar todos los proyectos de reconstrucción para ilusionar porque estamos construyendo la Catarroja del futuro, vamos a mejorar en infraestructuras, pero todo eso es lento.

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