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El fuego consume unas fallas que han lanzado al mundo un mensaje pacifista

Más de 300 efectivos de bomberos velan a lo largo de la noche por el desarrollo seguro de la ‘cremà’ de los monumentos

Vista general de la cremà del monumento municipal 'Hope', cuya figura principal es Charles Chaplin caracterizado de soldado, durante la noche de este jueves con lo que se pone el broche final a las Fallas 2026. Ana Escobar (EFE)

Se repite un año más el ritual del fuego. Las llamas han consumido en unas horas los cerca de 800 monumentos falleros plantados en las calles de Valencia y de otros municipios valencianos este 2026 poniendo fin a unas Fallas menos multitudinarias que otros años al caer los días grandes entre semana, con buen tiempo y sin grandes contratiempos. Muchos de los monumentos han lanzado esta edición un mensaje de esperanza y antibelicista a través de la sátira y humor.

El ninot que representa a Donald Trump han sido el gran protagonista en multitud de escenas falleras, acompañado a veces de Putin o Netanyahu, mientras en la política nacional Ábalos y Koldo han estado a punto de robar el clásico protagonismo satírico de Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, todo ello sin olvidar el mundo deportivo y de la farándula, clásicos en este arte efímero que lo pone todo en solfa.

Ha sido un año en que ha costado encontrar referencias —directas o indirectas— a la dana, que en 2025 fue la gran protagonista temática tanto por su vertiente solidaria como de crítica a la bronca política que generó y a la causa judicial que investiga la gestión de una tragedia que dejó 230 muertos tras arrasar parte de la provincia.

La inmensa mayoría de los monumentos grandes han comenzado a arder en torno a las diez de la noche, media hora más tarde le ha tocado el turno de la falla ganadora de este año, Redimonis! de la comisión Convento Jerusalén-Matemático Marzal. La última que ha sucumbido a las llamas ha sido la falla municipal, que este año llevaba por lema Hope (Esperanza) y que ha través de la figura de un Charlot vestido de soldado, de 27 metros de altura, ha lanzado al mundo un mensaje contra la guerra. En apenas unos minutos, se ha quemado muy rápido, la alta figura se ha consumido ante los ojos de Carmen Prades, fallera mayor de Valencia, y de su corte de honor, que han presenciado el espectáculo desde el balcón del Ayuntamiento.

Unas horas antes, a las 20.00 horas se han quemado las fallas infantiles, media hora más tarde la ganadora de este año de la sección Especial, Espartero-Gran Vía Ramón y Cajal, y a las 21.00 horas la municipal, que representa a toda la ciudad y está fuera de concurso.

El cuerpo municipal de Bomberos ha movilizado un dispositivo especial con más de 300 efectivos que velan a lo largo de la noche por el desarrollo seguro de la Nit de la Cremà. El operativo cuenta con la colaboración de agentes del Consorcio Provincial de Castellón y del consorcio de Alicante, así como un centenar de voluntarios de Protección Civil, que refuerzan las labores de prevención y seguridad durante toda la jornada.

Los bomberos supervisan durante la noche la combustión de un total de 95 monumentos falleros repartidos por toda la ciudad, que son los de mayor riesgo por su ubicación (en plazas de reducido tamaño, en zonas con arbolado, o próximos a viviendas y a monumentos históricos), o por contar con remates de gran altura o estructuras complejas. Entre ellos se encuentran fallas emblemáticas como las de Na Jordana, El Pilar, Convento Jerusalén, Mercado Central o Mercado del Cabanyal, entre otras. Estas se quemarán de manera escalonada para que los bomberos puedan llegar a todos ellos.

La fiesta ha cumplido una década desde que fue declarada por la Unesco Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. También han sido unas Fallas donde, de nuevo, han salido a la luz los excesos de las verbenas organizadas en un ya de por si saturado centro histórico de la ciudad. A las críticas de los comerciantes por la gran cantidad de puestos ambulantes autorizados se unen las quejas de los vecinos por el temprano despliegue de carpas donde las comisiones más numerosas celebran la mayoría de sus eventos más domésticos. Algunas de ellas ya estaban instaladas en las calles el 4 de marzo, 11 días antes del comienzo de la semana grande.

El operativo de limpieza, que este año ha costado 3,2 millones, afronta la ingente labor de intentar devolver en las próximas horas las calles a su aspecto cotidiano, con todo lo que eso implica dado el impacto residual que deja la pirotecnia, el turismo, el incivismo y las verbenas, además de las propias cenizas de cerca de 800 fallas.

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