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Memoria Histórica

Carolina declara ante una jueza por el fusilamiento de su abuelo en el franquismo: “Mi abuela y mi madre estarían orgullosas”

La nieta de un jornalero represaliado es citada en una de las primeras declaraciones ante la justicia por una querella por crímenes de lesa humanidad

Carolina Martínez, nieta del fusilado en Paterna en 1939 Jose Manuel Elías Murcia, muestra una foto de su abuelo en su casa de Castellón.Carme Ripolles

Su abuela iba siempre con la misma foto metida en el refajo, la única que le quedaba. De tanto tocarla y mostrarla, se había roto un poco y se había quedado impresa la huella de un dedo en la imagen, cada vez más difusa, de su marido con otros compañeros de la cooperativa. Este lunes, Carolina Martínez ha depositado una copia de la fotografía en el juzgado de instrucción número 5 de Paterna (77.000 habitantes, Valencia). Se le nota emocionada. Acaba de declarar ante la jueza (Raquel Tribaldos) y la fiscal (Susana Gisbert) de Memoria Democrática y Derechos Humanos de Valencia por la muerte de su abuelo José Manuel Elías Murcia, jornalero fusilado en 1939 en el llamado “Paredón de España”, donde fueron registradas 2.238 ejecuciones de represaliados, una vez finalizada la Guerra Civil.

“Desde chiquitina oía hablar de mi abuelo. Yo dormía con mi abuela y me contaba cosas. No me decía que lo habían matado; la verdad es que, pobreta, lloraba mucho, lo añoraba y decía: ‘Me moriré y no lo habremos encontrado”, recuerda Carolina, modista jubilada de 71 años, aún un poco nerviosa por la declaración, pero satisfecha.

Presentó una querella por un delito de lesa humanidad para que se investigara el asesinato de su abuelo, se determine quiénes fueron los responsables y se construya un relato de la verdad judicial. Tomó la decisión definitiva tras confirmar en 2022 por la prueba de ADN que uno de los cadáveres hallados en la fosa común número 94 del cementerio de Paterna correspondía con el joven concejal socialista, sindicalista de la UGT y republicano de la población de Ayora, del interior de Valencia, con cuatro hijos, al que detuvieron y nunca más volvió. Era José Manuel Elías Murcia.

Así explicaba el propio represaliado a sus padres su fatídico destino en la última carta que envió a la familia: “En un consejo de guerra me han condenado a pena de muerte, pero no se afronten ustedes, no ha sido por robar ni matar a nadie, es solamente por haber tenido ideas políticas, pues me marcho al otro mundo satisfecho de haber tenido unos padres tan buenos y orgullosos de haberme educado hasta llegar a ser un hombre (…)”.

Ante la jueza ha ratificado la querella y ha descrito la muerte de su abuelo. También fue detenida su abuela y el único hijo varón, por lo que quedaron las tres hijas restantes solas en una casa que fue ocupada por soldados y “saqueada por elementos afines al régimen franquista”, unos hechos que marcaron la existencia de su madre y sus hermanas.

La madre de Carolina no olvidó jamás la desaparición forzada de su padre y de sus restos. “Por eso me digo que se tiene que sentir orgullosa, que se diría: ‘Mi hija ha podido lo que no pudimos nosotros’. Mi abuela y mi madre estarían orgullosas”, comenta. “También la jueza me ha dicho que tendría que estar orgullosa de lo que estoy haciendo”, añade la también presidenta de la asociación de familiares de la fosa 94.

La declaración ante la jueza, cuya primera citación fue suspendida hace año, es un “hecho reseñable ya que hasta la práctica totalidad de las más de 120 querellas” presentadas en España “por distintos crímenes durante la dictadura franquista, como desapariciones, torturas o bebés robados, han sido inadmitidos a trámite”, indica una nota de las organizaciones memorialistas y de derechos humanos como Acción Ciudadana contra la Impunidad del Franquismo, entre otras. Algunos de sus miembros han acompañado a Carolina al juzgado de Paterna.

Ella tenía claro desde hace tiempo que quería denunciar. Pero le decían que los crímenes habían prescrito, que con la ley de Amnistía de 1977 y la posterior legislación no era posible. Pero después le hablaron del amparo del derecho internacional cuando se trata de crímenes considerados de lesa humanidad.

Finalmente, con la aprobación de la ley de Memoria Democrática, con las ayudas para exhumar cadáveres en las fosas comunes y la prueba positiva del ADN, y sobre todo, con el gran apoyo de sus dos hijos, que le han animado desde el principio, y de su marido, Carolina ha hecho “lo que tenía que hacer”. La declaración ha sido un hito en su lucha, aunque no signifique que la querella, sobre la que la jueza y la fiscal deben pronunciarse, vaya a prosperar.

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