‘Amb vosaltres es pot canviar’, un proyecto para la Universitat de València
He decidido presentar mi candidatura al rectorado con el convencimiento de que nuestra universidad necesita un proyecto que no sea personalista sino colectivo
Tras un largo proceso de reflexión y de diálogo con un amplio número de personas de nuestra comunidad universitaria y también de fuera de ella, he decidido presentar mi candidatura al rectorado de la Universitat de València, en el convencimiento de que nuestra universidad necesita un proyecto que no sea personalista sino colectivo, que proponga y realice los cambios y transformaciones necesarios para afrontar los retos y superar las dificultades a las que nos enfrentamos como institución pública. En las múltiples reuniones mantenidas durante el último año, he constatado desanimo, cansancio y frustración, pero también ilusión, compromiso y capacidad para modificar la tendencia actual y afrontar con determinación los cambios que se requieren.
Los malestares son múltiples, pero identificables, y afectan a todos los sectores: decepción y desmoralización porque la digitalización ha consistido en desplazar más cargas de trabajo a todo el mundo, con frecuencia mediante aplicaciones complejas, procedimientos engorrosos y ocupación de un tiempo necesario para las tareas fundamentales; frustración y desencanto por la carencia de apoyos, recursos y espacios; por la falta de liderazgo y coordinación; y con un estilo de gobierno mejorable en términos de transparencia, participación y deliberación, que ha dificultado la implicación colectiva y el reconocimiento del trabajo real de las personas.
Estoy convencido de que estamos ante un cambio de ciclo. La Universitat de València lo necesita con urgencia. En la última década y media, hemos vivido sometidos al proceso de racionalización del gasto público en el ámbito educativo, que afectó drásticamente a la reposición del PDI y del PTGAS y a los presupuestos. A ello se sumó la adaptación de los grados y posgrados al Espacio Europeo de Educación Superior sin dotaciones presupuestarias suficientes, y posteriormente el impacto del confinamiento derivado de la COVID-19, con la implantación acelerada de docencia y trabajo en línea, en un contexto en el que las tecnologías educativas aún no estaban precisamente en su plena madurez.
En paralelo, la irrupción de la inteligencia artificial marca un punto de inflexión. Su impacto en la enseñanza, en la gestión y en la producción de conocimiento es evidente y seguirá creciendo. La Universitat de València no puede limitarse a observar este proceso ni a reaccionar solamente con iniciativas individuales, fragmentadas y dispersas. Debemos anticiparnos, establecer marcos claros y garantizar que la tecnología refuerce —y no debilite— la calidad académica, la igualdad en los procesos de aprendizaje y la dimensión humana de la formación universitaria evitando que la innovación se convierta en un nuevo factor de desigualdad.
Ha llegado el momento de poner en el centro de la actividad universitaria la experiencia de aprendizaje y docencia; dicho de otra manera: la centralidad del estudiantado, ocupándonos de la calidad de su formación profesional, vocacional y personal. Pero este objetivo solo puede alcanzarse si la Universidad reconoce, cuida e implica a su Personal Docente e Investigador y a su Personal Técnico de Gestión y de Administración y Servicios en la toma de decisiones, porque solo desde el compromiso compartido puede avanzar una comunidad universitaria.
Nuestra Universidad, haciendo honor a su origen como universidad ciudadana y cívica -el Estudi General- debe hacer suyos los grandes desafíos de las sociedades contemporáneas, sociales y medioambientales, con una investigación de excelencia, internacional y comprometida, y con proyectos de transferencia bien engranados con el tejido económico-social y bien coordinados entre todas las áreas de conocimiento.
Nada de ello será posible sin la movilización de todas nuestras energías y sin la dotación de los recursos que se necesitan: organizativos, tecnológicos, de infraestructuras y equipamiento y, por supuesto, financieros. Tampoco lo será sin dar un giro a las prioridades de la institución y a su modelo de gobernanza. Un modelo de buen gobierno fundamentado en la participación, la democracia, la transparencia y la deliberación. Una gobernanza proactiva que no sea un recurso retórico ni una consigna de campaña incorporada a un programa electoral. Un estilo de gobierno basado en el rigor y la ética, en la escucha y el dialogo, y donde con negociación y consenso se alcancen acuerdos y se tomen decisiones que se expliquen y beneficien al conjunto de la comunidad universitaria.
Estos cambios solo serán posibles si los hacemos juntos, contando con todas las personas que forman la Universitat de València, porque Amb vosaltres, es pot canviar. Sólo podremos navegar por estos tiempos llenos de riesgos e incertidumbres si navegamos juntos.
Juan Luis Gandía, catedrático de Economía Financiera y Contabilidad, es candidato a rector de la Universitat de València.
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