Casa Orsola o la reparación a víctimas de abusos sexuales: el Síndic de Barcelona que resuelve crisis con mediación
Experto en derecho internacional, David Bondia defiende buscar soluciones a problemas, más que hablar de “conflictos, donde siempre hay ganadores y perdedores”


El Síndic de les Persones de Barcelona (una figura equiparable al Defensor del Pueblo, pero de ámbito municipal), David Bondia, ha destacado en su primer mandato de cinco años por intentar resolver con mediación problemas enquistados en la ciudad. Este martes anunció que iniciaba diálogo con la empresa inversora NAD, propietaria de la Casa Papallona, en el Eixample, donde dos vecinas tienen fecha de desahucio. Hace diez días logró una tregua de tres meses en el segundo intento de ejecución del desahucio de Txema Escorsa, inquilino de Gràcia cuyo casero es también NAD. Hace un año contribuyó a paralizar las expulsiones de vecinos de Casa Orsola, ha desencallado los realojos en Vallcarca o ha conseguido organizar un acto institucional de reparación a víctimas de abusos sexuales durante tres décadas en una escuela pública. En planos más reducidos, también ha mediado en situaciones que enfrentaban a vecinos con el patio de una escuela por el ruido, en el uso de un espacio público pendiente de urbanización, o en la denuncia de una familia a quien el cementerio municipal llevó los huesos de un difunto al osario: los familiares no habían pagado el nicho, pero el Ayuntamiento no hizo todo lo que debía para avisarles.
Experto en derecho internacional y con experiencia en Latinoamérica, a Bondia le gusta hablar de “problemas” y no de “conflictos”. “En los conflictos hay ganadores y perdedores, y los retos o problemas se resuelven con soluciones”, aclara. El término oficial para hablar de mediación es menos sexy: “Resolución adecuada de controversias”, precisa. Un concepto que, a copia de experiencia, la Sindicatura ha adaptado a su realidad. La condición para hacerlo, eso sí, es que el Ayuntamiento, la institución, acepte la mediación, porque la Sindicatura no tiene competencias para mediar entre privados.
Todo comenzó, explica, al constatar que la resolución de un problema puede llevar meses: recibe quejas, pregunta al Ayuntamiento, emite una resolución para resolverlas... Y también se inspiró en mediaciones del Defensor del Pueblo Andaluz. “En general, las partes tienen más puntos en común que desacuerdos, y hablando se pueden buscar puntos de consenso”, señala al afrontar crisis o problemas que “requieren buscar equilibrios”. “El resultado nunca será al gusto de todo el mundo, pero será una solución, a veces es una satisfacción moral, a veces que una víctima se sienta escuchada. Como Sindicatura podemos hacer resoluciones, pero nos interesa también ser operativos y pragmáticos, y las mediaciones abren un camino de actuación”, dice convencido.

Sus primeras actuaciones de mediación fueron cirugía fina. Actuó para dinamizar el uso de la losa de la Ronda de Sant Antoni (que enfrentaba a vecinos del Raval y Sant Antoni) mientras no se urbanizaba. Y había convencido a los vecinos y familias de la escuela Mas Casanovas de que la instalación en un antiguo hotel de un centro para personas sin hogar con adicciones no sería un problema: en una actuación de la mano de la Sindicatura de Greuges de Cataluña intervinieron para conocer el proyecto, sus usuarios y profesionales (entonces en el barrio de Les Corts) y lo explicaron a los vecinos y la escuela, con la promesa de que acompañarían el proceso y participarían en las comisiones de seguimiento. “Es un recurso que ningún vecino quiere cerca de casa y nos comprometimos a conocerlo, explicarlo, a acompañarles, a no dejarles solos y hasta la fecha no ha habido problemas”, celebra.
Tras estas actuaciones, Casa Orsola: “Era una crisis insostenible, se estaba creando un problema de convivencia y porque el problema se había ido de las manos”, dice Bondia. Con el edificio modernista en plena Superilla de la calle Consell de Cent convertido en símbolo de la lucha inquilina, la crisis alcanzó el clímax en vísperas a la fecha de desahucio de Josep, uno de los inquilinos a quien había vencido el contrato de alquiler y a quien la propiedad quería echar para convertir la vivienda en alquiler de temporada. “Yo no tenía la solución, pero me fui a ver al alcalde [Jaume Collboni] para explicarle mi intención de mediar entre la propiedad y el Sindicato, pero antes el Ayuntamiento tenía que aceptar”.
El Síndic recuerda reuniones “en sábado”, con la propiedad y altos cargos del Ayuntamiento, en el edificio de la Sindicatura, vacío. “La primera no fue bien, es normal que ocurra en las primeras reuniones, hay tensión”. Luego se pregunta a las partes qué quieren y qué están dispuestas a hacer. Así se fraguó una solución que pasó por paralizar los desahucios, la venta del edificio y la compra (eso lo negoció el Ayuntamiento) y gestión del patrimonio por parte del Consistorio y la Fundación Habitat 3. Y justo en este edificio han entrado a vivir ya familias en situación de vulnerabilidad que ocupaban fincas municipales en Vallcarca.
En un diálogo, explica Bondia, “el medidador debe tener el control de todo”. Incluso si considera que una de las partes no puede coincidir con la otra, se las informa a las dos de cada paso. La sala es fundamental, explica: las partes deben sentirse cómodas, tiene que haber agua, papeles, las partes tienen que ver la salida, tener visión de la situación, si es necesario deben poder acudir con acompañantes, intérpretes o servicios sociales. Para la actuación con las víctimas de abusos sexuales de la escuela Barcelona varios trabajadores de la sindicatura recibieron formación y aprendieron detalles como que en el espacio físico de la Comisión de Reparación (ante una jurista, una psicóloga clínica y una médica) es positivo que haya pequeñas mantas (porque las víctimas pueden sentir frío), pañuelos de papel (por si lloran) o pelotas de goma para aliviar nervios.
En el caso de los abusos sexuales fue la Sindicatura quien creó la Comisión de Reparación (donde las víctimas del profesor de gimnasia pudieron contar qué consecuencias tuvieron los abusos en sus vidas) y la organización de un acto pionero de reparación, donde la dirección actual de la escuela, el alcalde, la Generalitat y el FC Barcelona (el abusador fue entrenador del club) pidieron perdón a los supervivientes. La Comisión de Reparación ante la que pueden comparecer víctimas de abusos en cualquier equipamiento municipal, sigue activa dos años después.
En el problema de la familia del difunto cuyos huesos se enterraron desplazaron al osario, más allá de una indemnización, lo que más valoraron fue que el Ayuntamiento contratara una antropóloga forense para localizar los restos. “Los encontraran o no, fue importante que el Ayuntamiento tuviera el gesto de asumir la responsabilidad de los hechos”, señala Bondia. Y recomienda otra de las inspiraciones para su tarea de mediador: el libro Historia universal de las soluciones, del filósofo José Antonio Marina.


























































