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¿Densificar el área de Barcelona?: el dilema de albergar más viviendas o devorar territorio

Urbanistas, arquitectos y promotores ven margen para lograr más pisos alrededor de la capital catalana, pero advierten de que 32 localidades están saturadas

Viviendas en L'Hospitalet de Llobregat, con la montaña de Montjuïc de Barcelona al fondo.Albert Garcia

Europa lleva ya años explorando todas las fórmulas posibles para tratar de al menos aliviar la crisis de vivienda. Y eso incluye también buscar espacio para nuevas viviendas. Países Bajos ha puesto a una militar al frente de la cartera para construir 100.000 viviendas al año, mientras que Reino Unido se ha propuesto crear siete nuevas ciudades que alberguen entre 15.000 y 40.000 casas cada una. En España, la política de vivienda está en manos de las comunidades. Y Cataluña también busca espacio para encajar nuevos hogares a la vez que trata de frenar la actividad de los grandes fondos. La propuesta del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, para densificar zonas ya construidas ha generado airadas reacciones en las redes sociales que los expertos buscan situar en el debate urbanístico sobre la ciudad compacta frente al modelo extensivo de la caseta i l’hortet. ¿Han llegado a su techo las ciudades más demandadas de Cataluña? Algunas, sí. Pero la mayoría, según los expertos consultados, aún tiene recorrido.

Illa lanzó en septiembre un plan de vivienda que, entre otras cosas, preveía elevar la densidad en 69 áreas estratégicas para crear 240.000 pisos. “Hay que densificar tanto como podamos, siempre con criterios de sostenibilidad, porque necesitamos vivienda”, insistió recientemente en una entrevista en El Periódico. Esa propuesta generó todo tipo de críticas desde la oposición e incluso memes en las redes sociales, que le recordaban que municipios como L’Hospitalet de Llobregat están entre las ciudades más densas de Europa. Hay consenso de que precisamente esa ciudad debería quedar al margen de estos planes. Pero, en cualquier caso, densificar no es sinónimo de masificar. “No tiene nada que ver. La densificación mejora la eficiencia urbana, permite tener más proximidad de los servicios, tener un transporte público eficaz, da más actividad económica y social… La masificación denota un cierto desorden y no hay equilibrio urbano”, sostiene el decano del Colegio de Arquitectos de Cataluña, Guillem Costa Calsamiglia.

Las críticas a las palabras de Illa se centran en que la población de Cataluña se concentra entre la costa y la AP-7. El área de Barcelona, como las grandes regiones metropolitanas europeas, cada vez concentra más población. Y esa tendencia es creciente. Ramon Gras, investigador de la Universidad de Harvard y cofundador del Aretian Urban Analytics, estima que en los próximos 20 años las siete comarcas que conforman la región metropolitana de Barcelona deberán dar cobijo a 700.000 personas más que requerirán 475.000 viviendas. A partir de ahí, el equipo de Gras ha elaborado un minucioso estudio en que identifica dos situaciones: ciudades ya saturadas que deben perder población y otras en las que hay 29.000 parcelas vacantes y válidas para albergar a más población. “¿Hay que densificar? Sí, pero hay que ver caso por caso y tener en cuenta el contexto urbano o de población. Las ciudades densas permiten mayor proximidad a servicios educativos, comercio o transporte público. Además, está demostrado que favorece la interacción empresarial. Pero cuando se exceden algunos umbrales, como en L’Hospitalet, los retornos son ya decrecientes”, expone Gras.

El estudio de Gras señala tres grupos de ciudades dentro del área metropolitana. El primero lo engloban 12 ciudades que deben perder densidad, entre las que están L’Hospitalet de Llobregat, Badia del Vallès, Sant Adrià del Besòs, Premià de Mar, Santa Coloma de Gramenet, Cornellà de Llobregat y El Masnou. De hecho, L’Hospitalet movilizará 350 millones para ejecutar el Plan del Samontà, que incluye incrementar las zonas verdes y rehabilitar viviendas. Hay un segundo grupo de 30 ciudades que tienen un margen para crecer hasta un 25%, en el que están Barcelona, Sant Feliu de Llobregat, Viladecans, Mataró o Sant Boi. Y por último hay un nutrido bloque de 109 municipios con amplio recorrido, entre las que están Sant Cugat del Vallès, Terrassa, Sitges, Gavà o Tordera.

Si se baja todavía más el foco, se puede observar cómo son los barrios planificados para el futuro. Un trabajo reciente de la arquitecta Loreto Peralta Carvallo, de la ETSAB-UPC, analiza 111 sectores urbanísticos que están pendientes de urbanización en 37 municipios que están dentro de las zonas tensionadas. Y la conclusión es que la densidad media de esos futuros barrios es de 59 viviendas por hectárea, muy por debajo del límite normativo de 100 casas por hectárea. “Es una densidad que se pensó para un momento en el que las viviendas medias eran de 85 o 95 metros cuadrados. Pero la realidad social cambia: hay más jóvenes o gente mayor que vive sola y lo que se produce es un aumento de la demanda de unidades de vivienda”, sostiene Rolando Biere-Arenas, investigador de la ETSAB-UPC.

El trabajo, que había recibido una beca de la Asociación de Promotores y Constructores (APCE) concluye que “Cataluña dispone de un enorme potencial de crecimiento interno”. “Densificar no significa crecer hacia afuera, sino crecer mejor hacia dentro, aprovechando el suelo ya previsto y respondiendo a los cambios sociales y demográficos del territorio”, concluye. “Es muy fácil. La realidad demográfica es la que tenemos. Y se construye en horizontal o en vertical. Hay planeamiento que nos obliga a hacer viviendas de 110 metros cuadrados cuando podríamos diversificar y hacer pisos más pequeños, porque ahora la media es de 2,3 personas por hogar. Hay que ver si los ayuntamientos acceden a arremangarse, porque ya llevamos déficit de vivienda acumulado”, sostiene el presidente de la APCE, Xavier Vilajoana.

Intervenciones posibles

La otra gran cuestión es cómo densificar. Aumentar la edificación de los nuevos planeamientos es una opción, pero no la única. Costa Calsamiglia, decano de los Arquitectos, cree que en el área metropolitana de Barcelona puede densificarse alrededor de las estaciones de tren existentes. “Eso serviría para que la movilidad eficiente tenga un primer paso”, indica. A partir de ahí, hay urbanizaciones dispersas o antiguos polígonos. Y ya en la capital, se podría actuar sobre las zonas que aún tienen terrenos disponibles –como la Marina del Port Vermell o Bon Pastor—, en rehabilitaciones o en edificios que no agotan su altura en el centro. En todos los casos se requeriría inversión para servicios públicos, pero ya ha hay una infraestructura previa.

Pero densificar no solo significa construir, sino también dar vida a viviendas que ahora o bien están vacías o se destinan a fines vacacionales. O cambiando el uso, transformando antiguas oficinas en pisos. “Hay municipios en los que la saturación no la generan los residentes. La generan los flujos del turismo. Y una parte del parque de vivienda no se destina a primera vivienda. Cuando eso suceda, se puede hablar de densificar, pero haciéndolo bien, usando espacios infrautilizados”, afirma Jaime Palomera, codirector del IDRA (Instituto de Investigación Urbana de Barcelona). El debate de la ciudad compacta frente al modelo de la caseta i l’hortet, pues, también tendrá mucho que ver con el debate sobre la Cataluña de los 10 millones.

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