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Crónica

Homenaje al segundo apellido: “Gracias a nuestras madres somos un poco más iguales”

En ‘El Diario de Sevilla’ decidieron para el 8M que las firmas de los periodistas aparecieron con la inicial del apellido paterno y el apellido materno completo

Manifestaión en Barcelona por el 8M. CARLES RIBASCarles Ribas

“Este firma con dos apellidos”, se escucha gritar en la Redacción. “En web sale automático, pero en papel hay que ponerlo”. Ese que signa con los dos apellidos es Joan Serra Carné, opinador de EL PAÍS Catalunya. Recuerdo que me lo dijo cuando firmó su primer artículo en el diario. Y me lo recordó en semanas sucesivas, cada vez que me olvidaba. Pero, al final, todos aprendimos que Joan Serra, periodista de SER Catalunya, siempre firma con sus dos apellidos: Serra Carné. Nunca le pregunté por qué hasta esta semana. “Antes siempre firmaba con un apellido, el primero, pero cuando se puso enfermo mi padre pensé que una forma bonita de homenajear a mi madre por cómo lo estaba cuidando era firmar también con el segundo apellido. Y desde entonces lo he hecho así. Porque quería dedicárselo a mi madre por todo aquel proceso, que resultó tan duro. Esta es la historia, no tiene más profundidad, pero es un detalle para visibilizar todo lo que ha hecho mi madre”. Serra Carné no es el único que usa su apellido para homenajear.

En el Diario de Sevilla, este 8M ha sido diferente. Tomaron una decisión coral, con el impulso de las periodistas Chantal de la Cruz y Ángeles Sánchez Bello: las firmas de los periodistas aparecieron con la inicial del apellido paterno y el apellido materno completo, dando protagonismo al segundo en reconocimiento a la figura de las madres y al papel de las mujeres en la sociedad. “Fue una iniciativa que empezó el viernes hasta el domingo 8M. Primero nos aseguramos de que no existían problemas técnicos que pudieran hacernos perder el tráfico. Y lo pusimos en marcha con un mensaje claro: las mujeres ya no somos invisibles y este era nuestro homenaje a nuestras madres gracias a la cuales somos un poco más iguales”, explica al otro lado del teléfono Stella Benot, redactora jefa del Diario de Sevilla. El propio periódico relató en sus páginas que con esta iniciativa, que repetirán el año que viene, rinden homenaje “a las mujeres que han tenido que renunciar más que otros para conciliar, a las que dedican gran parte de su tiempo a cuidados no remunerados y a aquellas que realizan tareas imprescindibles para el funcionamiento de la sociedad. Igualmente, homenajea a las mujeres embarazadas que son juzgadas por sus decisiones: si tienen hijos demasiado pronto o demasiado tarde”. A todas.

El segundo apellido vive, en la mayoría de ocasiones, relegado, escondido. Conozco pocos casos en que alguna madre consigue colarlo por delante y siempre es argumentando peligro de extinción. Lo cuenta Salvador (nombre ficticio): “El argumento de partida de mi pareja es que era una única familia en la comunidad y que solo 15 personas tenían ese apellido, que corría el riesgo de perderse para siempre. No me importó, pero pedí más peso para elegir el nombre, ahí sí nos atascamos hasta el mismo paritorio”. Su hija lleva el nombre que él eligió y el apellido de la madre. Desde el 30 de junio de 2017, el apellido paterno dejó de tener preferencia sobre el materno a la hora de inscribir a un recién nacido en España. Así que los progenitores tienen que ponerse de acuerdo o el registrador civil lo hará por ellos, pero sin que el del varón tenga preeminencia por defecto. Esta medida persigue “la absoluta igualdad entre progenitores”, según contaba entonces el Ministerio de Justicia.

En Italia, por ejemplo, es posible elegir el apellido del padre, de la madre o de ambos (en orden convenido) para los hijos nacidos después del 1 de junio de 2022. Esta regla fue introducida por una sentencia del Tribunal Constitucional, que declaró ilegítima la atribución automática únicamente del apellido del padre. Más interesante es el caso de Portugal: no existían reglas rígidas. Fue el Código del Registro Civil de 1928 (y su actualización de 1932) el que estableció que el último apellido debía ser obligatoriamente el del padre. Al fijar el apellido paterno al final, por exclusión, el apellido materno pasó a ocupar la posición anterior (la primera después del nombre de pila), cuenta Isaura, amiga y portuguesa de madre. “Ahora entiendo el desorden de mis apellidos. Mi abuelo paterno, portugués, tenía primero el apellido de su padre, de mi bisabuelo, porque nació antes de 1928”. Isaura, 24 horas después, escribe: “En Portugal y Brasil puedes decidir qué ramas de tu árbol genealógico quieres honrar. Y ahora, pensándolo bajo esta premisa, decido usar los dos apellidos porque es una manera de celebrar a parte de mi linaje. Somos 50/50. Soy Isaura Madalena De Oliveira Portugal Do Vale”.

A pesar de las facilidades actuales, en España solo un 0,5% de las parejas ha decidido poner en primer lugar el apellido materno, según datos del 2024. Muy poca gente da el paso. Yo no he sido una de ellas.

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