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CINE
Opinión

Un piropo para Alauda Ruiz de Azúa

Ella no lo sabe (y no se lo digáis) pero Alauda, con sus retratos íntimos de nuestra intimidad, nos ayuda en este tortuoso trabajo de configurar nuestra mirada

La directora y guionista Alauda Ruiz de Azúa mantiene un encuentro con la prensa con motivo de su Premio Málaga Talent del Festival de Cine. EFE/ Jorge Zapata Jorge Zapata (EFE)

Este pasado domingo me invitaron a formar parte de la troupe que entregó a Alauda Ruiz de Azúa (directora de Cinco Lobitos, Querer o Los Domingos) el premio Málaga Talent del Festival de Málaga. Lo hicimos con gusto, convencidos de estar entregando un premio más que merecido y de ser unos auténticos privilegiados de poder trabajar juntos. Un servidor preparó un textito para la ocasión y me ha parecido sensato compartirlo porque celebrar a esta mujer es siempre buena idea. Ahí va:

Nos dicen que el mundo es y punto, que las cosas son como son, que la realidad es inmutable y que esto es lo que hay. Perdonadme si los corrijo.

No soy yo conocedor de la complejidad del cuerpo humano pero más o menos sé que la luz reflejada por los objetos entra en el ojo a través de la córnea y se enfoca en la retina. La retina, a su vez, convierte la luz en señales eléctricas y estas señales eléctricas se transmiten a través del nervio óptico hasta el cerebro. El cerebro en cuestión -por muy pequeño que lo tengan algunos- recibe las señales, las procesa y crea una imagen mental de esos objetos que tenemos delante. Y quien dice objetos dice también personas, animales, espacios, carros y carretas. Pero ojo -nunca mejor dicho- porque se creerá la gente que la relación entre el mundo y las imágenes es tan sencilla como eso y vengo a recordaros que no, que esto de la luz y las señales eléctricas es solo la vista pero que por aquí en medio, no sé yo muy bien cómo, se forma la mirada. Aquí los humanos no solo vemos las cosas sino que también las miramos, todo a la vez y bien mezclado. Nuestra mirada está condicionada por quiénes somos, cuáles son nuestras circunstancias, cómo crecimos, dónde vivimos, qué y quiénes nos rodean. Puede que la vista sea objetiva pero la mirada es única y esencialmente subjetiva. Y podríamos pensar que toda esa subjetividad está en nuestras manos, en las manos del sujeto en cuestión, pero nos guste o no, la mirada se construye en colectivo y se construye también, mira tú, contándonos los unos a los otros. Y claro, qué bien que nos cuenta siempre el cine. Da igual que las historias que nos cuente sean de mentira porque sus efectos son reales. El cine -ojo de nuevo aquí- modifica y moldea nuestra mirada. Es algo reduccionista esto que voy a decir, pero a menudo miramos lo que vemos según las pelis que hemos visto. Te vas a Nueva York y no puedes huir de Annie Hall, te vas al Coliseo romano y Gladiator se hace inevitable y te juntas el domingo para comer con tu familia y está ahí sentada Alauda Ruiz de Azúa.

Ella no lo sabe (y no se lo digáis) pero Alauda, con sus retratos íntimos de nuestra intimidad, nos ayuda en este tortuoso trabajo de configurar nuestra mirada. No nos ayuda a mirar Nueva York o el Coliseo, nos ayuda a mirar más cerca, a nuestras familias, a nosotros mismos. No diría que el cine de Alauda es cine social, pero su minuciosidad a la hora de trabajar, a la hora de retratar la realidad, la convierte en una excelente aliada para cuestionarse quiénes somos individual y socialmente. Es minuciosa, detallista, extremadamente exigente para consigo misma a la hora de retratar la complejidad del mundo. Y, por supuesto, como todo buen cineasta, excelente preguntona. Porque puede que las respuestas las redacte la vista, pero las preguntas las escribe la mirada.

Es gracias a miradas como la de Alauda que cuando nos dicen que el mundo es y punto, cuando nos aseguran que las cosas son como son… nosotros podemos responder que no, que el mundo es según se mire y que está ahí para cambiarlo.

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