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Ni Presupuestos ni elecciones: el choque entre PSC y ERC amenaza con bloquear Cataluña

El Govern se lanza a presionar a un socio que no da muestras de querer dar a torcer su brazo y busca que el PSOE se moje

El president Salvador Illa y el líder de ERC, Oriol Junqueras, el pasado mes de enero.

El 11 de marzo ya es una fecha clave en la política española. Ese día se votarán en el Parlament las enmiendas a la totalidad del proyecto de Presupuestos que el Ejecutivo catalán prevé aprobar este viernes. Desde ERC dejaron ayer claro que presentarán la suya si no hay avances en la cesión de la recaudación del IRPF que figura en el pacto de investidura de Salvador Illa, aunque abren la mano a darle oxígeno a la Generalitat vía suplementos de crédito. El fracaso de las cuentas, sin embargo, enrarecería las relaciones entre socios de investidura no solo en la Cámara autonómica sino también en el Congreso. Varios escenarios se abren, incluso unas elecciones anticipadas en Cataluña, a raíz del choque entre socios de investidura, con el vértigo del bloqueo político.

A día de hoy es difícil dilucidar una fórmula que permita desatascar los Presupuestos, de ahí la variedad de escenarios. Pero quince días en política son una eternidad. “Hay límite hasta la muerte”, aseguró ayer la portavoz de ERC en el Parlament, Ester Capella, cuando se le preguntó por si veía posible algún acuerdo en los próximos días. El líder de ERC, Oriol Junqueras, bajó ayer al terreno de lo personal para intentar mostrar la convicción de que no dará su brazo a torcer con el IRPF: “Si hemos aguantado cuatro años en prisión, aguantaremos cuatro semanas de presión [para aprobar los Presupuestos]”, dijo en una entrevista a Catalunya Ràdio.

La duda central sigue estando en qué pasó en la reunión entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y Junqueras, que se reunieron el pasado viernes en Madrid. La segunda al mando en los republicanos, Elisenda Alamany, aseguró el pasado lunes que ese encuentro certificó que “el PSC no había hecho los deberes”, en referencia a no tener amarrado el apoyo del socialismo a nivel estatal sobre el IRPF. De ahí que el gesto de Illa de comprometerse solemnemente no les bastara.

La incomodidad del PSOE en ese punto es tan clara como silenciosa. Una muestra de ello es la declaración con que su portavoz, la catalana Montse Mínguez, suscribió el pasado lunes las negociaciones sobre la cesión del impuesto al marco intergubernamental, obviando que su partido bendijo, en un Comité Federal, el acuerdo de investidura de Illa. Es precisamente ese documento del que en ERC se aferran para dar a entender que el gesto esperado y que desatascaría las cuentas ha de venir del PSOE.

El efecto de una declaración de una voz autorizada del PSOE dándole a ERC lo que pide con las elecciones de Castilla y León a la vuelta de la esquina es moderado, pues allí las expectativas de los socialistas son aún más bajas que en las pasadas elecciones de Aragón. Lo que realmente se teme, aunque nunca aceptado ante las cámaras, está en lo que se juega en Andalucía, con la vicepresidenta María Jesús Montero como candidata. Capella, de hecho, instó ayer a Illa a que aclare si las elecciones autonómicas efectivamente condicionan lo que se pacta en Cataluña. En otras palabras, si el mensaje que sale del PSOE es que ahora no toca la cesión del IRPF.

Con todo, Esquerra insiste en que no colaborará en asfixiar financieramente a la Generalitat, que trabaja con las cuentas prorrogadas de 2023, y por tanto se abre a pactar de nuevo los suplementos de crédito. Se trata de una fórmula que permite pagar sueldos y gasto sanitario pero impide, por ejemplo, avanzar en la construcción de nuevas escuelas o de centros de atención primaria. Es normal que ni el Goven ni los Comuns quieran hablar ya de esa pantalla, para evitar así dar por cerrada la de los Presupuestos, pero de llegarse a ella implicaría una derrota contundente para el Ejecutivo de Illa.

Hasta ahora, socialistas y republicanos reconocen que sus relaciones son buenas. Aunque en el pasado ERC le haya empujado a derrotas parlamentarias o le obligara a retirar decretos ley, el no a las cuentas enrarecería mucho esa relación. La propia Capella advertía que la igual había muchas otras votaciones pendientes donde se necesitarían sus votos. Una pérdida de confianza de socios, tanto en el Parlament como en las Cortes, sería un grave problema para dos Ejecutivos que funcionan en minoría. En la Cámara catalana, el PSC tiene 42 diputados, muy lejos del la mayoría absoluta (68).

¿Y usar el botón atómico del adelanto electoral? Preguntado sobre ese tema en la radio nacional de Cataluña, Junqueras fue tajante: ”El PSC sabe que si convoca elecciones es muy probable que no haya una mayoría posible para hacer una investidura y que condenará al país a un ciclo de repetición electoral que no ayuda a nadie". Está el precedente de lo hecho por el expresident republicano Pere Aragonès, que usó sin éxito el adelanto electoral ante un bloqueo presupuestario. No salió bien.

Illa, efectivamente, podría sopesar que a favor de esta vía aunque va en contra de su discurso de la necesidad de estabilidad. Cogería al resto de partidos sin cabeza de cartel: Junqueras sigue inhabilitado a la espera de la amnistía. Y Carles Puigdemont continúa en Bélgica por la misma razón. Pero la demoscopia tampoco parece jugar a su favor. Los últimos barómetros del Centre d’Estudis d’Opinió, hechos sin elecciones al horizonte, dejan al PSC como ganador pero con tendencia a la baja de hasta tres diputados. ERC tímidamente al alza y unos Comuns estancados. Y una Aliança Catalana en auge.

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