Joel Joan pasa de no haber hecho nunca un personaje de Chéjov a interpretar 8 a la vez
El actor representa en solitario en el Romea de Barcelona una singular versión de ‘Tío Vania’ en la que encarna todos los papeles


Joel Joan no había hecho nunca en un escenario un personaje de Chéjov, pero ahora se toma la revancha: en la versión de Tío Vania que estrena el jueves próximo en el Teatro Romea de Barcelona (Vània, de Simon Stephens) el actor interpreta todos los papeles de la función, ocho, nada menos, incluidos los femeninos.
La obra, con traducción al catalán de Joan Sellent y puesta en escena de Nelson Valente, es un tour de force actoral que interpretó originalmente Andrew Scott en su estreno en el Duke of York’s Theatre del West End londinense en 2023. El espectáculo que se verá en el Romea adapta a Cataluña la pieza que Stephens había ya pasado de la Rusia del XIX a la Irlanda actual.
Este Tío Vania tan especial dura una hora y cuarenta minutos y pese a todo, subraya Joel Joan, conserva “un regusto muy chejoviano”.
Jordi González, vicepresidente de artes y contenidos de Focus, ha explicado en la presentación de Vània cómo pensaron en Joel Joan al ver el espectáculo original y cómo el actor dijo enseguida que sí a la propuesta. “Joel no es fácil pero es un amigo de hace muchos años y tiene un talento extraordinario”, ha apuntado González. Por su parte, Valente ha considerado un privilegio poder dirigir un Chéjov en estos tiempos, ha señalado la complicidad que han establecido él y Joel Joan y ha dicho que la pieza de Stephens es “un reto”.
Joel Joan ha destacado que el argentino Valente tiene la ventaja de tener más sentido del humor que los directores catalanes “y eso nos ha unido mucho”, así como el hecho de que nunca habían trabajado juntos antes, lo que, ha bromeado, “yo de entrada le podía caer bien”. Ha considerado Vània, “una locura” que solo se puede hacer desde el entendimiento total con el director y desde la inteligencia. Es, ha dicho, “una obra muy divertida con momentos tan difíciles como los de las acotaciones que marcan que salen dos personajes y entran tres, lo que, claro, te deja perplejo si eres tú solo”.
El actor ha insistido en que no se trata de un “festival Joel Joan” en el que él haya querido, saliendo de Escape Room y metiéndose en Chéjov, airear sus capacidades de actor dramático más allá de sus virtudes de comediante. “No hago esto para enseñar mis habilidades de actor, lo hago porque me lo paso bien y porque cuanto más difícil es una cosa más satisfacciones da”, ha zanjado. “No está hecho desde el ego”, ha insistido, “y las ganas de demostrar, sino de hacer soñar y emocionar al público”.
Actor y director han acordado que lo más importante, su “obsesión”, es que los espectadores entiendan la obra pese a la exigencia que se les plantea de que la represente un solo actor con ocho personajes. “Es la hiperteatralidad absoluta, el más difícil todavía”, ha considerado Joan, que ha señalado que él hace también de los personajes femeninos como Sonia y Helena. “Cómo hacer todo eso y que no quede de los payasos de la tele exige un equilibrio muy fino”. Joel Joan ha explicado que los cambios de personaje no los marca con vestuario o caracterización física sino por “sus objetivos vitales, sus emociones”; algunos, eso sí, portan objetos característicos para definirlos y ofrecer un código de reconocimiento al espectador. “Ser demasiado explícitos en los cambios sería insultar la inteligencia del público, la gracia está en hacer que juegue con nosotros y hacer trabajar su imaginación”.
El actor ha dicho que se puede comparar el espectáculo con la Terra Baixa unipersonal que hizo Lluís Homar, aunque él no vio aquel montaje. Se ha mostrado muy expresivamente en contra del uso de pantallas y proyecciones en las representaciones (“putas pantallas, el teatro es teatro, hostia, personas con personas”).
Vània, que irá de gira por Cataluña y aledaños, es una reducción de la obra de Chéjov, ha señalado el director, que ha dicho que ellos son muy fieles a la adaptación de Simon Stephens y que los cambios los han pactado con el propio autor, habitual de los cursos de la Sala Beckett. “Toda la compañía lo hace muy bien”, ha vuelto a bromear Joel Joan, “me entiendo muy bien con todos, no hay ningún actor que chirríe, es en definitiva la mejor compañía con la que he trabajado”. Ya en serio ha reflexionado que tomando lo esencial de Chéjov, “Stephens ha elevado el texto dotándolo de una gran concentración poética y yendo al núcleo de la historia”. Ha comparado la operación con “una reducción de Ferran Adrià, que convierte el bistec en un aire, un aroma”. Ha hablado de la fina línea entre drama y comedia y ha reflexionado que hacer un Chéjov “no es estar llorando todo el rato” y que es importante “despojarlo de trascendentalidad”.
Demostrando el poder del autor ruso, Joel Joan ha evidenciado estar, pese a toda su ironía y sus bromas, muy chejovinizado. “Mi personaje preferido es Sonia, que es en realidad la protagonista si se piensa que la obra se llama Tío Vania porque es el punto de vista de Sonia, su sobrina. Y el monólogo final de ella es como el padrenuestro, una declaración de vida, de que todos somos seres frustrados que no hemos conseguido ser lo que queríamos, pero que podemos hacer las paces con nosotros mismos y seguir viviendo nuestras vidas discretas pero amables, un final tristemente esperanzador”. Mientras ha dicho esto, Joel Joan se ha elevado a la altura de un Tusenbach, una Irina o una Mina (o de los tres a la vez). “Las cosas no saldrán como queremos, pero hay que sonreír porque un día lo entenderemos”.
Genio y figura, ya fuera del jardín de los cerezos, de la finca de Sorin y de casa de los Prozórov, Joel Joan, de monstruo a monstruo (él lo encarno en 2018 en el TNC en un montaje de Carme Portaceli) ha considerado que la criatura de Frankenstein que hace Jacob Elordi en la nueva versión cinematográfica de Guillermo del Toro no aporta mucho. El filme le ha parecido soso y “kitsch”.
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