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CINE
Crítica

Premios Gaudí 2026: Buena música en una gala sin más amenidad

Era una velada dedicada al cine con la obligación de repartir casi una trentena de galardones. Algo difícil de saltarse y de que resulte entretenida

Lo mejor de la ceremonia de los Gaudí fue la música (Arnal, Dausà, Rossell, Sobral, Bonafonte…). También estuvo Magalí Sare, quien pisó este mismo escenario, el del Liceu, con la gala de Catalunya, aixeca el teló. Lástima que la fiesta de los Gaudí no fuera la mitad de imaginativa de lo que lo fue aquella. Excelente música, sí, pero no eran los Grammy. Era una velada dedicada al cine con la obligación de repartir casi una trentena de galardones. Algo difícil de saltarse y de que resulte entretenido. Acertaron quienes pensaron la gala en prescindir del humor, muchas veces penoso. Apenas quiso ponerlo Joel Díaz, quien manifestó su deseo de cagarse en algunas autoridades. Una supuesta osadía del todo prescindible. Por cierto, a diferencia de otros años, TV3 administró con espíritu ahorrativo y acertadamente los planos dedicados a las autoridades. Apenas hubo un par de ráfagas mostrando el palco que ocupaban. Una alusión de Bob Pop desde el escenario a su hipotética pugna electoral con el alcalde Collboni propició un poco más de imagen televisiva para éste.

Arnal, en las entrevistas previas de TV3 dijo que sería una gala “chulísima”. Muy optimista. En el escenario, con cinco presentadoras -que llevaban aprendido un texto que ambicionaba ser lírico-, se jugó con iluminarlo sucesivamente con colores básicos. No hubo en toda la gala ningún cambio escenográfico. Lo que más se movía, lo único, era una pequeña cámara teledirigida y sobre raíles que ofrecía contraplanos desde el fondo del escenario. Un ascetismo excesivo. No hubo mayores amenidades. TV3 inició la retransmisión a las veinte horas, noventa minutos antes de que empezara la gala, para cubrir durante una hora lo que se llama alfombra roja, desplegada ante la fachada del Liceu. Eloi Vila, Elisenda Carod, Xescu Tapias y Georgina Arnau se sucedían desde distintos espacios del teatro cumpliendo con el ritual de breves entrevistas, muy previsibles en su contenido, pero sin soltar ninguna majadería.

En esta retransmisión de calentamiento, las citas con los entrevistados estaban muy preparadas y los locutores, documentados. Hubo las inevitables charlas de gentileza y encargo con directivos de la academia convocante y de la emisora. Lo más novedoso fue que, además de entrevistar actores, actrices o cineastas, dieran voz a una técnica de sonido. Una rareza informativa en este tipo de eventos, únicamente explicable porque era del equipo de Sirat y están nominados al Oscar por su trabajo.

Salvo una fugaz alusión a que el negro era el color más empleado en la vestimenta no hubo ningún comentario sobre el ropero ni se preguntó quién era el sastre o diseñadora de los atuendos de los entrevistados. Una pregunta inevitable en la alfombra roja de los Oscar. Aquí no hubo publicidad, pero sí, en plafones estratégicamente colocados y, muy en particular, con los coches que transportaban a algunos de los entrevistados hasta la alfombra exterior donde eran entrevistados. Coche con la marca bien visible y un mismo conductor en más de un viaje de lo que se deduce que cargaban al pasajero pocos metros antes de aparecer ante las cámaras. Resultaba postizo. Menos mal que no eran limusinas.

La retransmisión, con algún breve problema de sonido, tuvo la buena locución en TV3 de Carolina Rosich y Ismael Martín, concisos y sin pisar lo que se hablaba desde el escenario. Como siempre.

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