La desconfianza sobre Rodalies se adueña de los usuarios: “Nadie confía en llegar a casa a tiempo”
Las constantes incidencias en la red ferroviaria lleva a muchos pasajeros a recurrir a medios alternativos pese a la progresiva recuperación del servicio

Mar Carpio es una farmacéutica residente en Badalona, pero trabaja a 47 kilómetros, en Sant Celoni, un trayecto que le suele llevar poco más de una hora en tren. Durante la suspensión total del servicio de Rodalies del miércoles y el jueves no pudo acudir a su puesto de trabajo, algo que le irritó porque no es la primera vez que le ocurre. “Cuando no es un árbol, es una catenaria averiada. Lo que ha ocurrido esta semana es el resultado de la falta de mantenimiento. No te puedes fiar”, explica. Usuaria del R11, la línea que une Barcelona con Portbou, en el extremo norte de Cataluña, Carpio asegura que, a pesar de ser una línea que suele funcionar bien, siempre se para. Su alternativa para regresar desde su puesto de trabajo es la R2 Nord, que va desde Maçanet hasta el aeropuerto de Barcelona, y desde ahí hacer un transbordo. “En esta los retrasos son continuos. Siempre hay desperfectos en la vía o se queda enganchado en El Prat”, denuncia.
Como Carpio, son muchos los usuarios que estudian alternativas a Rodalies porque desconfían de su funcionamiento pese a la progresiva recuperación del servicio anunciada el jueves por el Departamento de Territorio tras llegar a un acuerdo con los sindicatos de maquinistas. “Cojo el tren porque es más económico. Mi intención, además, es desprenderme del coche porque las carreteras alrededor de Barcelona están siempre muy congestionadas. No tiene ningún sentido que se pretenda reducir las emisiones y después no disponer de una red ferroviaria fiable”, zanja.
Hasta un centenar de autobuses interurbanos se han desplegado este viernes para evitar que se repita el caos de los últimos días. Las estaciones de Sants y de Fabra i Puig, en ambos extremos de Barcelona, han contado con un refuerzo que, según Juan José Rodríguez, conductor de autobús, no se habilitó en la segunda estación durante la suspensión de Rodalies. “Aquí han sido dos días dramáticos, más de lo habitual. Y todo porque Renfe no pidió un refuerzo del servicio de autobuses en Fabra i Puig”, cuenta.
Las dos estaciones ofrecían esta mañana una imagen inusual en hora punta por la escasez de pasajeros que transitaban por sus instalaciones. Eso contrastaba con una afluencia más elevada de lo habitual en las estaciones de autobuses contiguas. En Fabra i Puig se han formado hileras de pasajeros dispuestos a subir a los autobuses tanto por la mañana como al mediodía. En esas colas era donde precisamente los usuarios daban cuenta de la situación, como el caso de un grupo de jóvenes que, en ver los retrasos acumulados en la línea R1, se habían decantado por el transporte por carretera.
Este joven conductor es uno de los muchos que ofrecen el servicio por carretera alternativo a la R3, en obras desde el pasado octubre y por las que Renfe habilitó cinco líneas de autobús. Rodríguez sostiene que durante su jornada palpa una desconfianza absoluta en el servicio. “Los pasajeros dudan de si coger el tren o el autobús porque ya nadie confía en llegar a casa a tiempo”, asevera. El trabajador no cree que haya miedo entre los usuarios por los accidentes ocurridos en la última semana, sino mero hartazgo. “Lo ocurrido en Gelida parece que fue un infortunio, pero es cierto que las incidencias son constantes. Ahora tratan de arreglar a toda prisa lo que no han hecho en los últimos 20 años”, concluye.
Con la gestión del Govern de la crisis en entredicho y la indignación generalizada de los pasajeros, el servicio vuelve a la normalidad paulatinamente, pero durante la jornada ha acumulado demoras significativas en la R1, con dos trenes por hora en ambos sentidos, el corte parcial de la R4 a causa del accidente en el que murió un joven maquinista, o la reapertura a medio gas de la R15 con la suma de un transporte alternativo por carretera entre Reus y Riba-Roja d’Ebre, en Tarragona.
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