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Filmin
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Filmin y su manzana ‘podrida’

Los que acusan a la plataforma de “colaboracionismo con la represión española” ignoran su labor pionera en el uso del catalán

En junio de 2017, dos años antes de que acontecieran las cargas y la violencia policial que narra desde un único punto de vista el tendencioso documental Ícaro: la semana en llamas, nació Filmin.cat, la primera plataforma digital de series y cine en catalán. Filmin.cat fue pionera y se anticipó al resto de plataformas privadas que ni siquiera se molestaban en subtitular en catalán. Preguntado por si era viable un mercado de contenidos en lenguas minoritarias, Jaume Ripoll contestó entonces: “No solo creemos que es viable, sino que creemos que es necesario”. En abril del año pasado, cuando se hizo público un conteo del porcentaje de uso del catalán en plataformas, ya sea en audio, en subtítulos o ambas opciones a la vez, Filmin fue la plataforma de series y películas con mayor porcentaje de uso de catalán, rozando la cuarta parte del catálogo. Netflix, Disney o Apple ni siquiera llegaban al 5%. En diciembre, un informe posterior del Consell Audiovisual de Catalunya (CAC) lo confirmó: Filmin incluye el catalán en 2.350 títulos de su catálogo (20,7%); Prime Video, en 762 títulos (9,5%); Netflix, en 339 (3,5%); Max, en 113 (3,2%), y Disney+, en 82 (2,2%).

Resulta curioso que los que vocean y señalan el ”colaboracionismo con la represión española” en pintadas y en tuits airadísimos ignoren que, durante estos años, Filmin no solo ha subtitulado en catalán películas o series para poder pensar la cultura en su propia lengua, también apostó por producir ficciones en las que se vivía en ese idioma. De Filmin Originals salió Selftape, la interesantísima visión de las hermanas Vilapuig sobre la perversión, abusos y el ninguneo de la industria tras Polseres vermelles. La plataforma también ha invertido como coproductora o distribuidora de proyectos reconocidos internacionalmente y en los próximos premios Goya y Gaudí, películas que han indagado en temas tan diversos como la migración y la homosexualidad en Molt Lluny, de Gerard Oms; el bello despertar sexual de Estrany riu, de Jaume Claret Muxart; o el impacto del duelo visto en Forastera, la película que explora y amplía el universo del premiado corto de Lucía Aleñar, premio Fipresci a la mejor dirección novel en el festival de Toronto. Pero de esto, estos días de reproches, nadie se acuerda.

En el basurero en el que se ha convertido X, donde el chasco borra la posibilidad de poner las cosas en contexto o poder matizarlas, de poco ha servido que Ripoll haya recordado que ni él ni la plataforma han recomendado el documental de forma específica ni en su blog ni en sus redes sociales o que como director editorial ni siquiera lo había visto y que si está ahí, es porque formaba parte de un acuerdo más grande en un catálogo de 13.000 títulos. “Programar un documental no equivale a suscribir su enfoque”, repiten desde la plataforma, para oídos sordos de los integristas de X. Es lo que pasa en ese agujero, aparece una manzana podrida y nadie recuerda, vista en conjunto, lo buena que les salió la cosecha.

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Sobre la firma

Noelia Ramírez
Periodista cultural. Redactora de S Moda desde 2012 y forma parte del equipo de Cultura desde 2022.
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