Cómo mantener la salud mental en las Tres Mil Viviendas de Sevilla, uno de los barrios más pobres de España
Una investigación sanitaria detecta en la música, la espiritualidad o la mediación herramientas para mejorar el estado emocional de los vecinos de esta área tan estigmatizada


El miedo, la tristeza, la desesperanza, el aislamiento o la anhedonia (incapacidad para experimentar placer, interés o satisfacción en actividades agradables) se dan en El Viso o La Moraleja (Madrid), los barrios con más renta de España, o en el Polígono Sur de Sevilla, una de las zonas más pobres del país que incluye el conjunto conocido como las Tres Mil Viviendas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que mil millones de personas sufren estos síntomas en el planeta y uno de los retos es cómo abordarlos según el entorno. Una investigación analiza, con la colaboración activa de miembros de la etnia gitana del polígono sevillano, cómo mejorar el estado emocional para prevenir problemas de salud mental y, según relatan los participantes en el proyecto, las herramientas son comunes en todos los ámbitos, aunque con peculiaridades: la relación social, la intervención de un mediador, la música o la espiritualidad.
Si no es fácil afrontar los problemas comunes de salud mental en un entorno con recursos, el reto es mayor allí donde, según los datos del Comisionado para el Polígono Sur, viven 28.300 personas, en su mayoría trabajadores con una renta media que oscila entre los 5.521 y los 12.022 euros al año por habitante. Menos de la mitad residen en las zonas más degradadas, donde en el paisaje urbano hay hogueras, chatarra y basura o se suceden esporádicamente reyertas o la escolarización estable es un desafío.

“Ay Dios mío, qué fatiguita tengo”. Así resume algunas veces su estado de ánimo Emilio Fernández de los Santos, el guitarrista flamenco conocido como Caracafé y distinguido con la Orden del Mérito Civil por su labor educativa con los niños de las Tres Mil Viviendas a través de la asociación Alalá. “Entonces, cojo la guitarra y toco porque eso hace que la sangre hierva”, explica.
Caracafé describe así cómo la música es una de las herramientas identificadas en el barrio para abordar esa “fatiguita”, que en términos comunes se traduce como desesperanza, tristeza o vacío interior. Y esboza también en la expresión de su sentir que la espiritualidad, en la comunidad gitana de la que es miembro, es una de las herramientas identificadas por los participantes en el proyecto como útiles para buscar el bienestar.
Otra de las estrategias para superar los problemas mentales es la relación social, una herramienta común en todos los entornos. En las Tres Mil, una de estas vías para favorecer el contacto que salva vidas la preside Pilar Vizarraga, que ha sido testigo de cómo el cariño y la comprensión hacia una persona diagnosticada con esquizofrenia permitieron la convivencia cotidiana con el grupo familiar y de allegados. La asociación de Vizarraga es Akherdi I Tromipen, una de las organizaciones de mujeres gitanas más antiguas de Sevilla y donde compartir experiencias, objetivos y estrategias entre las integrantes de la comunidad es un salvavidas.
Entidades como la suya ofrecen mediadores, otro de los recursos comunes ante el malestar mental, pero singular en este entorno. “Siempre hay gitanos que se preocupan. Ha sido así durante siglos y han ejercido como jueces”, describe Caracafé. “Se mantiene la intervención de los gitanos viejos”, añade Pedro Manuel Molina, presidente de la Asociación Cultural Gitana Vencedores, enfocada en la integración social y la educación en el Polígono Sur.
El guitarrista flamenco resume la importancia de hallar en entornos desfavorecidos formas específicas de abordar conflictos comunes en toda la sociedad: “Estas personas [con problemas de salud mental] necesitan una aproximación diferente”. Es lo que intenta el proyecto Ment Box, destinado a identificar las mejores prácticas, especialmente en comunidades vulnerables.
El psiquiatra y director del proyecto, Benedicto Crespo Facorro, lo define como “salud mental adaptada a la realidad”. “Un elemento clave ha sido la colaboración estrecha, sincera y continuada entre la población y los profesionales de salud del barrio, que ha permitido avanzar desde un enfoque de cocreación hacia modelos de cuidado más ajustados a la realidad cotidiana”, explica. Y añade: “Pretendemos conocer mejor para ayudar mejor. No hay necesariamente más problemas de salud mental en esta población, pero sí la necesidad de comprender sus singularidades para ofrecer respuestas más adaptadas. En este marco, las soluciones no se imponen, sino que se construyen conjuntamente, incorporando saberes comunitarios y recursos culturales propios”.
El objetivo final lo sintetiza el responsable del área sanitaria en el Comisionado para el Polígono Sur, Javier Peso: “Prevención”. Este antropólogo eligió para el acto de reconocimiento a los participantes el lema Sastipen thaj Mestipen, una expresión caló que significa salud (o bienestar en un concepto amplio) y libertad. “Sin buena salud, se limita lo que podemos hacer y nuestra libertad para decidir”, explica para resaltar la importancia de afrontar en su momento los síntomas que deterioran la calidad de vida.
Javier Moreno, ajeno al proyecto, es un ejemplo claro de esta necesidad. De padre gitano y exvecino del Polígono Sur, forma parte de las asociaciones Avance, Salud Mental Andalucía y España y Derechos Humanos y Salud Mental. Sufrió trastorno límite de la personalidad, una enfermedad caracterizada por inestabilidad emocional, impulsividad, alteraciones en la autoimagen y relaciones interpersonales caóticas. “Si me la hubieran diagnosticado cuando era joven, me hubiera ahorrado pasar 15 años empastillado, dormido, sin sentir nada. Era un mueble”, explica.
De esta forma, coincide con Peso en la importancia de la prevención y en la singularidad de los entornos desfavorecidos, como el barrio donde creció, donde a los estigmas por la etnia se suman los del barrio. Recuerda que, cuando presentó los primeros síntomas de agresividad, euforia, depresión, adicción al alcohol e incluso pensamientos suicidas, la interpretación inicial fue tan sencilla como prejuiciosa y errónea: es un gitano de las Tres Mil.
Sin embargo, Moreno se resistió a ese falso diagnóstico y consiguió salir por voluntad propia y con la ayuda de su esposa y de su gente. Se enroló en el ejército, culminó una carrera y ahora se dedica de lleno a ayudar a personas en situaciones similares a la que él padeció y a sus familias, así como a reclamar una y otra vez recursos para abordar estos problemas, especialmente en entornos desfavorecidos donde los pacientes no pueden permitirse una atención privada, tardan más de seis meses en recibir la primera asistencia profesional y disponen tan solo de una o dos revisiones anuales.
En este sentido, calcula que el sistema público dispone de unos cinco psicólogos por cada 100.000 habitantes cuando la media europea es de 18. Esta falta de atención, unida a la presencia de elementos detonantes de los problemas mentales en los entornos más desfavorecidos, genera lo que denomina un “cóctel molotov” para la salud mental.


























































