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Desde Huelva al mundo: Seabery y la revolución silenciosa de la soldadura

La empresa especializada en la enseñanza de esta técnica con realidad aumentada es líder en EE UU y se ha asentado en el mercado chino

De izquierda a derecha Adolfo García, director de operaciones, Chialing Yang, coordinadora de ventas y marketing para Asia y Basilio Marquínez, presidente ejecutivo de la empresa Seabery Soluciones, en Huelva.PACO PUENTES

La sede de Seabery en Huelva tiene alma de taller y de aula a la vez. “Es el único lugar de la ciudad donde todos hablan inglés”. Es una afirmación de Chialing Yang, 29 años, natural de Taiwán y que todavía no domina el español. Es un espacio amplio y luminoso donde el saludo es ritual y el pasillo un ecosistema de complicidades. Allí, Basilio Marquínez, presidente ejecutivo, repasa el origen de una empresa que exporta desde la capital onubense una manera distinta de aprender a soldar: con realidad aumentada, con datos, con método. Y con una idea que le cambió la mirada en 2009: “La soldadura está en todas partes. Sostiene nuestro sistema de vida”.

Marquínez venía de otro ámbito profesional. “Ni tecnológico ni industrial”, puntualiza con ironía. Todo empezó con un café y la petición de un amigo para ayudarle a financiar un simulador de soldadura. “Me sonó raro. Quería entender mejor el problema y su posible valor”. El sistema de aprendizaje tradicional “era caro, lento e ineficiente. Mucha teoría, mucha ‘prueba y error’, y cada prueba costaba dinero invertido en metal, gas, electrodos, talleres, extracción…”. La intuición se convirtió en convicción: había una oportunidad para introducir tecnología que hiciera la formación más eficiente, segura y medible.

Antes de escalar, Marquínez quiso contar con una base como punto de partida. “Necesitaba números con base científica”, cuenta. Organizó en Asturias un caso de estudio con dos grupos idénticos de jóvenes sin experiencia previa: uno se formó como siempre (cabinas reales) y otro arrancó con simuladores para terminar en taller real. “Los que usaron simulador pasaron un 60% menos de tiempo en taller; el gasto en consumibles cayó casi un 60%; y se cualificaron un 34% más en el examen oficial”, recuerda. “Menos coste, menos tiempo y mejor resultado. Ahí supimos que el camino era éste”, recalca.

El primer muro apareció en casa. “En España, la formación pública en soldadura es 100% pública y con poca inversión”. La respuesta fue clara: internacionalización. Con apoyo de Extenda, Seabery inició una primera ruta y demostraciones por Europa del Este. “Viajábamos con el simulador metido en una maleta rosa y amarilla”, ríe, “era feísima, pero cabía todo”. La aventura inicial dejó paso a los primeros contratos. “La primera gran venta llegó de Sudáfrica: compararon y eligieron el nuestro”. Desde entonces, más de 80 países han incorporado su tecnología.

Realidad aumentada antes que nadie

Seabery dio pronto un salto clave: “Las primeras versiones con realidad virtual no funcionaban bien para enseñar a soldar. En 2011 apostamos por realidad aumentada. Entonces nadie la usaba en formación técnica”. La lógica era simple: en soldadura, como en pintura industrial, cuentan la distancia de la antorcha, el ángulo, la velocidad de mano y la cantidad de material. Cuanto más realista sea la simulación, mejor memoria muscular adquiere el alumno, menos material desperdicia y más seguro practica”, expone.

La gama creció hacia dos direcciones. En un extremo, STEM Welding, una puerta de entrada barata y móvil: un teléfono hace de visor y cerebro, la antorcha va por Bluetooth y el alumno puede realizar prácticas de soldadura semiautomática (MIG/MAG) con piezas físicas simples. En el otro extremo, Seabery Welding, el simulador avanzado con licencias de varios niveles que permite practicar desde uniones sencillas a configuraciones complejas con electrodos, hilo sólido y tubular, o electrodo de tungsteno inconsumible.

La fábrica de ensamblaje está en una nave del Puerto de Huelva. “Desde el primer tornillo”, presume Marquínez. Con una excepción estratégica, la de Estados Unidos. Allí, desde hace años, Seabery tiene un acuerdo con la multinacional Miller Electric para comercializar el producto Augmented Arc by Miller. “Con el mismo corazón y el mismo software, aunque con algunas diferencias desarrolladas en conjunto”, explica.

En el conteo humano, el salto impresiona: “Éramos cuatro. Hoy somos casi 150”. La cifra incluye personal en España y equipos en Alemania (filial), Estados Unidos, Reino Unido, Francia, República Checa, México y China.

Dos miradas del mismo impulso

“Me enamoró el proyecto y me enamoró la empresa”, dice Adolfo García, ingeniero industrial, hoy responsable de Operaciones. Llegó en 2015 “para echar una mano unos meses” y se quedó: “Encontré en Huelva lo que echaba de menos para crecer”. Hoy coordina compras, fabricación y logística y ha pilotado el desembarco en China, donde vivió año y medio: “El chino lo estudio, pero es lo más difícil que he hecho”, bromea, “en Seabery hemos apostado por la solidez más que por el ruido”.

La otra mirada la aporta Chialing Yang , taiwanesa, coordinadora de ventas y marketing para Asia. “Entré de prácticas porque necesitaban a alguien que hablara mandarín”, cuenta. Primero trabajó en remoto desde Madrid; luego se mudó a Huelva. “Al principio vendíamos en China desde España y era muy limitado. Abrimos filial en Guangzhou y empezamos a ensamblar para el mercado chino. Crecimos porque nos adaptamos al mercado local”. De Seabery le gusta su agilidad: “La empresa reacciona rápido y asume riesgos. Nos escuchan”.

“China es enorme y proteccionista”, admite Marquínez. El plan pasó por montar una filial, acordar un ensamblaje local con un partner industrial y cambiar la estrategia de ventas, sustituyendo un gran distribuidor por otros más pequeños para ganar capilaridad. “Tenemos dos empleados propios en China que hacen de’ regional managers”. El producto, diseñado específicamente para el mercado chino, entra con etiqueta local. “Ya estamos vendiendo más, pero el proceso es complejo”.

El último ejercicio se cerró con menos de 20 millones de euros de facturación, “por debajo de lo esperado”. ¿La razón? “La situación geopolítica ha movido el dinero”, sostiene Marquínez. “Se va más presupuesto a Defensa que sale de otros sitios, como la educación”. Cita un caso en Francia: “Ganamos una licitación de medio millón. Todo adjudicado sobre el papel. El pedido nunca llegó porque no llegó el dinero a los centros”. Lejos de replegarse, Seabery abre una derivada de ingeniería. En 2025 constituyó Seabery Industrial para ofrecer servicios avanzados en metalurgia y procesos de soldadura. “Es una oferta 360 que integra el diseño y la optimización de procesos reales, formación a medida con nuestros simuladores Pro y control de calidad en tiempo real para detectar defectos cuando ocurren”.

La conversación vuelve, inevitablemente, a la escasez global de soldadores cualificados. “Si las administraciones no se lo toman en serio, el problema será grave”, advierte Marquínez. “No hay reemplazo por jubilación para los profesionales del sector y los jóvenes no conocen el oficio”. La paradoja es evidente en un contexto con regiones enteras en Andalucía—como el sector naval de la Bahía de Cádiz o el futuro Valle del Hidrógeno Verde de Huelva y Algeciras— que necesitan soldadores. Sin embargo, la formación se sigue planteando sin exigir tecnología de simulación. “Con el mismo dinero, formaríamos a más gente, más rápido y mejor”. Su tesis es que la simulación y el diseño de procesos no solo aceleran la formación: la hacen atractiva para nuevas generaciones y más eficiente para la industria.

En Huelva, el pulso del edificio confirma que la actividad no cesa. “Nos centramos en las personas”, insiste García. “Creemos en traer talento a Huelva, en el potencial joven, y en valorar la experiencia senior”. En los pasillos, ese discurso se concreta en detalles: multilingüismo, equipos interdisciplinarios, y la mezcla de hardware y software convertida en seña de identidad de la empresa. “Seabery ha crecido porque supo enfocarse en los procesos, las personas y el impacto”, añade Adolfo. Basilio coincide: “Pasar de micro a mediana empresa te vuelve más procedimental, pero sin proceso no hay escala”. La empresa se reconoce pyme en espíritu —ágil, cercana— y global en ambición.

El simulador de pintura industrial avanza en su lanzamiento gradual con buena acogida. China empieza a traccionar con la red capilar y el ensamblaje local. Seabery Industrial promete un nuevo motor de crecimiento. “Si mejoramos cómo se enseña y se controla la soldadura, mejoramos industrias enteras”, concluye Marquínez. “Lo haremos desde Huelva y para el mundo”.

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