Ir al contenido
_
_
_
_
‘Caso Kitchen’
Opinión

La gente siempre me pregunta si conozco a Mariano Rajoy

Rajoy ya se autopercibe como Rajoy, algo que se venía rumiando en su entorno desde hace años: “Empieza a comprender”

El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy, durante su declaración en la Audiencia Nacional, este jueves.

–¿Le llaman a usted El Barbas o El Asturiano?

–Yo me llamo Mariano Rajoy, como todo el mundo sabe, y luego cada uno me llama como quiere. Por tanto, pregúntele a ellos.

Hubo algo conmovedor en ver a Mariano Rajoy pronunciando su propio nombre. Como si después de una larga travesía, el hombre hubiese llegado a su destino: él es Mariano Rajoy, del que todo el mundo habla, como todo el mundo sabe, y ya tiene conciencia de sí mismo. Un personaje construido por los medios que hasta a él le hacía gracia y siempre le sonaba un poco cuando lo veía en televisión. Podría decirse que Rajoy ya se autopercibe como Rajoy, algo que se venía rumiando en su entorno desde hace años: “Empieza a comprender”. La persona estaba llegando por fin al personaje, y no había mejor escenario que la Audiencia Nacional para dar una patada a la puerta y ponerse la máscara: “Yo soy Mariano Rajoy, como todo el mundo sabe”. Sólo podría mejorar ese inicio parafraseando a El club de la lucha: “La gente siempre me pregunta si conozco a Mariano Rajoy”.

El Maradona de Sorrentino en La juventud le dice a un niño que es zurdo. El niño abre mucho los ojos: “Todo el planeta sabe que eres zurdo”. Pues igual Rajoy. El mundo ya sabía quién eras tú, sólo faltabas tú.

De pie, con las manos entrelazadas en la espalda como si estuviese en la barrera de una falta directa, el cuerpo ligeramente encorvado hacia delante. El traje de siempre, azul marino. Figura apacible y distraída o nerviosa, quién puede descifrar a un hombre delante de un tribunal. La presidenta le pregunta si aparte del ministro de Interior y del secretario de Estado, conoce a algún acusado más.

–Sí, al secretario de Estado.

–No, eso ya se lo he dicho yo.

–¿Eh?

–Que eso ya se lo he dicho yo.

–Ah, bien. Pues conozco al ministro y al secretario de Estado.

–Puede sentarse.

Rajoy mira la silla.

–¿Me siento?

–Sí, como quiera.

No da tregua Rajoy.

Contesta “no” a casi todas las preguntas. Luego se da un respiro y dice, a preguntas de si metió en la trituradora algún papel de Bárcenas: “Eso es absolutamente falso”. A veces el “no” no es suficiente, exige adverbios largos, contundencia.

Hay trifulca entre la presidenta del tribunal y una de las abogadas. Rajoy aprovecha para mirar a los lados, curioso, estirar la chaqueta. Le preguntan si estaba al tanto de los seguimientos a Bárcenas y su familia. Dice que no. A ratos se encoge de hombros, que es su manera de expresar escándalo: “Qué preguntas me hace, señor mío, voy a andar yo por Madrid adelante asomándome a las esquinas con una lupa para ver qué hace el de Taburete”.

Casi al final le preguntaron —la defensa de Jorge Fernández Díaz— si un ministro del Interior, como lo fue Fernández y lo fue él mismo, está al tanto de todas las operaciones policiales que se hacen en España. La pregunta, claro, le gustó a Rajoy. Responder obviedades le hace chapotear en su salsa. La salsa de Rajoy, donde Rajoy brilla, es en la obviedad (“mi nombre es Mariano Rajoy”). Ahí se desenvuelve como nadie y muchos de los memes que circulan sobre él tratan sobre su manera de abordar obviedades hasta convertirlas en la conjetura de Poincaré. “Pues mire. Por supuesto que uno no puede estar al tanto de todas las operaciones. Sería absurdo”. Y empieza un desbarre que termina con él dirigiendo una operación de narcotráfico, dice, en Algeciras. “No me veo diciendo: pues a este hay que detenerlo aquí, y mejor el martes que el jueves”. Hubo un silencio en la sala, todos recreando el momento.

Se le preguntó mucho a Rajoy por Bárcenas, así que emergió bastantes veces el Doctor No. “Relación puramente profesional”. Le preguntan si ha escrito “Luis, sé fuerte”, y contesta que lleva viendo ese mensaje publicado todos los días los últimos 15 años, así que supone que sí. Otros mensajes, de Bárcenas o de él mismo, no los recuerda o no los reconoce en absoluto. ¿Le escribió a su extesorero: “Hacemos lo que podemos”? “Ese mensaje no lo he mandado yo. No tengo ni idea de qué es eso”. Habrá sido el chaval jugando al Call of Duty desde el móvil. Menos mal que no escribió “acabo de matar a dos”. Bárcenas sofocado en casa: “Pero Mariano, tampoco era eso”.

Rajoy dio por terminada su relación con Bárcenas cuando descubrió que Bárcenas tenía 48 millones de euros en una cuenta en Suiza, o sea, el momento elegido por cualquier otro para profundizar en esa relación, invitarlo a cenar a casa o algo. Le honra a Rajoy. Luego le robaron el móvil un par de veces y se mandaron unos mensajes extraños, es verdad. Igual fue hasta él: la noche es muy tramposa.

Bárcenas, le dice Rajoy al tribunal, “no era trigo limpio”. Y se quejó de algo muy humano: Bárcenas iba por toda la ciudad quejándose de que el partido no le apoyaba y que si patatín y que si patatán. Este fue un Rajoy dolido porque Rajoy, desde que sabe que es Rajoy, frecuenta muchos y buenos restaurantes, pasea las calles y se roza con el mundo, sacándose fotos con él. “Yo soy Mariano Rajoy, pero llámame como quieras, que ya te veré en la Audiencia Nacional”.

Rajoy sabe que un chisme tiene más recorrido que una portada, porque además el chisme se descontrola, se exagera y se agarra a las sobremesas de gente que sabe, conoce y hasta probablemente quiere a Mariano Rajoy. Y Bárcenas iba contando por ahí, despechado, que el partido no le apoyaba, se queja Rajoy ante el tribunal.

¿Y qué quería Rajoy, que fuese Bárcenas, con los 48 millones suizos en el bolsillo, contando que tenía el apoyo del partido?

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_