Líbano describe como “crimen de guerra” el bombardeo israelí contra periodistas y anuncia que acudirá a la justicia internacional
Beirut acusa a Israel de “ocultar la verdad” con ataques que desde 2023 han matado a 27 informadores en el país


Líbano permanece este jueves instalado en la conmoción tras un episodio iniciado la víspera, y que se alargó de manera agónica hasta la madrugada, en el que Israel bombardeó primero a dos periodistas en el sur de Líbano y luego a los rescatistas que trataban de encontrarlas entre los escombros. La ofensiva, que mató a una de las dos informadoras, ha propiciado la firme condena de las máximas autoridades libanesas, que describen la agresión como un “crimen de guerra” y anuncian que acudirán a los organismos internacionales para buscar rendición de cuentas.
El primer ministro libanés, Nawaf Salam, y el presidente, Joseph Aoun, han coincidido en denunciar a Israel por lo que describen como “ataques deliberados” contra los periodistas, y denuncian incluso la existencia de un modus operandi. “Los ataques israelíes contra reporteros en el sur de Líbano mientras desempeñan su labor profesional no es un incidente aislado”, ha dicho Salam, que hasta 2025 presidía el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ). “[Es] un patrón comprobado que condenamos y rechazamos, como hacen todas las leyes y convenciones internacionales”.
Pese a la existencia de una tregua temporal que vence el domingo, y cuya extensión negociarán este jueves los embajadores israelí y libanés en Washington, las tropas israelíes lanzaron dos bombardeos el miércoles sobre el municipio meridional de Tiri. El primero mató a dos personas, entre ellas el mokhtar (notable) de la aldea. El segundo, según denuncia el Ministerio de Sanidad libanés y reconoce el ejército israelí, apuntó directamente contra Amal Khalil, reportera del diario Al Akhbar, y Zeinab Faraj, la fotógrafa que la acompañaba. Khalil, que durante el repunte bélico de 2024 denunció haber recibido amenazas de muerte por parte de Israel, perdió la vida bajo los escombros.
Los rescatistas, sin embargo, no pudieron llegar hasta Khalil, de 42 años de edad, hasta la medianoche. Tras bombardear el municipio, el ejército israelí negó el acceso del ejército libanés y de la Cruz Roja Libanesa durante horas. La agencia estatal de noticias libanesa afirmó que Israel estaba “sitiando” a las periodistas.
El Gobierno de Líbano buscó levantar el bloqueo israelí mediante todas las vías disponibles. Apeló al Mecanismo, como se conoce al comité liderado por Estados Unidos que supervisa la tregua firmada en 2024 entre Israel y Hezbolá, y que sirve de enlace con las autoridades israelíes. También acudió a la misión de paz de las Naciones Unidas en Líbano, otro mediador habitual entre dos países sin relaciones diplomáticas.
Los esfuerzos fueron en vano. Un avión teledirigido israelí disparó una granada aturdidora sobre los miembros de la defensa civil mientras buscaban a las informadoras entre los escombros, provocando una retirada de emergencia en la que las ambulancias recibieron disparos. Los sanitarios pudieron llevarse en ese momento a las dos víctimas mortales del primer ataque y a Faraj en estado grave —ya estable, tras una intervención en la cabeza—. La huida dejó atrás el cuerpo de Khalil, cuya búsqueda no se pudo retomar hasta entrada la noche.

“Atacar a periodistas, impedir el acceso de equipos de ayuda humanitaria e incluso atacar nuevamente ese lugar cuando estos equipos han llegado constituye crímenes de guerra”, ha protestado Salam, en un comunicado emitido de madrugada, minutos después de que Al Akhbar confirmara la muerte de su periodista. Mientras extendía las condolencias “a toda la comunidad periodística libanesa”, el primer ministro advertía que Líbano “no escatimará esfuerzos” para perseguir estos crímenes ante la justicia internacional.
“El crimen del enemigo sionista no nos sorprendió en absoluto”, ha denunciado el líder del comité parlamentario de prensa y comunicaciones, Ibrahim Moussawi. El diputado es miembro del bloque parlamentario de Hezbolá, una formación política que participa en las autoridades nacionales mientras su brazo armado libra una guerra contra Israel cuyo lanzamiento no consultó con el resto del país. “Es una nueva mancha negra en el historial del enemigo, que se ha acostumbrado a asesinar a periodistas y a destruir sus oficinas y equipos para impedirles difundir imágenes de sus crímenes contra civiles en Líbano y Palestina”, ha agregado el parlamentario.
“Sabemos donde estás”
La muerte de Khalil, que una congregación de ciudadanos y periodistas llora este jueves en una vigilia en la plaza de los Mártires de Beirut, es de algún modo una muerte anunciada. En septiembre de 2024, en medio de la peor parte de la ofensiva que Israel lanzó sobre Líbano después de que Hezbolá iniciara el año anterior un conflicto de baja intensidad en apoyo a Gaza, esta periodista libanesa —conocida por su cobertura de guerra en el sur de Líbano— denunció haber recibido amenazas de muerte israelíes en su teléfono móvil.
Según la versión de Khalil, el mensaje —cuya existencia este diario no puede corroborar de manera inmediata— describía sus movimientos habituales, le advertía que la alcanzarían “cuando llegue el momento” y le sugería el exilio si quería mantener “la cabeza sobre los hombros”.
El miércoles, la portavoz de las tropas israelíes en árabe, Ella Waweya, aseguró que el ejército había disparado contra dos vehículos en Tiri “que habían abandonado un edificio militar utilizado por Hezbolá”. La nota castrense reforzó la justificación del ataque al precisar que los automóviles “habían sobrepasado la línea de defensa avanzada y se acercaban a las fuerzas israelíes de una manera que constituía una amenaza de muerte”.
Aunque Israel vincule el ataque con la penetración del vehículo en la Línea Amarilla —la frontera interna que ha dibujado en el sur de Líbano alrededor de las aldeas que ocupa, y que llama “línea defensiva avanzada”—, la metralla israelí ha matado a un total de 27 reporteros en Líbano desde octubre de 2023, según el Sindicato de Editores de Prensa Libanesa.
El primero de esos incidentes mortales sucedió el 13 de octubre de ese año, cuando solo hacía cinco días que Hezbolá había iniciado el frente contra Israel. Un misil contra una colina en Alma el Shaab, un municipio fronterizo y hoy arrasado desde donde un grupo de periodistas cubría la guerra, mató a Issam Abdallah, periodista libanés que trabajaba para la agencia Reuters, e hirió a otros seis —uno de ellos, estadounidense—, causando heridas de distinta consideración, incluyendo amputaciones. El último tuvo lugar el pasado 30 de marzo. Un doble misil mató a tres periodistas libaneses que viajaban en un vehículo cerca de Jezzine, en el sur de Líbano. Eran Ali Shoei, de la televisión al Manar, afiliada a Hezbolá; Fatima Ftoumi, reportera de la cadena proiraní Al Mayadeen; y su hermano Mohamed Ftoumi, de la misma cadena. En un comunicado, el ejército israelí describió a Shoei y a Ftoumi como “terroristas” del brazo armado de Hezbolá, aunque no aportó pruebas que lo demostraran.
Khalil será enterrada durante la tarde del jueves en Basariye, su municipio natal en el sur de Líbano, después de haber muerto en un territorio libanés ocupado por Israel, tal y como nació en 1984.


























































