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El rescate de un niño de tres años tras caer a un pozo de 15 metros en Toledo: “Nos hablaba, sollozaba, te respondía con los deditos”

Un operativo de ocho bomberos salva la vida de un menor que el pasado sábado se precipitó a un pozo en desuso en una finca del municipio de Tembleque

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Así fue el rescate del menor de tres años que cayó a un pozo de 15 metros de profundidad en el municipio de Tembleque, Toledo
Rescate de un niño que cayó a un pozo en Toledo.Foto: Bomberos de Toledo | Vídeo: EPV

El bombero Alejandro Cedena sabe lo importante que es una buena coordinación para afrontar un rescate complejo. Y el del pasado sábado, en una finca de Tembleque (Toledo), lo era. A las 13.32 el 112 avisó al Consorcio Provincial de Bomberos de Toledo (CPEIS) de la caída de un niño de tres años a un pozo de unos 15 metros de profundidad. En todas sus actuaciones, el tiempo de respuesta es primordial cuando hay vidas involucradas.

Por cercanía, se movilizó a los parques de Orgaz y Villacañas. La primera de las dos dotaciones activadas, con ocho bomberos en total, llegaba al lugar en poco más de 20 minutos. La escena, la que cabe esperar de una situación así: la angustia de unos padres que, en cuestión de segundos, habían perdido de vista a su hijo, que se había precipitado al fondo de un pozo que el alcalde de esta localidad toledana, Jesús Fernández, describe “como un sondeo”, uno de los muchos que salpican las fincas y campos de la comarca.

Las perspectivas del rescate mejoraron al comprobar que el pozo estaba seco y que el menor, pese a la caída, estaba consciente. “Nos hablaba, sollozaba, te respondía con los deditos cuando le preguntabas los años que tenía”, cuenta Cedena, jefe de mando ese día. Rápidamente se armó el rescate. Por el pozo, cuya boca medía apenas 35 centímetros pero que después se ensanchaba, y ayudado por un polipasto —un sistema de poleas sujetado a un trípode—, uno de los bomberos se deslizó hasta llegar al niño.

Los niveles de oxígeno en el interior y las heridas del pequeño, aparentemente leves, permitieron afrontar el rescate “con premura, pero con mayor seguridad”, intentando, explica Cedena, “que el eje cabeza-tronco estuviera lo más alineado posible para no agravar su estado”. El bombero que se infiltró en el pozo, Daniel, alias El Ruso, estabilizó al menor y lo colocó en un triángulo de evacuación anclado a su cuerpo mientras el resto tiraban de ambos hacia arriba desde fuera.

El polipasto, detalla Cedena por teléfono desde Francia, adonde viajaba pocas horas después del rescate para asistir a una formación, “permite elevar, con poquita fuerza, la carga que tengamos, que en este caso eran el menor y el compañero que accedió al pozo”. El vídeo grabado por él mismo, y que el CPEIS ha difundido en sus redes sociales, muestra la salida del bombero por la boca del pozo y antes de ese momento los destellos de su chaleco y de su casco a esos 15 metros de profundidad, en la oscuridad más absoluta.

“Visualmente es espectacular que un bombero salga por un sitio tan estrecho, pero eso lleva un trabajo detrás mucho mayor”, insiste Cedena para remarcar la labor de todos los compañeros que participaron en el operativo de ese día. “Hay tareas que son más visibles y otras menos, pero es un trabajo conjunto. Unos se encargan del izado, otros del cordaje, otros de la seguridad de los bomberos que adentran en el pozo...”, subraya.

El equipo descartó la idea de hacer una cata o ensanchar el brocal para evitar que los cascotes cayeran al fondo e hirieran al niño. El rescate, con los bomberos ya en la finca, duró menos de una hora. Es casi un milagro que el pequeño, que apenas sufrió heridas leves, pudiera salir casi indemne de un episodio así. “Estamos acostumbrados a que estas cosas tengan un final peor y esta vez hemos tenido la suerte de que no haya sido así”, celebra el jefe del equipo.

El pozo no tenía agua, sólo arena en su base. La finca es una especie de cortijo aislado entre los municipios de Turleque y Tembleque, en el paraje de la Ermita del Cristo del Valle, con un pozo sellado con cemento bajo un antiguo molino de agua, pero con una abertura en un lateral. El menor se encontraba en una celebración familiar cuando los padres le perdieron la pista. “Se dieron cuenta de que no estaba y cuando fueron a buscarlo vieron que se había caído por el pozo”, explica el regidor de Tembleque.

Lo que se mascullaba como una tragedia tuvo un final, pese a todo, feliz. Ya en el exterior, el niño —según el alcalde, “en aparente buen estado”—, fue atendido por los medios sanitarios desplazados al lugar. Sin apenas tiempo para que los progenitores pudieran arrumarle entre sus brazos, fue trasladado en una UVI al Hospital Universitario de Toledo, donde, según fuentes hospitalarias, permanece ingresado en observación. La Guardia Civil investiga si la arqueta del pozo estaba o no colocada minutos antes de que el niño se precipitara al vacío.

“Si lo piensas fríamente, es increíble. Cuando terminas la intervención, te das cuenta de que la realidad supera muchas veces la ficción”, señala Cedena. El bombero, con 26 años de experiencia, y sus compañeros ya han afrontado otros rescates similares. “No son intervenciones que hagamos todos los días, pero tenemos el número suficiente como para estar formados y cualificados para este tipo de situaciones”, resume.

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