Miguel Urbán: “Intentaron destruirme como forma de destruir unas ideas”
El exeurodiputado de Podemos ha logrado que la Audiencia Nacional investigue el intento de implicarlo en un caso de narcotráfico en plena guerra sucia contra el partido


Tras meses de batalla, Miguel Urbán (Madrid, 46 años) ha conseguido que la Audiencia Nacional ordene indagar en las maniobras policiales urdidas en 2016 contra él en plena guerra sucia contra Podemos, cuando se le intentó implicar en un caso de narcotráfico (una supuesta entrega en un bar del barrio de Malasaña de 40 kilos de cocaína “procedentes de Venezuela” para “financiar los gastos de campaña” del partido, que la Fiscalía Antidroga archivó tras no encontrar nada). El antiguo eurodiputado y militante de Anticapitalista, que atiende a EL PAÍS por teléfono, se muestra satisfecho por el paso, pero muy prudente ante la posibilidad de conseguir sentar a alguien en el banquillo por los “montajes” construidos para evitar que “unas ideas llegaran a gobernar”.
Pregunta. Ha hecho falta casi un año para que la Audiencia lo acepte como perjudicado e inste a investigar las maniobras contra usted. ¿Cómo valora que se haya tardado tanto tiempo?
Respuesta. Ha sido injustificable y un intento, por todos los medios, de no incorporarme a la causa. Al principio, además, no querían incorporar toda la información que se ha destapado sobre la Operación Cardenal [nombre con el que se bautizó las maniobras contra él]. Ha sido en segunda instancia. ¿Por qué no se quería incorporar a esta causa? Porque, presuntamente, hay delitos muy graves cometidos, no por una manzana podrida, no por un comisario cualquiera, sino por la cúpula de la Seguridad del Estado en época de Mariano Rajoy. Son palabras mayores.
P. Las maniobras contra usted coinciden con el auge de la guerra sucia contra Podemos. Usted ve una conexión evidente, ¿le sorprendió que el juez instructor Santiago Pedraz no lo considerase así?
R. Yo creo que es todo nítido y claro, pero que no lo quería ver. Varios comisarios alegan haber investigado a Pablo Iglesias o al senador [José] Arrieta porque eran de mi círculo cercano y me estaban haciendo una investigación a mí. Pero yo, en 2015 y principios de 2016, no conocía a Arrieta. Estamos ante diferentes piezas separadas de una misma guerra sucia. Yo creo que no se quería ver porque señala a instancias muy altas. La Operación Cardenal, que versa sobre mí, era un intento de atacar, judicializar y hacer una investigación prospectiva sobre mí, sobre Podemos y sobre Anticapitalistas, que fue una parte fundamental de Podemos.
P. El relato que se puso sobre la mesa contra usted mezcla tráfico de drogas, Venezuela, financiación irregular...
R. Es que no había ningún interés de que fuera verosímil. El informe policial al que yo he tenido acceso son 200 y pico páginas, en donde hay toda una investigación prospectiva sobre mi vida que no se limita a 2015 o 2016, sino que llega hasta 2006 y que utilizan presuntamente métodos ilegales para conseguir información: entran en mis cuentas e investigan a mi entorno. Para ello, se inventan una coartada fuera de lugar; en la que hablan de un bar en el que yo nunca he estado, en un barrio al que yo no suelo ir a tomar nada y que puede ser que no lo hubiera pisado para eso desde 2008... Hablan de cosas inverosímiles, como que llevaba 40 kilos en una mochila (cualquier persona puede pensar que llevar 40 kilos en una mochila no es algo sencillo), que esos kilos eran de cocaína y que monto un espectáculo en medio de un bar con miles de testigos... Era absurdo. Yo, en ese momento, estaba saliendo prácticamente cada día en televisión y era muy reconocible por la gente... Si no gozaran de tanta impunidad, podrían haber inventado algo más plausible. Pero no buscaban que fuera creíble. Consiguieron que la Fiscalía Antidroga mantuviera abierto el caso nueve meses. Cuando ves esto, piensas en la impunidad que deben sentir para que ni siquiera crean que el relato deba ser creíble. Es brutal.
P. El comisario José Luis Olivera, que envió la nota a la Fiscalía que provocó la investigación contra usted, dijo al juez que él solo hizo de transmisor: que le llegó la información de un confidente y que la pasó a Antidroga. ¿Qué le parece esa explicación?
R. Pues que se está defendiendo. El informe que está en manos de la Audiencia Nacional demuestra que, no solo lo inició Olivera, sino que él, la UDEF y puede ser que Villarejo, ya veremos si se confirma, construyeron y presionaron para evitar que la Fiscalía cerrara el caso. Si Olivera no me conocía, no tenía ningún interés y solo dio trámite, por qué se opuso y buscó nuevas pruebas para evitar que la Fiscalía lo cerrara en tres ocasiones. De hecho, un policía investigado, ante la pregunta de si hubiera tramitado una investigación si le hubiera llegado una información en estos términos, dijo que ‘no’ y que era totalmente irregular. Hay una decisión política en todo esto y ese es el elemento clave. Se puso a la Jefatura de la Seguridad del Estado a trabajar para evitar que unas ideas y unas propuestas políticas pudieran llegar a ganar las elecciones.
P. ¿Qué sintió al conocer el relato de narcotráfico que se hizo para implicarlo?
R. Era un momento muy complicado. Mi madre estaba muriendo y yo no estaba en mi mejor momento anímico. Me llamó un periodista de Infolibre y simplemente me preguntó si un número de DNI era el mío. Le dije que sí y me dijo: ‘Ha habido una investigación de la Fiscalía Antidroga contra usted en 2015-2016’. El nivel de indefensión es brutal. Yo sé perfectamente que esto no era una cuestión personal contra mí, sino contra unas ideas y una propuesta política. Pero uno no deja de sentirse extremadamente vulnerable. Si han llegado a hacer esto, qué no podrían haber llegado a hacer. Me intentaron joder la vida. No había leyes y no había normas para ellos. Todo era posible y factible para intentar destruirme como una forma de destruir unas ideas que defendía y de las que era una cara visible. Evidentemente, habla mucho de la democracia que tenemos.

P. ¿Usted era un instrumento para atacar a Anticapitalistas y por extensión a Podemos?
R. Claro. Porque daba igual el nombre. Al final, [el objetivo] era atacar a unas ideas y atacar la posibilidad de que, como decían en ese momento las encuestas, unas ideas pudieran llegar a gobernar. Hay que recordar que en 2015 esas ideas ya gobernaban en las principales capitales del país con nombres diferentes: Barcelona, Madrid, Santiago, Valencia, Cádiz, Zaragoza, Oviedo... Se hacía posible que llegáramos a ganar. Recuerdo unas palabras de Esperanza Aguirre que dijo: ‘Hay que evitar, como sea, que vuelvan los soviets a Madrid’. Esa lógica (evitar como sea que ideas diferentes a lo establecido puedan gobernar) es lo que se estaba combatiendo. La guerra sucia es contra eso. Pablo o cualquiera de nosotros, éramos intercambiables. El elemento clave era atacar a esa posibilidad, atacar esas ideas y atacar que fuera posible el cambio.
P. La Sala de lo Penal deja en manos del juez la posibilidad de abrir una pieza separada para investigar las maniobras contra usted. ¿Va a incidir en esa línea?
R. Queda en manos del juez. Nosotros lo primero que hicimos fue intentar que fuera una pieza separada. Ahora está en su tejado. Y también decidir qué puede conllevar esto, porque hasta ahora se ha negado a imputar a Olivera. Y, en cierta medida, esto es un impulso a que se vea obligado a tener que imputarlo. Yo lo que pido es que el juez Pedraz, que se ha tomado en serio casos importantes en otro tiempo, se tome en serio este caso.
P. Usted ha dicho que teme que esta causa acabe sin que nadie pague por estas maniobras. ¿Por qué?
R. Porque han tardado un año en dejar que me persone. Ha sido contra viento y marea, y con todo tipo de excusas peregrinas. El juez Pedraz no me aceptó en un primer momento diciendo que esto era otro caso; y yo me querellé entonces y otra jueza me dijo que no se podía armar un caso con notas de prensa. Pedraz aún no había aceptado incorporar esa información [sobre la Operación Cardenal], pero sabíamos de la existencia de ese dosier policial y que estaba en la Audiencia Nacional. Solo tenían que pedirlo. La lentitud con la que se obra... Parece que se está intentando que prescriba o que nos cansemos.
P. ¿Y usted se va a cansar?
R. De momento, no me he cansado. Yo recuerdo que, cuando fui a pedir el poder para el abogado, el notario me dijo que tenía que poner los nombres de las personas contra las que me querellaba. Y según le iba diciendo el nombre del director del CITCO [Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado] y del director de la UDEF, veía cómo se le iba cambiando la cara al notario. Y cuando terminamos, me dijo: ‘Bueno, que tenga usted mucha suerte’. Claro, es que no estamos hablando de manzanas podridas, es que el cesto está podrido. Y, para mí, la cuestión no es solo si se les condena o no, sino sobre todo que se conozca lo que ha pasado y que se vean las limitaciones del modelo y de nuestra democracia. Creo que hay una dinámica y una tónica de perseguir a todo aquel que intenta cambiar las cosas.
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