Pedro Sánchez se aferra a la UE para intentar protegerse de Trump
El presidente se encierra en La Moncloa a meditar la respuesta y comparecerá sin preguntas y sin periodistas


Pedro Sánchez parece totalmente decidido a aguantar la posición frente a Donald Trump, pero en La Moncloa no ocultan que la situación se ha agravado con el mensaje del presidente de EE UU que amenaza con un bloqueo comercial a España. Sánchez cree que Donald Trump no podrá tomar represalias individuales contra un país europeo, porque toda la UE actúa de forma conjunta en los acuerdos comerciales. Por eso el comunicado de La Moncloa se centra en ese asunto, en la protección que le da a España ser miembro de la UE. Hasta ahora eso ha funcionado, y las amenazas de Trump se han quedado en palabras, pero nadie se atreve a hacer previsiones con el presidente de EEUU.
En cualquier caso Sánchez, después de hablar con todos sus colaboradores más cercanos para preparar la comparecencia de este miércoles, parece decidido a aguantar la posición y a erigirse en una especie de líder de un nuevo “no a la guerra” como el de 2003, precisamente ahora que Alberto Núñez Feijóo reivindica a Aznar al cumplirse 30 años de su primera victoria electoral, en 1996.
El presidente lleva dos días encerrado en su despacho, contactando con colaboradores, en especial los ministros de Exteriores y Economía, haciendo llamadas también internacionales —habló con el líder chipriota para expresarle su solidaridad—, pero sin comparecencias públicas de ningún tipo, al contrario que otros dirigentes destacados europeos, que han lanzado mensajes directos de máxima gravedad a sus ciudadanos.

El presidente habló ante la prensa el domingo, en Barcelona, y desde entonces ha dejado el protagonismo a sus ministros. Para cambiar esa dinámica, que destacaba por la diferencia con otros lideres europeos, Sánchez ha decidido finalmente comparecer este miércoles desde La Moncloa pero sin preguntas y sin periodistas, en una declaración institucional para analizar la situación internacional y explicar mejor la posición de España, hasta ahora la más dura entre todos los aliados europeos con un rechazo tajante a la guerra de Donald Trump y Benjamín Netanyahu en Irán. Sánchez ha minimizado su exposición a preguntas de la prensa, y prácticamente solo ofrece ruedas en los viajes al extranjero, y también ha reducido las entrevistas, que hace con cuentagotas.
Sánchez está analizando la posibilidad de solicitar una comparecencia extraordinaria en el Congreso ante la situación creada por la guerra en Irán, que puede tener consecuencias económicas muy graves también para España, con una nueva crisis inflacionaria. De hecho, ya hay conversaciones dentro del Gobierno para preparar un nuevo escudo social similar al que se utilizó con la crisis inflacionaria con la guerra de Ucrania.
Pero lo que no ha hecho de momento, y no parece que esté en el horizonte hacerlo, es llamar al líder de la oposición para compartir con él la reflexión sobre el momento político. Sánchez y Feijóo tienen una pésima relación, casi inexistente, y el líder del PP está siendo muy duro con la posición española en estas horas.
El presidente, según diversas fuentes de su entorno, está convencido de que España está en el lugar correcto y poco a poco otros países acabaran en el mismo sitio, como sucedió con el reconocimiento de Palestina. De hecho en el Gobierno ya ven síntomas de que eso está pasando con las últimas declaraciones de algunos mandatarios como el francés o el belga. Pero de momento tiene una enorme presión no solo de Trump, sino también de la oposición en España, que le acusa de estar poniendo en riesgo la posición geoestratégica del país “por un puñado de votos”, como dijo Alberto Núñez Feijóo.
Esto es, el PP asume que esta posición de Sánchez tiene un apoyo importante en el electorado progresista y puede ser una baza política para el presidente. Algunos ministros consultados también lo ven así, creen que Sánchez tiene mucho que ganar como antagonista de Trump porque es lo que quiere mucha gente en todo el planeta, no solo en España, que está horrorizada con la deriva del presidente de EEUU.
En esa línea fue la vicepresidenta primera, Yolanda Díaz, tras las amenazas de Trump desde la Casa Blanca: “España no acepta chantajes ni lecciones de un país agresor. Somos un país de paz. Si Trump quiere un aliado, empiecen por respetar nuestra soberanía y el derecho internacional”, señaló.
Hasta esta comparecencia del miércoles, Sánchez había decidido en estos primeros días dejar todo el protagonismo de la explicación de la posición española en sus ministros, especialmente el de Exteriores, José Manuel Albares, que compareció este martes en la rueda de prensa habitual tras el Consejo de Ministros. Ahí desarrolló la explicación política, en la que profundizará este miércoles Sánchez. El Gobierno rechaza la idea que traslada la oposición, esto es que está solo en una Europa más cercana a Trump. “No estamos solos, representamos el sentimiento mayoritario de los españoles y en el mundo. Somos muchos más países los que seguimos creyendo en el multilateralismo. Vemos oleadas de misiles y drones, vemos la guerra extenderse en Líbano, vemos el incremento de precios energéticos. El Gobierno debe proteger a los españoles”, explicó Albares.
Sánchez confía en cualquier caso en que la amenaza de Trump quede de nuevo en eso, simplemente palabras, como sucedió con las anteriores también relacionadas con represalias comerciales que nunca se llevaron a cabo. Pero si el líder de EEUU decidiera seguir adelante, en La Moncloa están convencidos de que España puede aguantar el pulso entre otras cosas porque la relación bilateral es más beneficiosa para Washington, que tiene más que perder porque España compra allí más de lo que vende a EEUU. Diversos miembros del Gobierno consultados creen que en una situación así la mayoría de los españoles e incluso de los europeos se colocarían al lado de Sánchez y su equipo. “La gente tiene a poner en contra del abusón, y en este caso es muy evidente quién lo es”, resume un ministro.
Aún así, y a pesar de que Sánchez está claramente cómodo en su posición de antagonista a Trump, el presidente siempre ha seguido la estrategia de no citarlo directamente, no entrar al cuerpo a cuerpo con el presidente, e intentar dejar pasar el tiempo para que sus amenazas no se conviertan en realidades. Hasta ahora ha logrado navegar esas aguas, pero nadie sabe cuando llegará el momento de la verdad con una represalia real del país más poderoso del mundo. Políticamente, Sánchez no tendría muchos problemas para sortear esa situación, porque Trump tiene un enorme rechazo no solo entre los progresistas españoles, también entre los moderados, y tiene hasta dificultades en EEUU, pero desde el punto de vista económico es más discutible que una situación así no tuviera consecuencias difíciles de controlar para el Gobierno español.
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