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Fils cierra el trayecto de Jódar en Barcelona

El madrileño sucumbre al ritmo y la derecha del francés, superior tras casi dos horas de juego: 3-6, 6-3 y 6-2. Rublev, el otro finalista (3-6, 6-2 y 6-2 a Medjedovic)

Jódar se lamenta en un instante del partido contra Fils, este sábado en el RCTB.Alejandro Garcia (EFE)

Descubre Rafael Jódar otro de los peajes necesarios para seguir explorando las alturas, eso de que el partido se alargue y se endurezca y el viento venga de cara, cuando en las piernas ya hay una buena dosis de tralla y el de enfrente va de menos a más. Arthur Fils, uno los jóvenes que en teoría debería ir haciéndose un hueco ahí arriba, ha cogido el puntillo y hace por fin diana: ¡Pam! En consecuencia, se acaba el bonito recorrido del español en este Godó que se quedó pronto sin Carlos Alcaraz y que coronará este domingo (16.00, Teledeporte y Movistar+) al francés o al ruso Andrey Rublev (3-6, 6-2 y 6-2 a Hamad Mejedovic). Sin embargo, el recuerdo será otro: de promesa, nada. Ya realidad.

Se marcha Jódar con la cabeza alta, inclinado finalmente tras un pulso de inercias invertidas y muy físico; parejo, pero al final decantado con un arreón hasta cierto punto lógico. Fils es el 30º del mundo, aunque tiene madera de top-10 —llegó a ser 14º el curso pasado— y pese a su corta edad conoce mejor las vicisitudes de este tipo de compromisos a los que se llega con la aguja del depósito bajando. Eran dos púgiles sacudiéndose. En cualquier caso, más aprendizaje. Dice el español que se marcha muy satisfecho (porque así debe ser) y que apenas está poniendo los cimientos de un proyecto ilusionante que poco a poco va adquiriendo forma de muralla: “Lo asemejaría a Sinner”.

Antes, Dani Olmo, un tipo sutil con el balón, observa desde uno de los palcos de las celebridades y le da un toque en la espalda a su amigo, que corrobora: Eric, Eric, ¿has visto eso? Guau. Efectivamente, vaya forma de sacudirle a la bola. Fils arma el brazo rápido y cuando ajusta la mirilla, su descarga viaja hacia las profundidades de la pista como un proyectil, empapado de ese espíritu y ese porte de pegador que tenía el técnico que le dirige desde el banquillo. A Ivanisevic, alias El Cañón, también se le va inevitablemente la mirada hacia el otro lado, analizando: Jódar, un mundo todavía por descubrir. ¿Será o no lo que parece? Buena pinta tiene, desde luego. El duelo es de igual a igual.

Pegan uno y otro desde los fondos, como si hubieran minado la red, y sobre las líneas va decidiéndose una partida sin pliegues ni acertijos. Sencillamente, esto se lo va a llevar el más duro de mollera, porque va de eso, de resistir, de saber encajar, de ganárselo. Francia sueña desde tiempos ya casi pretéritos con un gran campeón, pero no hay quien recoja el testigo del gran Yannick Noah, ese atleta portentoso y con trenzas que una vez se comió a bocados un Roland Garros; desde aquel año, 1983, únicamente gloria para sus chicas: Pierce, Mauresmo, Bartoli. Ninguna huella ganadora por parte de ellos. Entonces, ¿creer o no creer en Fils? De momento, toda la cautela.

El joven galo tiene tiros y abundancia de tren inferior, pero todavía le cuesta interpretar el juego y su físico tiende a jugarle malas pasadas, hasta ocho meses fuera de combate por la espalda hace no mucho. Se preguntaba Fils la tarde previa qué demonios pasa con el tenis español, de dónde viene esa producción, semejante factoría; por qué de un Nadal se pasa un Alcaraz y por qué en un abrir de ojos ha brotado este Jódar que rema y rema, y que le niega en el primer set hasta seis opciones de break. A la segunda, el madrileño acierta. Eso pasa: se llama orden, criterio, acierto. Escuela. Que no todo va a ser reventarla. Saber auscultar e identificar cuando uno debe jugársela o no.

Suena fuerte la machacona mezcla de Quevedo con Bizarrap: “¡Quéeeeedate…!”. Y a eso se agarra Jódar, más templado, resiliente, crecido cada vez que el rival le pone contra las cuerdas y amenaza. Sin embargo, también saca las garras el francés para sostenerse y se anima, tensiones fuera y una voz a tiempo, tan importante siempre. Ese grito, un legado ya internacionalizado. Lo expulsaba un par de horas antes Medjedovic y ahora Fils, harto de tanto darle, darle y más darle. Pero es lo que hay, amigo. Es lo que toca. La precipitación se paga. “¡Vamos!”. Así llega la rotura para él, 5-3, y así equilibra el partido. Aguanta acto seguido las arremetidas con esa paciencia necesaria.

La curva va invirtiéndose y definitivamente se desata el vendaval. Ahí hay un francés marcando el ritmo y cada vez más inspirado, con mayor precisión en el tiro y jugando sin pensar. Fluir, la llave. Ahora sí, esa derecha escupe fuego y Jódar mira ligeramente a su banquillo, a ver si da con algo por medio del consejo de Rafael sénior. “Mi padre siempre tiene soluciones”, decía. Pero esta vez no hay remedio. En esta ocasión, la cadencia impuesta le supera, aunque asoma la esperanza cuando dispone de una oportunidad de reengancharse que el adversario desbarata invirtiéndose y colocando la bola en el ángulo. No será esta vez, pues. Sin embargo, el tenis y Barcelona así lo dicen: ojito con Jódar.

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