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La presión social sigue modificando los acentos de Andalucía mientras crece, lentamente, el orgullo por el habla local

Un nuevo mapa lingüístico de la comunidad refleja fenómenos del andaluz oriental en el occidental y otros que se están perdiendo

El lingüista Alfredo Herrero posa junto al Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía.Fermín Rodríguez

Se habla del andaluz, del habla, como una sola cosa cuando esa unidad, en realidad, no existe. No es solo la evidente diferencia de acentos —y de temperamentos— entre la Andalucía oriental y la occidental; es que, por comarcas, e incluso por localidades, se escuchan palabras, expresiones, soniquetes y, en definitiva, hablas diferentes. No llegará el agua al río de la uniformidad pero, el Atlas Lingüístico Interactivo de los Acentos de Andalucía (ALIAA), el más reciente y completo estudio del andaluz y sus acentos, sí viene a mostrar tendencias que, en cierto modo, uniformizan lentamente parte de esas diferencias. Alfredo Herrero de Haro, lingüista y autor del proyecto, explica que “hay ya algunos rasgos de Andalucía oriental que ya se ven en Andalucía occidental y no se habían visto antes”. Un ejemplo, dice, es el de abrir la vocal al final de las palabras. “Ni en Cádiz ni en Huelva se daba esa abertura vocálica antes. Ya sí aparece”. Otros fenómenos del habla también se mueven en sentido contrario, de oeste a este.

Por otro lado, explica Herrero, investigador posdoctoral en la Universidad de Granada y en este momento de estancia en una universidad australiana, se confirma la tendencia que ya describió en los resultados preliminares del ALIAA: el ceceo está desapareciendo en favor del seseo porque los hablantes, sobre todo en el oriente andaluz, lo consideran desprestigiado; en realidad, desprestigiante. La presión social se percibe y, sobre todo los más jóvenes en el ámbito público y lejos de su esfera local, se pasan al seseo. Herrero, no obstante, percibe también una tendencia lenta pero que existe: “La gente, poco a poco, tiene más orgullo de su habla local. Sin duda hay más respeto ahora del que había hace 50 años”. Al menos en público, la gente sabe que no está bien reírse de alguien por su acento: “Tú sabes que cada uno habla de una manera y ya está. Eso, quizá, puede hacer que frene esa uniformización y una posible desaparición de los acentos locales”, explica el lingüista. Por otro lado, esta realidad —la de respetar acentos— quizá está más desarrollada en la sociedad que en el ámbito político. Hace pocos días, la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, objeto de críticas frecuentes por su acento, consideró necesaria una Ley de lenguas andaluzas para impulsar lo que los andaluces han aprendido a poner en práctica en la calle. La necesidad de esa ley es, justificó Montero, “expresarnos con orgullo, sin complejos, siendo capaces de defender nuestros orígenes”.

El ALIAA, el atlas de Herrero que comenzó su andadura en 2023 y que debe estar concluido el próximo 31 de diciembre, supone la actualización de uno anterior, el ALEA —Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía—, un proyecto iniciado en 1952 por Manuel Alvar, Gregorio Salvador y Antonio Llorente, que se dio por concluido 20 años después. Dos décadas de entrevistas de pueblo en pueblo, explica Herrero, en el que se buscaba en cada zona a “un hombre que siempre hubiera vivido en el pueblo, cuyos padres fuesen de allí, y que tuviese la dentadura cuanto más intacta mejor, para que pronunciara bien. Mejor si no sabían leer ni escribir para que no se dejaran llevar por lo que leían”. Eso dio lugar a un análisis, monumental para su tiempo, basado en 230 muestras solo de hablantes varones con más de 50 años.

Al contrario, para completar ALIAA nadie ha tenido que montarse en burro e ir de pueblo en pueblo; su origen está en una aplicación en la red. Ahí se inició la recogida de datos. Cuando el ritmo bajó, se hizo una campaña de marketing digital para volver a impulsarla. Finalmente, cuando el investigador comprobó que había llegado a su límite, analizó los vacíos territoriales de la recogida de muestras —una encuesta grabada de 141 ítems que incluía reproducir palabras y desarrollar brevemente algunos—, y él y su equipo se distribuyeron por Andalucía para tener grabaciones de todos los sitios necesarios. Así, explica el investigador, la base de datos del proyecto alcanzó las 493.000 pistas de audio de 4.469 personas con una media de 37,8 años y mayor formación que en el estudio anterior.

Esa cantidad extraordinaria de datos eran muchos más de los necesarios, así que descartó muchos. Para el estudio quedaron casi 140.000 pistas de audio de 1.163 hablantes. Dos hombres y dos mujeres por cada uno de los 571 puntos en los que ha compartimentado Andalucía; en las grandes ciudades, el análisis ha llegado a los diferentes códigos postales. Justifica Herrero la actualización del atlas lingüístico en que percibió “la necesidad de actualizar el atlas de 1973 porque se hizo con datos de prácticamente otra sociedad, y las descripciones no se ajustaban a la situación actual”. Ahora, con el ALIAA en su recta final, Herrero trabaja en utilizar esa metodología en Australia para desarrollar un atlas de los acentos del inglés australiano.

Los fenómenos de desplazamiento no se enmarcan solo en el paso ceceo al seseo que occidentaliza Andalucía, o el de las vocales abiertas a final de palabra, que orientaliza la comunidad. Otro desplazamiento, suave pero nítido, de varios rasgos del andaluz oriental hacia las provincias occidentales es, sin entrar en fonética avanzada, “la evidente palatalización de las terminaciones en -as”, explica Herrero. Esa que convierte gatas en algo próximo a gate, y que asoma ya en puntos de Córdoba, Sevilla e incluso Huelva, lejos de sus entornos tradicionales. En definitiva, hay movimientos en el habla andaluza en ambos sentidos cardinales.

Y frente a ese mestizaje lingüístico, el estudio encuentra también estabilidad territorial. Es el caso del ustedes y del vosotros. El contraste entre el uso de uno u otro sigue marcando una línea este-oeste que se mantiene casi intacta desde hace décadas. Los datos preliminares del proyecto ALIAA confirman que Almería, Granada, Jaén y buena parte de Córdoba continúan alineadas con el patrón peninsular de “vosotros”, mientras que Huelva, Sevilla y Cádiz se decantan por “ustedes”. Málaga y zonas limítrofes del oeste son espacios de convivencia de ambas formas. La diferencia en este caso concreto aparece por la generación de los hablantes. Son los jóvenes los que empiezan a dar de lado al ustedes y eso lleva, “a que esta distinción acabará perdiéndose”, confirma el lingüista.

Y ante la presión social, y mientras la conciencia del habla andaluza se forja del todo, la pregunta es si en Andalucía se acabará hablando como en Castilla. Herrero no lo cree. Admite que estudios recientes señalan que la comunidad evoluciona en dos direcciones: el andaluz occidental mantiene un acento marcado, aunque pierde rasgos tradicionales; el oriental, por su parte, se aproxima más al español del centro-norte peninsular. Sin embargo, las tendencias lingüísticas están más cerca de convertir a los madrileños en andaluces que de lo contrario: “Va a ser mucho más común, mucho más de esperar, que los del centro y norte hablen más como nosotros que al contrario. Por distintas razones. Por un lado, la tendencia universal de los idiomas es tender hacia la sílaba abierta”. Un final de palabra consonante-vocal-consonante, aclara, tenderá a acabar en vocal. “Y este fenómeno en concreto, lo están notando los estudios y cada vez se encuentra mucho más arriba en la península ibérica. Es más probable que zonas como Madrid adopten rasgos propios del sur que lo contrario”, concluye Alfredo Herrero.

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