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Génova tropieza con Vox tras tomar las riendas de la negociación de Extremadura y Aragón

El PP acoge con sorpresa la reacción airada de Abascal a su documento marco para las conversaciones, mientras da por hecho que la primera investidura de Guardiola será fallida

El presidente de VOX, Santiago Abascal (d), a su llegada a una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, a 24 de febrero de 2026, en Madrid (España). Carlos Luján / Europa Press 24/02/2026Carlos Luján (Europa Press)

La airada reacción de Santiago Abascal al documento marco para las negociaciones del PP hecho público este lunes cayó con sorpresa ayer en las filas populares. “Es una salida de pata de banco ante una guía muy asumible y llena de guiños a Vox”, lamentaba un dirigente territorial sobre las palabras del líder de la extrema derecha, que echó por tierra a primera hora la sintonía que solo un día antes habían tratado de escenificar el PP y Vox anunciando un reseteo de las negociaciones en las comunidades autónomas. Abascal respondió en cambio muy molesto al texto del PP, quejándose de que los populares tratan a su partido como “salvajes” porque su documento incluye cosas obvias como el respeto a la ley y a la unidad de España, lo que volvió a enturbiar el horizonte de las conversaciones nada más tomar las riendas Génova. La cúpula del PP asume que la primera investidura de María Guardiola, prevista para la semana que viene, será fallida, mientras pone la otra mejilla a los ultras para evitar un fracaso total de la negociación.

Ni 24 horas duró el cese de hostilidades entre el PP y Vox, que había propiciado una llamada de Alberto Núñez Feijóo a Santiago Abascal este domingo. Todo se torció muy rápido, porque solo unas horas antes de que el líder de Vox se quejara sobre el documento marco del PP, Feijóo había estado por la noche en Onda Cero defendiendo que veía al fin “un escenario en el que el pacto puede ser posible”. En cambio, para el líder de Vox las cosas “empiezan con mal pie”.

El tono de Abascal después de la escenificación del reinicio de las conversaciones desconcertó a los populares, como reconoció la portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, que confesó ayer su sorpresa. Muñoz instó al líder de Vox “a que no se crea las etiquetas que le pone la izquierda”, en referencia al lamento del líder de Vox de que el PP les trata como salvajes, y defendió que el documento del PP es una “declaración de mínimos” que sirve como punto de partida y no como punto final. Tanto Muñoz como el resto de dirigentes del PP y Génova se afanaron en seguir tendiendo puentes con Vox. ”No les tratamos de ninguna manera porque ese documento es un documento del Partido Popular para el Partido Popular", argumentan fuentes de la cúpula del PP. “Estamos satisfechos de que no hayan encontrado nada en ese texto que les parezca rechazable, y si quieren exhibir malestar o enfado con un texto con el que no están en contra, están en su derecho”, sostienen en Génova.

Ya por la tarde, el líder del PP atribuyó la reacción de Abascal a un “problema de interpretación”, ya que el documento con las líneas generales de negociación “no era un documento para Vox”, sino para los dirigentes populares. “No creo que un partido deba molestarse porque mandemos un documento a los presidentes autonómicos”, afirmó. El texto busca, en su opinión, “clarificar los principios y el marco” para gobernar.

La campaña de por medio

En privado, en la cúpula del PP interpretan que Vox no esperaba que el PP hiciera público un documento marco para la negociación y por eso Abascal reaccionó con malestar. El texto estaba pensado, en realidad, para buscar un acercamiento a Vox, hasta el punto de que incluye múltiples guiños a la extrema derecha y asume su marco en cuestiones como la inmigración o las políticas climáticas. Por eso extrañó todavía más en el PP la reacción de Abascal. Algunos dirigentes creen que todo se explica por la campaña para las elecciones de Castilla y León del próximo 15 de marzo. “Abascal no puede cambiar de repente su estrategia hostil contra el PP en medio de una campaña”, razona un dirigente, que cree que “hasta después de las elecciones, nada”.

Esa interpretación de que tienen que pasar las elecciones de Castilla y León para cualquier acuerdo sigue también vigente en la cúpula, pero más reforzada todavía después de escuchar este martes a Abascal. La dirección nacional asume que la investidura de María Guardiola del próximo 3 de marzo será fallida, y trata de sentar las bases para que al menos después sea posible un pacto.

Ese mismo 3 de marzo habrá otra prueba de fuego sobre las relaciones entre el PP y Vox con la constitución de las Cortes de Aragón. El presidente en funciones de Aragón, Jorge Azcón, se reunió ayer en Génova con el secretario general, Miguel Tellado, para coordinar la estrategia después de que la cúpula, en un volantazo, haya tomado las riendas de las negociaciones. La intervención de la dirección nacional favorece sobre todo a Guardiola, que temía que Vox la dejara caer solo a ella como venganza, pero incomoda a Azcón, a quien la líder del PSOE en Aragón, Pilar Alegría, ya reprocha que permita que le limiten la autonomía. “Azcón acató la orden de Feijóo de llevarnos a unas elecciones, ahora Feijóo dirige la negociación del Gobierno de Aragón y deja a Azcón sin mando. Un ninguneo y una falta de respeto que vamos a pagar todos los aragoneses”, remarcó la exministra socialista con una nueva munición que utilizar contra su rival.

Génova tiene que lidiar ahora con la tensión interna de un giro de gobernanza del partido y con el desgaste de la negociación con Vox, así que la cúpula pone toda la carne en el asador para que pese a las turbulencias las posibilidades de un acuerdo en las autonomías populares no descarrile definitivamente.

Con ese objetivo, el secretario general del PP, Miguel Tellado, empezó a rebajar ayer el alcance del documento marco para las negociaciones con Vox, en el que figura que el PP reclama el “compromiso de aprobación de cuatro presupuestos”, es decir, los de toda la legislatura. Tellado matizó ayer que ese punto no se trata de una exigencia del PP. “Exigir no es un verbo que conjugue bien en un proceso de negociación. No se trata de poner exigencias encima de la mesa”, subrayó el número dos del PP, mientras insistió en poner la otra mejilla a Vox: “Son muchas más las cosas que nos unen que las que nos pueden separar”.

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