Presentarse al examen en coche pese a tener el carné retirado
La Guardia Civil detecta a conductores sin puntos que van con sus propios vehículos a la prueba para recuperarlos. También detiene a delincuentes habituales que se presentan en lugar de los aspirantes


El termómetro marca cero grados. Empieza a caer aguanieve y una decena de guardias civiles se ponen los chalecos reflectantes. Uno de ellos se pone en el carril de acceso al centro de exámenes de la Dirección General de Tráfico (DGT) en la localidad madrileña de Móstoles (210.000 habitantes). Poco a poco empieza a desviar a una vía sin circulación a los vehículos particulares. Solo pasan sin ser parados las autoescuelas y los del transporte público, como taxis y VTC. Muchos conductores se quedan sorprendidos. Lo que no saben es que su trabajo consiste en detectar a los que no tienen carné o han perdido los puntos y acuden a las instalaciones para examinarse en su propio automóvil. Solo el año pasado se detuvieron a 70 personas por este motivo en la Comunidad de Madrid.
La operación se repite una o dos veces por semana y la lidera el Grupo de Investigación de Accidentes de Tráfico (GIAT). Su decena de agentes reciben todas las semanas el listado de las personas que se presentan a examen en los próximos días. Uno de ellos se encarga de comprobar si tienen carné de conducir, si se lo ha retirado la autoridad judicial o si ha perdido los puntos del permiso. En los que más se fijan son en estos dos últimos casos.
Los agentes comienzan el operativo pasadas las 8.30, debido a que las pruebas se inician a las 9.30. Pese al frío y la aguanieve, no se libra nadie. Poco a poco los agentes se distribuyen a los conductores. Muchos son padres que llevan a sus vástagos al examen teórico y que se quedan sorprendidos cuando el guardia civil les pide el carné. Toca mirar en el bolso, sacar la cartera del abrigo o incluso bajarse a por la cazadora, que está en el maletero. El agente mete los datos en la tableta y les deja continuar. “Cuando les pillamos, la mayoría lo admiten y reconocen que no se puede venir conduciendo hasta aquí. Ninguno suele oponer resistencia”, reconoce el teniente Martín Hervás, jefe del GIAT de Madrid.
Hasta cinco y seis coches se llegan a amontonar en el lateral de la entrada del centro de exámenes. La dinámica es muy rápida y la consulta no suele demorarse más de un par de minutos. La gélida mañana también anima a no demorar mucho el trámite. Los agentes son habituales de la zona y ya conocen hasta las incidencias más pequeñas del lugar. De hecho, dejan pasar sin pararla a una conductora que van todas las mañanas a sacar a sus perros por los terrenos aledaños a las instalaciones de la DGT.

Cuando detectan a un infractor, se le inmoviliza el vehículo y se le traslada a una oficina cedida por Tráfico en el propio centro. Se le leen los derechos y se le informa de que ha cometido un delito tipificado en el artículo 384 del Código Penal, que recoge penas de tres a seis meses de prisión, multas de 12 a 24 meses o trabajos en beneficios de la comunidad de 31 a 90 días. Es el que se aplica a los que conducen sin puntos, con el carné retirado por una autoridad judicial o sin haberlo aprobado nunca. En el mismo acto, se les cita para un juicio rápido que se celebra siempre en Móstoles y en los días más próximos.
Suplantadores en el aula
Otra modalidad que investiga el GIAT son los suplantadores que se presentan al examen en lugar de otra persona. En estos casos, los guardias civiles van totalmente de paisano ―sin los chalecos del instituto armado― entran en el aula de examen cuando están todos los aspirantes sentados y detienen a los delincuentes. “La gente va muy bien caracterizada. Se ponen pelucas, bigotes o barbas y se hacen hasta con documentación falsificada muy trabajada para intentar engañarnos”, describe el guardia Daniel Meijide, con 24 años en el cuerpo y siete en el GIAT. Eso sí, basta con cotejar la foto con la que han utilizado para el reconocimiento médico necesario para sacarse el carné.
Los funcionarios de la DGT los detectan muchas veces antes de iniciar la prueba y los sientan en un lugar apartado del aula. Cuando ya están colocados, dejan entrar a los guardias civiles y detienen en ocasiones a grupos enteros. “Una vez arrestamos a 10 del tirón. Estaban en un lateral. Uno de ellos salió corriendo y hubo que ir tras él. Se metió en el baño. Nos costó encontrar el DNI falso porque lo había metido tras el secador de manos, pero lo encontramos”, afirma con orgullo el guardia Pablo Romero, que lleva 36 años en el instituto armado y 16 en el GIAT. “Alguna vez hemos tenido que emplearnos a fondo porque nos han lanzado hasta sillas”, añade.
“Son grupos organizados. Cobran unos 1.500 euros por la documentación falsa y unos 1.700 euros por ir al examen. Cuando les hemos investigado hemos visto que van por todas las provincias y que se alojan en los mejores hoteles que hay en las ciudades cerca de los centros de exámenes. De hecho, pasamos sus fotos al resto de GIAT para que les tengan identificados”, explica el teniente Hervás.
Lo que más le llama la atención es que detrás hay gente con alto poder adquisitivo y con alta formación, como ingenieros y graduados universitarios. Lógicamente, resultan investigados tanto el delincuente profesional como el aspirante a obtener el carné. Los delitos: falsificación documental y suplantación de personalidad, entre otros, a los que se puede añadir el de atentado si agreden a los agentes. “A veces son los propios funcionarios de la DGT los que los detectan y nos avisan. Le decimos al vigilante de seguridad que los detengan hasta que lleguemos nosotros y tramitemos todo el caso”, detalla el cabo primero, Javier Díaz, que lleva tres años en el GIAT.
El inicio de la mañana transcurre con tranquilidad y sin detectar a ningún infractor. El goteo de vehículos se mantiene hasta que el teniente da la orden de retirarse: “Ya hemos terminado. Están todos dentro, en el aula”. Los agentes uniformados tienen que marcharse a la zona de la sierra para auxiliar a los conductores atrapados por la nevada. Los del GIAT continúan con sus investigaciones. “Creemos que, como hemos presionado mucho desde hace tiempo, van en sus coches hasta el centro de Móstoles y luego cogen un VTC”, concluye el oficial Hervás.
Picaresca en el canje de los permisos
Otro problema que está detectando el Grupo de Investigación de Accidentes de Tráfico (GIAT) de la Guardia Civil es que existe un alto número de falsificaciones de carnés de otros países cuyos titulares intentan canjearlos por el español. En la sede de la Dirección General de Tráfico (DGT) en la madrileña calle de Arturo Soria han llegado a detectar en 2025 a 400 personas que han presentado documentación fraudulenta. Son de dos países latinoamericanos en concreto ―los agentes prefieren no dar los nombres para no frustrar las pesquisas― que están siendo investigados para ver en qué punto se realiza la falsificación.
Cuando un extranjero quiere canjear un permiso de conducción, presenta la documentación a través de la web de la DGT. Este organismo se pone en contacto con el consulado del solicitante para comprobar que realmente dispone del carné. Una vez que recibe el visto bueno, cita al peticionario para que acuda a Tráfico y se coteje la documentación original. Y es ahí donde se está detectando el fraude.
“Unas veces lo hacen porque quieren quedarse con el carné original de su país [al hacer el canje lo pierden] y otras veces porque ni siquiera se lo han sacado allí, con el consiguiente riesgo para el resto de los usuarios y para la seguridad vial. A veces los hemos detectado que llevan vehículos VTC”, el teniente Martín Hervás, jefe del GIAT de Madrid.
Ha habido semanas en las que los guardias civiles han detenido a siete y ocho personas al día. Ahora el número ha bajado en la capital. Esta presión en Madrid ha motivado que muchas personas se hayan trasladado a otras jefaturas provinciales, que también han sido alertadas del posible fraude.
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