La Serranía de Ronda, en vilo por la presa fantasma de Montejaque
La infraestructura se construyó hace un siglo, pero nunca embalsó agua por filtraciones. Ahora, ha alcanzado su cota histórica, obligando a desalojar a 200 personas del entorno


El objetivo estaba claro: suministrar luz a los pueblos de la Serranía de Ronda y Grazalema. A principios del siglo XX aquellas localidades estaban muy desconectadas —aún hoy es difícil llegar allí por carretera— y la solución de la Compañía Sevillana de Electricidad fue embalsar el río Gaduares, también llamado Campobuche, para generar la energía con un salto de agua. Encargaron el proyecto a la empresa suiza Electrowat y el ingeniero suizo Henri Edwuard Gruner se puso al mando. Diseñó una bóveda de 83 metros de altura que fue ejemplar en la época y la mayor de Europa en ese momento. La presa de los caballeros, también conocida como presa de Montejaque, por el pueblo más cercano, preveía generar 20.000 kilowatios, pero jamás ha producido ni uno. Nadie advirtió que el suelo era calizo, permeable, como un queso gruyere. Y cada vez que llega agua, desaparece bajo tierra. Hasta ahora, cuando ha alcanzado el máximo nivel de toda su historia debido al tren de borrascas que tiene en vilo a los residentes de la zona. Y ha obligado a desalojar a 200 personas ante el riesgo de que se desborde, por eso aún no pueden volver a sus casas, según fuentes de la Junta de Andalucía.
La infraestructura es una gran desconocida incluso para muchos malagueños. Se encuentra en una comarca alejada de la capital y la carretera que pasa a su lado tiene escaso tráfico. Para la comarca, sin embargo, es un lugar especialmente singular porque cada vecino de municipios cercanos tiene algún familiar que trabajó allí. Más de 700 obreros, la mayoría locales, se esforzaron durante seis meses en su construcción utilizando 30.000 metros cúbicos de hormigón. También hicieron la carretera que dio acceso a las máquinas al paraje. Y al pueblo. “El primer coche que apareció por Montejaque era de la Sevillana”, relata José Luis Matoso, natural de Benaoján. Lleva 12 años investigando sobre este lugar, trabajo que ha plasmado en la serie documental El gato y los caballeros. Casualidad del destino, se proyecta este viernes en Ronda. “Es una historia de éxito porque fue construida por los mejores especialistas del mundo de aquella época, pero a la vez un fracaso porque nunca cumplió su cometido. Había que contarlo”, explica Matoso.

La descomunal obra — patrimonio industrial en vías de convertirse en Bien de Interés Cultural— se estrenó en 1923. Pronto se supo que no serviría de mucho. “Desde el punto de vista topográfico el sitio era el mejor porque la cuenca del río se cierra justo ahí y es perfecto para guardar agua. Pero a nivel geológico… era el peor”, explica Iñaki Vadillo, catedrático de Hidrogeología de la Universidad de Málaga. Los especialistas intentaron entonces rellenar el suelo con hormigón e incluso asfalto, pero no sirvió de nada. Pensaron incluso de cubrir su vaso con una cubierta de chapa, pero el proyecto no se ejecutó.
Hoy la presa de Montejaque se estudia en las escuelas de Ingeniería como caso fallido de lo que no hay que hacer: obviar los estudios geológicos. “Ese es un sistema kárstico, calizo, permeable, con multitud de huecos. Por eso, cada vez que se llena un poco por las lluvias, el agua acaba filtrándose”, explica Vadillo. Es lo que hizo a la compañía eléctrica abandonarla y hoy el espacio —propiedad de Endesa— tiene un uso principalmente turístico. En verano de 2024, de hecho, se inauguró un puente colgante y una vertiginosa vía ferrata, que se complementan con numerosas rutas senderistas para observar esta maravilla de la ingeniería. “Nunca imaginábamos que podría llegar el nivel del agua a esa altura”, explican desde Guadalterra Aventura, acostumbrados a guiar por allí a turistas en un entorno totalmente seco.
El curso del río Guadares

Hoy de esa habitual imagen le separan 36 hectómetros cúbicos de agua. Está llena. Y para entender lo ocurrido —se ha quedado apenas a 10 metros de su coronación, es decir, su punto más alto—, que esté por primera vez en su historia cerca de verter agua por su aliviadero, hay que ascender por el curso del río Guadares o Campobuche. Cerca de su nacimiento, unos kilómetros más arriba y a pies de Grazalema, se encuentra la Sima de la Olla, por donde habitualmente entra el agua que cae unos 200 metros hasta un acuífero. Pero cuando cae tanta como estos últimos días —Grazalema acumula más de 1.000 litros por metro cuadrado desde el 1 de febrero y más de 2.000 en lo que va de 2026, según Aemet— el agujero se colmata y el agua sale a la superficie. Lo hace con tanta fuerza que arrastra incluso enormes piedras, de ahí su nombre, porque es como si burbujearan los garbanzos de un puchero. Todo ese caudal acaba en el Guadares, que se estanca al llegar a la presa. Y aunque lo habitual es que termine filtrándose, esta vez el suelo y las laderas cercanas no han dado abasto. Solo se recuerdan episodios similares en los años 40, pero nunca al nivel de esta ocasión.
“Ha llovido tanto que llega mucha más agua de la que el suelo va filtrando con lentitud”, subraya Juan José Durán, profesor de investigación del IGME-CSIC, que subraya que esa agua que pasa al subsuelo lo hace —despacio— al sistema de cuevas Hundidero-Gato —un recorrido subterráneo de cinco kilómetros que los ingenieros de hace un siglo también llenaron de hormigón y puertas acorazadas, inútilmente— para salir a la superficie a través de la Cueva del Gato, que vierte al Guadiaro con calma. Ahora hay tanta agua que existe la posibilidad de que la presa alivie por su parte superior (tiene un espacio para ello en la parte izquierda) lo que aumentaría el caudal de manera repentina, lo que podría inundar la localidad de Estación de Benaoján, de ahí que el sábado la Junta de Andalucía decidiera evacuar su centenar de vecinos. “Por eso la inundación de Grazalema influye en Benaoján. Parece complicado, pero en realidad es de cajón”, sostiene Durán.


Monitorizada 24 horas por técnicos de Endesa y la Junta de Andalucía, según fuentes la empresa privada y la administración pública, el especialista explica que ante las previsiones meteorológicas que siguen dando lluvia en Grazalema para los próximos días —este lunes seguía en alerta naranja— hay tres escenarios posibles. El primero, que el agua que llegue se vaya colando por el suelo y la presa no se termine de llenar, como ha pasado hasta ahora. El segundo, que la infraestructura deba aliviar porque supere su capacidad, pero las cuevas por las que pasa el caudal antes de salir al río ejercerían de reguladoras para que la crecida sea poco a poco. El tercero es que la presa se rompa. “Pero cien años después, se está comprobando que su salud es de hierro. Y que las posibilidades de ellos son prácticamente nulas”, dice el especialista, que manda así un mensaje de tranquilidad a las poblaciones de la ribera del río Guadiaro, sorprendidas por un imagen que jamás habían visto y que, se cree, durará poco. “El caudal del río Guadares se mantendrá en los próximos días, así que todavía durará. Pero en cuanto baje a niveles más habituales, el agua se irá yendo. Quizá solo dure semanas”, concluye Bartolomé Andreo, catedrático de Hidrogeología sorprendido por la situación. “Era impensable que una presa como esta en un sitio como este alcanzara cotas como la actual”, sentencia.
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