La última victoria de Napoleón en España fue una feroz batalla a bayonetazos y garrotazos
Los arqueólogos confirman que en el enfrentamiento de Ordal, en Barcelona, los soldados se arrastraban por la noche huyendo de la muerte


La descomunal derrota de los ejércitos napoleónicos en Rusia en 1812 obligó al emperador Bonaparte a retirar parte de sus fuerzas de España para enviarlas al centro de Europa. Esta situación fue aprovechada por la alianza hispano-británica en la larga guerra que se venía librando en España desde 1808. El contrataque aliado desde el frente levantino abrió la posibilidad de avanzar para intentar reconquistar Barcelona. Por eso, en el puerto de Ordal (Subirats, Barcelona), a unos 40 kilómetros de la capital catalana, se desarrolló una “feroz” batalla entre franceses y aliados. Hasta ahora solo se tenían datos de este enfrentamiento por fuentes escritas. Pero los resultados de los análisis arqueológicos llevados a cabo por Pablo Carrasco Gómez, doctorando de la Universidad de Barcelona, muestran un panorama que se aleja del romanticismo que envuelve muchas veces a las guerras napoleónicas: la lucha se realizó cuerpo a cuerpo, a bayonetazos y utilizando los fusiles como garrotes, mientras “los supervivientes arrastraban a los heridos para sacarlos del campo de batalla en un ambiente nocturno y caótico”.
Los que aún no habían muerto reptaban en la oscuridad mientras perdían los botones de sus casacas al contacto con la tierra. Los arqueólogos han encontrado ahora esas piezas y pueden reconstruir la batalla casi milimétricamente.
La que está considerada “la última victoria napoleónica en la península Ibérica y una auténtica batalla de las naciones”, según el estudio Arqueología de un campo de batalla napoleónico. Ordal 1813, la pequeña batalla de las naciones, dejó un reguero de botones, hebillas, armas y balas sobre el terreno que pertenecieron a soldados españoles, británicos, portugueses y, en menor medida, alemanes e italianos.
Durante las guerras napoleónicas, la infantería de línea empleó principalmente como arma el fusil de chispa y avancarga. Tenía una longitud de casi metro y medio y podía usarse como garrote en el combate cuerpo a cuerpo o como lanza gracias a la bayoneta. Su carga se realizaba por la boca del cañón y disparaba proyectiles esféricos de plomo. El fusil más común en el ejército francés fue el modelo 1.777 Corrigé An IX. En el británico, fue el Brown Bess. También se utilizaron, aunque en menor medida, rifles, que eran más cortos y precisos. Los oficiales y la caballería solían usar pistolas u otras armas cortas o de tamaño medio.

En cuanto a los uniformes, el napoleónico principal era la casaca, cuyos botones tenían grabado el número o el nombre del regimiento al que pertenecía el soldado. Otro elemento característico de los tres ejércitos contendientes en Ordal fue el chacó, el gorro napoleónico más característico de esta época militar. Los soldados portaban, además, abrigo, camisa, pantalones, polainas, zapatos y trinchas cruzadas para cargar la bayoneta, el sable y la cartuchera. Pero en 1813, tras cinco años de guerra, y con las prendas y el calzado deteriorado, muchos de estos componentes eran autóctonos, los mismos en los dos bandos, al adaptar ropa civil, botones locales, uniformes capturados y remiendos constantes de su calzado y vestimenta.
La batalla de Ordal tuvo lugar en el puerto que corona la N-340 entre Tarragona y Barcelona, donde hoy se levanta una cruz y un monumento conmemorativo de la batalla. Este enfrentamiento se desarrolló durante la noche del 12 al 13 de septiembre de 1813 y concluyó con la victoria de las fuerzas francesas. Durante esa noche de luna llena, las tropas coaligadas se vieron sorprendidas en su propio campamento por el ataque francés. La superioridad numérica era evidente: 11.500 soldados napoleónicos contra 4.000 españoles e ingleses. Alrededor de uno de cada cuatro coaligados causaron baja (heridos, capturados o muertos), mientras que las bajas galas más reducidas fueron también muy altas.

El asalto duró unas tres horas y concluyó por la superioridad numérica francesa. Los aliados huyeron en dos direcciones: los británicos hacia Vilafranca del Penedés, donde fueron alcanzados por la caballería francesa, mientras que los españoles huyeron hacia Sant Sadurní d’Anoia. “Dos semanas después de la batalla, los cuerpos de los caídos seguían en el lugar del enfrentamiento, siendo enterrados por los propios vecinos de Ordal”, señala el estudio.

Al tratarse de una batalla nocturna y por sorpresa, “el caos provocó una gran pérdida de material que, en otras circunstancias, habría permanecido en la retaguardia o dentro de las cartucheras, mochilas o bolsillos de los soldados. Todo esto apunta a que el gran volumen de materiales encontrados es fruto del estrés causado por la batalla”.
Los botones hallados pertenecen a los regimientos 7º, 44º y 121º franceses, a la artillería británica y a la división de granaderos provinciales, quizás asociados a los granaderos de Ultonia que estaban presentes en la batalla, unidad española formada principalmente por irlandeses. En total se han localizado 220 balas, de las cuales un 90% se encuentra en perfecto estado, mientras que un 10% tiene un alto grado de deformación, lo que indica que les cayeron a los soldados en la lucha cuerpo a cuerpo.
El estudio lo relata así: “La arqueología nos ofrece una imagen muy violenta. Las balas de uno u otro bando halladas en perfecto estado apuntan a que los soldados cayeron al suelo y los cartuchos salieron de sus cartucheras. Esta materialidad también podría haberse originado al arrastrar a los heridos para sacarlos del campo de batalla en un ambiente nocturno y caótico. La caída de los botones reforzaría esta teoría.
Las botonaduras de las casacas no se desprenden de manera accidental, mucho menos aún en concentraciones tan significativas como las registradas. La alta densidad de ejemplares sugiere que su caída fue el resultado de la feroz lucha por tomar o defender la posición, probablemente a consecuencia de los agarrones, tirones y movimientos violentos del cuerpo a cuerpo”.
El estudio de Carrasco Gómez señala que los numerosos pedazos y mecanismos de las armas halladas solo se explican por “el choque de los fusiles y rifles de forma violenta, probando la existencia de un contexto de combate cuerpo a cuerpo donde las armas se usaron, no solo con la bayoneta calada a modo de lanza, sino como auténticos garrotes”. Las balas de pistola, por su parte, corresponden a la “participación activa” de suboficiales y oficiales en el cruento combate.
El estudio concluye: “El gran depósito de materiales arqueológicos en un espacio tan reducido [la cima del puerto] nos señala una actividad asociada a una lucha cuerpo a cuerpo prolongada durante varias horas. La pequeña, pero feroz, batalla de las naciones obligó a los habitantes de los pueblos cercanos a buscar refugio en los bosques y montañas. Tras la batalla, el ejército vencedor llevó a cabo saqueos, incendios, violaciones y asesinatos sobre la población local. Lejos del halo de romanticismo que acompaña a las guerras napoleónicas, estas desencadenaron una crisis que hoy se definiría como humanitaria. La recuperación del objeto arqueológico permite relacionar y conectar de manera tangible con el pasado conflictivo, descubriendo así la complejidad de unos hechos tan violentos”.
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