La hija del militar que quería ser yihadista
La Policía arresta a una conversa de 19 años y a su exnovio por enviar pequeñas cantidades de dinero al ISIS y difundir manuales para fabricar el explosivo ‘madre de Satán’


La Policía Nacional detuvo el pasado martes en Ferrol (A Coruña) y Cartagena (Murcia) a una joven de 19 años y a su exnovio, de 21, acusados de actividades yihadistas por presuntamente enviar dinero al Estado Islámico (ISIS en sus siglas en inglés) y divulgar en redes sociales manuales para elaborar detonadores y explosivos, entre ellos Triperóxido de Triacetona (TATP), una potente sustancia de fabricación casera conocida como madre de Satán. La arrestada, de nacionalidad española e hija de un antiguo militar, ha ingresado en prisión provisional por orden del juez de la Audiencia Nacional Antonio Piña, acusada de los delitos de enaltecimiento, autoadoctrinamiento, adoctrinamiento a terceros y financiación del terrorismo. Su antigua pareja, que se ha desmarcado de las actividades de ella, quedó el pasado jueves en libertad con medidas cautelares tras ser acusado de autoadoctrinamiento y financiación.
La investigación comenzó en febrero de 2025 cuando agentes de la Comisaría General de Información (CGI) de la Policía Nacional detectaron la intensa actividad en redes de una mujer que difundía a través de sus perfiles todo tipo de material terrorista, alguno muy violento, como ejecuciones realizadas por el Estado Islámico. La joven, que entonces vivía en Cartagena y estudiaba en un instituto, se había convertido al Islam solo unos años antes tras el divorcio de sus padres. Las pesquisas revelaron entonces que mantenía contactos con varios dirigentes del ISIS asentados en la zona fronteriza de Siria con Turquía a través de aplicaciones de mensajería. En sus comunicaciones, pedía a estos que le enviaran manuales para adiestrarse en la fabricación de explosivos, cinturones bomba y detonadores. Tras recibirlos, ella supuestamente los difundía a través de sus perfiles en redes sociales.
Las pesquisas apuntan que fruto de estos contactos, la joven presuntamente envió dinero a miembros de la organización terrorista asentados en aquel país. Al no tener un trabajo que le proporcionara ingresos propios (estudiaba formación profesional en Ferrol), las cantidades que remitía eran pequeñas y nunca superaron los 50 euros. Fuentes cercanas a la investigación apuntan que, de hecho, el dinero procedía de lo que le entregaban sus padres para sus gastos. Según detallan las fuentes consultadas, la cantidad total enviada que se ha detectado hasta ahora ronda los 200 euros. Los envíos los hacía con la ayuda de quien entonces aún era su novio, quien tras ser detenido ha declarado que ella se lo pedía como un favor, pero que nunca supo cuál era el destino de esos fondos.
El rastreo de su actividad en redes sociales ha revelado que la mujer hacía frecuentemente búsquedas para consultar noticias en las que se hablara de mujeres que hubieran cometido atentados yihadistas. Además, había cambiado su aspecto exterior y en la vestimenta seguía los postulados más rigoristas del islam. En su domicilio en la ciudad gallega, donde se había trasladado a vivir el pasado verano tras la ruptura con el otro arrestado, se le encontró una bandera negra con los caracteres árabes en blanco de la shahada (“No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta”), utilizada como símbolo por diferentes grupos yihadistas. En las imágenes que ella difundía de sí misma en redes sociales también se le ve lucir el llamado sello del profeta, un anillo que simboliza la fe a la religión musulmana.
Fuentes cercanas a la investigación destacan el alto nivel de radicalización alcanzado por la joven en poco tiempo. Según estas fuentes, este caso refleja algunos de los cambios más significativos que se ha detectado en el yihadismo en España en los últimos años. Por un lado, el papel cada vez más activo de las mujeres, que han pasado de ser meros acompañantes de los radicales islamistas, a asumir una mayor implicación. La mayoría se sitúa en el apoyo logístico, el reclutamiento o la financiación, aunque en otros países ya se les han intervenido planes para atentar.
En este sentido, las fuentes policiales destacan el parecido entre el caso de la joven de Ferrol y las dos hermanas de 21 y 19 años detenidas en Alcorcón (Madrid) en mayo del año pasado. Estas fueron arrestadas como presuntas creadoras en redes sociales de una “academia de la yihad” desde la que adoctrinaba a mujeres jóvenes. Ambas manejaban una veintena de perfiles en distintas redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea donde acumulaban, en algún caso, hasta 1.000 seguidoras y en los que difundían, entre otro, material violento elaborado por el Estado Islámico.
El otro cambio del yihasimo es la edad cada vez más joven de los detenidos. El último anuario sobre la lucha contra la violencia islamista en España del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET, organismo creado por el Colectivo de Víctimas del Terrorismo-Covite) reflejaba que, de los 81 detenidos por islamismo radical en 2024, último año analizado, 32 (cerca del 40%) tenían menos de 25 años. El análisis destacaba que era precisamente la edad de los implicados uno de los aspectos en los que se habían registrado “cambios significativos” respecto a otros años. Así, mientras en 2020 la franja de edad predominante era, con gran diferencia, la de los que tenían entre 32 y 38 años, en aquel año fue la que comprende a los que tenían entre 18 y 24 años.
En lo que va de año, la Policía Nacional ha detenido ya a cinco personas por sus presuntas actividades yihadistas (cuatro han ingresado en prisión). En 2025, las fuerzas de seguridad arrestaron a un centenar de personas por estos hechos, cifra solo superada por los detenidos contabilizados en 2004, el año de los atentados del 11 de marzo en Madrid, cuando fueron 131, según las estadísticas del Ministerio del Interior.
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