El Gobierno central incluye la península de la Magdalena de Santander como lugar de memoria y choca con el Consistorio y el Ejecutivo cántabro
El Ministerio de Memoria Democrática recuerda que allí hubo un campo de concentración entre críticas por “reabrir heridas” y “generar división”


La península de la Magdalena de Santander será reconocida como lugar de memoria por parte del Ministerio de Memoria Democrática como recordatorio de que allí hubo un campo de concentración del bando franquista durante la Guerra Civil. El Gobierno central ha iniciado los trámites para ello pese a las protestas del Ayuntamiento santanderino y del Ejecutivo regional, ambos del PP, críticos con un movimiento que “reabre heridas” y “generan división y enfrentamiento”. El Consistorio trató de impedir el nombramiento alegando que el espacio de represión se hallaba en las caballerizas y no en el palacio que corona el cabo cántabro. Los colectivos memorialistas de la región han valorado la medida para que “en un lugar hermoso con una bella historia cultural y paisajística haya una placa explicándolo todo y rememorando” a las víctimas.
El acuerdo de iniciar el procedimiento para este reconocimiento por parte del Ministerio de Memoria Democrática detalló en octubre el porqué de otorgar tal relevancia y restitución a las víctimas: “Al finalizar la guerra existían en todo el país 188 campos de reclusión, y uno de los más importantes, además de servir como modelo para el sistema de concentración franquista, fue el de La Magdalena, en Santander. Con el derrumbe del Frente Norte, aislado del resto de la zona republicana y sin posibilidad de huida hacia Francia, el mar se convirtió en la única vía de escape”.
El departamento dirigido por Ángel Torres destaca que “aunque su capacidad máxima era de 600 prisioneros, llegó a albergar más de 1.600” y que en el Archivo General Militar de Ávila apareció un documento relatando lo exigido a los presos: “Realizar el saludo fascista al cruzarse con los mandos, cantar el Cara al Sol, asistir a misa y participar en actividades destinadas a fomentar el llamado ‘espíritu español”. “La ubicación geográfica del palacio hacía de él un lugar idóneo para la reclusión: una península cerrada con accesos controlados, de la que solo era posible escapar a nado”, se agrega en la exposición de motivos, precisando que “las condiciones de vida eran extremadamente duras: los presos sufrían hambre, frío, hacinamiento y enfermedades como el tifus, la sarna o la tuberculosis. La mortalidad era alta, y los testimonios apuntan a que muchos cadáveres eran abandonados en la orilla del mar para que las corrientes se los llevaran; otros, posiblemente, fueron ejecutados en el propio recinto”.
Además, se informa de que muchos reclusos pasaban meses penando antes de ser interrogados y muchos morían antes de poder declarar en juicios sin garantías. Este campo de concentración, exponen, fue muy fotografiado para replicar su estructura en otros centros similares de internamiento y “el régimen lo utilizó como herramienta de propaganda”.
La resolución de la apertura del periodo de información pública como previa a su confirmación oficial se ha publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) este martes y abre un plazo de alegaciones toda vez se han ido desestimando las esgrimidas por las administraciones local y autonómica. El Ayuntamiento dirigido por Gema Igual se ha opuesto en todo momento al planteamiento estatal y la regidora se mostró rotunda en octubre, cuando comenzaron los trámites y el debate sobre la Magdalena: “Mientras Santander trabaja cada día por resolver los problemas reales del presente y mirar al futuro, otros prefieren seguir sacando fantasmas del pasado, reabriendo heridas y utilizando decisiones simbólicas que solo sirven para dividir a la sociedad”. Para ella, el movimiento del ministerio “solo sirve para dividir a la sociedad” y “no aporta nada a la convivencia, ni al progreso de la ciudad ni al respeto institucional”. Misma tesis mantuvo la presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga: “Lo único que hace es seguir abriendo heridas y fracturar a la sociedad, son cosas tristes, son cosas penosas”. Buruaga aseguró que el Gobierno debería “dejar a la sociedad reconciliarse y olvidar”. El Parlamento cántabro aprobó, a instancias del PP y con votos de Vox, que se instara al Gobierno central a deponer la declaración del espacio como lugar de memoria.
La península santanderina cuenta con un reconocible palacio donde veraneaban la familia de Borbón, un zoo y naves históricas expuestas en una zona con playas y paseos populares y habituales conciertos en verano. La Magdalena fue un campo de concentración desde agosto de 1937 hasta noviembre de 1939 y sirvió para que las tropas sublevadas encerraran en ellos a los mandos republicanos o rebeldes al alzamiento fascista. El Ayuntamiento solicitó que se archivara el expediente porque el campo de reclusión se hallaba en las caballerizas y no en el palacio a la par que reivindicaban la importancia social y patrimonial del inmueble. Gema Igual reprochó “dedicar recursos de todos los españoles a manchar y ensombrecer una historia de 117 años de un lugar emblemático para los santanderinos por un episodio puntual que duró dos años”.
El presidente de la plataforma de Memoria Histórica de Cantabria, Jorge Suárez, acepta la relevancia “cultural y paisajística” de la península de la Magdalena, pero insiste que es perfectamente compatible con instalar una placa informando de lo sucedido durante la Guerra Civil. “La península no es solo un lugar hermoso con una bella historia cultural y paisajística, pero lamentablemente fue un campo de concentración, horrendo, en los comienzos del fascismo, en plena Guerra Civil”, esgrime, recordando lo sucedido allí: “Es digno de declaración como lugar de Memoria para que haya una placa explicando todo, además de lo cultural y paisajístico, que se rememore a las personas que padecieron y murieron por las condiciones en las que estuvieron encerradas allí”. Suárez, promotor con la asociación de esta petición, ve lógica las críticas del PP local y cántabro: “No nos extraña la oposición de los posfranquistas del Gobierno regional y de la alcaldía”.
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