Europa en 40 años, en un minuto y en un par de segundos
En los actos por el aniversario de la adhesión de España a la UE se pidió más Europa, más unidad, mejor democracia... Palabras y principios tan bonitos como frágiles


Los asistentes a este pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo permanecían puestos en pie este penúltimo miércoles de enero. La presidenta del Parlamento, Roberta Metsola, había pedido un minuto de silencio por el accidente de tren en Ademuz por el que han fallecido 43 personas. Hasta que fue interrumpido por el leve quejío de un bebé de apenas un par de segundos. Que no fue llanto, ni grito, sino más bien una fe de vida. Pueden sacarse conclusiones ahí, quizá, aunque lo más seguro es que se cayera en una cursilería impropia en un día de luto. Fue una casualidad, y punto. Y sonó bonito. Y se repitió después en al menos un par de ocasiones.
Inmediatamente después vinieron los discursos, con sus pertinentes condolencias, agradecimientos y declaraciones de intenciones. Se pidió más Europa, más unidad, más valores, mejor democracia. Conceptos muy parecidos a los de otras intervenciones previas a este día, que se celebra el 40 aniversario de la adhesión de España y Portugal a la Unión Europea. Palabras y principios tan bonitos como frágiles, tan puestos en duda, y sobre todo en estos días, o más bien en estos años.
Una media hora antes, el rey Felipe VI, el presidente de la república francesa Marcelo Rebelo de Sousa y Metsola caminaban juntos y firmes por una alfombra roja tras cruzar la entrada del edificio que lleva el nombre de Mariana Pineda, la española que enviudó a los 18 años (se casó a los 15) y que fue ajusticiada el 26 de mayo de 1831 en Granada, con 26 años, por no delatar a sus compañeros liberales contrarios al absolutismo de otro rey, de nombre Fernando VII. En su casa habían encontrado una bandera constitucional a medio bordar cuando la detuvieron.
Sonaron los himnos, y cerca de las tres personas que posaban delante de tres banderas pululaban y susurraban grupos de estudiantes y creadores de contenido empuñando los móviles con firmeza, como una extensión de ellos mismos. Cerca, los fotógrafos empuñando objetivos muchísimo más grandes. Otra imagen de la brecha generacional.
Se escuchó el himno español, mientras Metsola jugaba con los anillos de su mano izquierda, algo que repitió cuando sonó el de Portugal y pudimos comprobar lo bien que suenan los himnos con letra y descartamos la posibilidad de hacer lo propio con el nuestro para evitar aún más tensión en el ambiente. Cuando sonó el europeo, la presidenta del Parlamento se pasó directamente a mover las manos siguiendo la partitura.
Hubo cóctel después de las palabras del Rey. Felipe VI apareció con el semblante relajado, el luto por terna, dio las gracias a todo el mundo que le rodeaba como corresponde al cargo que tiene y a la educación recibida. En cuanto acabó, perdió la atención de los que hasta el momento no le quitaban el ojo y el móvil de encima. Porque somos europeos, pero sobre todo españoles, así que la hora del aperitivo es sagrada y el interés pasó a ser la zona de las bebidas. El aperitivo consistió en agua con o sin gas. Nada más. Se dejó de hablar de Mercosur, y de Groenlandia y de Irán. Nadie pronunció el nombre de Pedro Sánchez y siguieron los selfies. Y siguió, como sigue y como puede, Europa.
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