Huelva se prepara para lo peor mientras espera la difícil identificación de cadáveres
Decenas de familias de la provincia viven con incertidumbre, ansidead y angustia la falta de confirmación sobre los fallecidos


Huelva ha vivido este lunes sumida en una incertidumbre con la que sus vecinos tratan de alejar la evidencia de lo que ya se asume como una tragedia inevitable. El tren peor parado del accidente del pasado domingo es el que viajaba de Madrid a la capital onubense y la mayoría de los que allí iban eran vecinos de esa ciudad y del resto de la provincia. El goteo de cadáveres identificados certifica ese temor: desde la familia de Punta Umbría, hasta los periodistas onubenses, todos vivían en ese territorio, como la mayoría de los desaparecidos. “Ojalá podamos dar un poco de paz a todas estas familias, porque la incertidumbre es mala”, se lamentaba la alcaldesa de la ciudad, Pilar Miranda, para ilustrar cómo a estas alturas ofrecer certezas, buenas o malas, es más reparador que mantenerse en la ignorancia sobre el destino de los seres queridos.
“Esta es la mayor tragedia a la que se ha enfrentado esta ciudad”, reconocía la regidora tras la sobrecogedora concentración en reconocimiento a las víctimas del descarrilamiento celebrada en la capital onubense al filo del mediodía. Allí no había nadie de los congregados que no conociera personalmente o por referencias cercanas a alguno de los pasajeros que viajaba en el Alvia. “Huelva es una ciudad pequeña, nos conocemos todos, esto va a ser devastador”, comentaban los asistentes.
“Va a ser una conmoción”, coincidía Miguel Ángel Rodríguez, portavoz de Cruz Roja en Huelva y que coordina al equipo de 25 personas encargado de prestar atención psicológica y acompañamiento a los familiares de las víctimas y heridos en el accidente ferroviario. El profesional advertía así sobre el impacto que en el ánimo de la capital y de la provincia iba a tener esta tragedia conforme se vaya confirmando el número de fallecidos. Rodríguez pasó toda la noche del domingo asistiendo a la treintena de personas que se acercaron a la estación de ferrocarril para tratar de obtener noticias de los familiares que viajaban en el Alvia. “Tuvimos que atender muchos ataques de ansiedad”, explica, con el rostro abatido.
Con la luz del día, el ánimo de los pocos vecinos que se han acercado al nuevo punto de atención habilitado por el Ayuntamiento en la sede de Protección Civil, era menos desesperado, pero sí compartía un rasgo común: “La incertidumbre que te invade al no tener información. Eso genera mucha ansiedad y mucha angustia”.
En esa situación han permanecido durante buena parte del día los familiares de Ricardo Chamorro Cáliz, de 57 años, de Huelva, funcionario de prisiones que había acompañado a sus alumnos a las oposiciones a Ayudantes de Instituciones Penitenciarias. Su foto circuló en redes sociales poco después del accidente. Sus familiares no sabían nada de ellos y buscaban cualquier indicio que pudiera aclararles su paradero. Finalmente, a última hora de la tarde, recibían la confirmación de que se encontraban entre los 40 fallecidos, según confirmaron allegados a este diario.
“Un día extraño”

A esas oposiciones había acudido Javier, de 37 años. Las ganas de celebrar las buenas perspectivas de la prueba impidieron que llegara a tiempo de subirse en el tren. “Ayer fue un día extraño”. Es la única forma que tiene este opositor a funcionario de prisiones para explicar el cúmulo de sensaciones encontradas que vivió este domingo y que todavía no ha acabado de asimilar. Cuando vio que tenía infinitas llamadas perdidas de su novia supo que algo iba mal y cuando ella, con inmenso alivio, le explicó la tragedia del accidente del convoy que había perdido el “subidón” por el examen se tornó en una especie de zozobra e incredulidad que aún no termina de asimilar. “Un compañero está ingresado muy grave, otra pudo dormir en su casa, pero esta mañana no se podía mover porque ha empezado a sentir el dolor de los golpes”, cuenta, sobre la contradicción que sufre al sentirse, por una parte afortunado, pero por otra preocupado por lo que le ha ocurrido a sus colegas. Javier sigue en shock. “No pienso en moverme de Madrid. No voy a coger un tren, pero también tengo miedo a subirme en un autobús o ir en coche”, reconoce.
Andrés Gallardo también es funcionario de prisiones y también acompañaba a sus pupilos a Madrid Es uno de los dos desaparecidos de Lepe. Otra es Miriam Albarico, una joven de 27 años cuya foto también difundió su familia. “Viajaba en el vagón 1 y no saben nada de ella”, cuenta a este diario Salvador Romero, presidente de la asociación AVE para Huelva, a quien sus allegados han acudido para buscar ayuda para conseguir su identificación. La confirmación por parte del Reina Sofía de la existencia de un historial médico hizo creer erróneamente a los suyos que había aparecido con vida, pero pronto constataron que se trataba de un error y regresaron a ese limbo de la incertidumbre.
“Es importante mantener la cautela a la hora de las identificaciones para evitar malentendidos y causar más sufrimiento a las familias”, indicaba Miranda tras el minuto de silencio. La identificación de las víctimas avanza con lentitud por el estado en el que se encuentran algunos cadáveres, entre otras cosas. A lo largo del día se han estado tomando huellas dactilares, informan fuentes oficiales, y se han habilitado distintos puntos en las comandancias de la Guardia Civil para que los familiares puedan donar ADN y ofrecer información que pueda agilizar y facilitar el proceso.
En Isla Cristina también aguardan con cierto desasosiego las noticias que no llegan de dos de sus vecinas que iban en ese Alvia. En Punta Umbría la esperanza por encontrar a otros dos residentes desaparecidos se ha ahogado en el dolor de constatar la identificación de los cuatro miembros de la familia Zamorano Álvarez que no estaban localizados. La abuela fue una de las personas que se acercó a la estación de Huelva para preguntar por los suyos. Allí Rodríguez pudo darle la buena noticia de que habían localizado a su nieta de seis años, que viajaba con el resto. La pequeña se ha convertido en la única superviviente.
La atención se concentra estos días en Adamuz y en Córdoba, donde los profesionales se afanan por excarcelar los cuerpos enredados en el amasijo de hierros a los que han quedado reducidos los vagones siniestrados, en identificar los cadáveres, en salvar la vida de los heridos más graves y en curar al resto. Pero el epicentro de la tragedia está en Huelva, que se prepara para lo peor.
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