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La sequía se aleja de Málaga aunque los embalses siguen solo a la mitad de sus reservas

La lluvia recarga los pantanos, con el triple de agua que hace solo dos años, para eliminar todos los cortes de abastecimiento en la provincia y suavizar las restricciones al consumo humano y la agricultura

Junto al embalse de La Viñuela, al este de Málaga, hay una sencilla área recreativa. Tiene un puñado de barbacoas y mesas de piedra a la sombra de un pinar. También un minigolf abandonado y varios caminos que permiten dar un paseo por el entorno. Es un lugar que en enero de 2024 había perdido gran parte de su encanto: el pantano más grande de la provincia marcaba su mínimo histórico desde que hay registros con apenas 12 hectómetros de reservas, un 7% de su capacidad total. Costaba entender que el agua hubiese llegado alguna vez hasta el alejadísimo lugar donde descansaban unos hidropedales cuarteados por el sol, rodeados de tierra y hierba seca. Hoy la imagen es muy diferente. El paisaje rezuma verde y a la presa se le ve repuesta tras multiplicar por seis sus reservas hasta el 46%. No es ni la mitad, pero simboliza bien cómo esta provincia andaluza ha pasado en solo dos años de uno de sus peores momentos de escasez a una situación más estable y optimista.

En los meses anteriores y posteriores a aquel enero de 2024 hasta cuatro de los siete embalses en territorio malagueño marcaron sus mínimos históricos. Y las reservas provinciales cayeron hasta un 15,5% en octubre de ese año, la cifra más baja desde que hay registros (2009) según los datos facilitados por la Red Hidrosur. Eran tiempos donde dos de cada tres malagueños vivían con restricciones y del grifo no salía nada durante largas horas en decenas de municipios. Cinco años de sequía pertinaz, con escasas precipitaciones, habían obligado ya a la Junta de Andalucía a dictar cuatro decretos de sequía y reunir de manera frecuente a la comisión que decidía cómo ahorrar hasta la última gota. Desde prohibir el llenado de piscinas o cortar el agua de las duchas de la playa a restringir totalmente el uso de las reservas para riego en el Valle del Guadalhorce y la comarca de la Axarquía, donde la producción de aguacate y mango se desplomaba y numerosos agricultores cortaron árboles o dejaron de explotar sus fincas ante la imposibilidad de rentabilizarlas. Los dos pilares económicos malagueños, agricultura y turismo, se tambaleaban de sed. “Fue complicado: ha sido muy difícil sacar la situación adelante”, reconoce Fernando Fernández, delegado de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía en Málaga.

Con cierta cautela, Fernández celebra la situación actual gracias a las lluvias caídas desde octubre de 2024, que dejaron un año hidrológico con más de 800 litros por metro cuadrado en casi toda la provincia y hasta 1.200 en algunos puntos. Las repetidas lluvias, sobre todo las que cayeron durante tres semanas seguidas el pasado marzo aliviaron la situación. El temporal a finales de diciembre y la borrasca Francis de enero remataron la situación —con acumulaciones de hasta 400 litros en medidores de la Sierra de las Nieves— para permitir que hoy las reservas de los pantanos estén al 56% con 342 hectómetros cúbicos, el triple que a estas alturas de 2024. “Si tenemos otro año hidrológico por encima de la media podríamos decir que el ciclo de sequía ha finalizado”, afirma Fernández, quien destaca que en la actualidad ningún municipio malagueño tiene restricciones y que la próxima comisión de sequía, prevista para marzo, revisará las dotaciones por comarca —de entre 225 y 250 litros por personas y día— para mantenerlas o aumentarlas “pero no para reducirlas, porque tenemos más agua que el año pasado cuando se fijaron las cuotas vigentes”, destaca. El responsable andaluz, eso sí, insiste en la necesidad de usar de manera eficiente “un recurso que no es ilimitado”.

Iñaki Vadillo es catedrático de Hidrogeología de la Universidad de Málaga y también suspira aliviado porque las reservas han mejorado mucho en poco tiempo. “Tenemos la mitad del almacenamiento lleno y esperamos aún a los frentes de marzo o abril, lo que podría mejorar aún más los datos”, explica. Además, celebra lo que no se ve: los acuíferos subterráneos. “Han mejorado bastante y eso es muy relevante”, insiste quien, eso sí, acaba la frase con un pero. “Las cifras son buenas, pero hay que verlas también desde el punto de vista de la demanda de la provincia”, advierte el especialista, que subraya cómo el turismo alejado ya de la estacionalidad necesita cada año más agua. De hecho, la Costa del Sol consume cerca de 100 hectómetros anuales de media (según las estimaciones de Acosol) a los que se suman otros 20 del litoral oriental. Vadillo cree que no se pueden lanzar las campanas al vuelo y sí confía en que llueva en primavera y el próximo otoño para mayor tranquilidad. “Y lo más importante es estar preparados para las siguientes sequías, que llegarán”, avisa. Por eso pide más compromiso a largo plazo de la clase política, conocer mejor los recursos bajo suelo para tirar de ellos en caso de necesidad y analizar bien opciones como desalación y aguas regeneradas. “En cuanto llueve nos olvidamos de todo, pero hay mucho por hacer”, advierte.

El campo pide la desaladora

“La lluvia ha sido un gran alivio, pero las reservas son escasas”, opina por su parte José María López, presidente de la Asociación Española de Tropicales, quien reconoce que la campaña de mangos ha sido histórica con más 40.000 toneladas —más que nunca y casi cuatro veces que en los años secos anteriores— y la de aguacate va por buen camino. Los agricultores de la Axarquía como él, donde están la inmensa mayoría de cultivos subtropicales, ven el vaso de La Viñuela medio vacío, porque saben que hasta que no tenga mucho más de ese 46% actual no podrán volver a utilizar más agua para riego (es, además, único sistema malagueño que sigue en situación de alerta). Hoy tienen permiso para hacer uso de 12,8 hectómetros cúbicos, poco, pero es mucho comparado con tres tras años sin poder usar ni un solo litro. Ello, además de la mayor disponibilidad de aguas regeneradas, ha dado tranquilidad al sector. Aquí también hay peros. “Hay que ponerse las pilas con las infraestructuras hídricas. Y la desaladora es lo más importante”, señala López, quien pide que se acelere la planta prevista por el Gobierno en esta zona, aún en fase de redacción del anteproyecto y sin plazos claros para hacerla realidad. No todos, eso sí, defienden esa apuesta. “Nosotros pensamos que es absurdo tener tanto cultivo de regadío en una zona tan vulnerable a la sequía. Para nosotros lo importante no son desaladoras, más embalses o trasvases. Lo que debería hacerse es un cambio de modelo industrial, turístico y agrícola”, sostiene Librada Moreno, portavoz de Ecologistas en Acción. “El agua es un patrimonio de todos que no pueden malgastar quienes más dinero tengan”, añade señalando las más de 82.000 piscinas de la provincia —11.000 solo en Marbella— o los más de 50 campos de golf actuales, con varios más en proyecto.

“Puede haber cierta sensación de que no hay agua para regar, pero sí para los turistas. Es un gran dilema y conjugar ambos intereses es complicado. Pero Marbella o Fuengirola saben que tienen 250 litros por persona y día y que no pueden gastar más. Si da para compaginar urbanizaciones, turistas, hoteles… pues se podrá seguir así o no”, indica Fernando Fernández. El delegado de la Junta apunta que la preparación para próximas sequías lleva ya un tiempo en marcha con numerosas actuaciones. Así, el plan de infraestructuras hídricas ha incorporado nuevos recursos, como la estación de bombeo de La Rosaleda que permite trasvasar hasta 300 litros por segundo desde la capital hasta la Axarquía para consumo humano o los nuevos pozos del bajo Guadalhorce, comarca en la que se han movilizado 65 millones de euros para luchar contra la sequía. También destacan las nuevas capacidades de los recurso no convencionales, como los 22 hectómetros cúbicos de aguas regeneradas para riego en la zona oriental —estaciones de Peñón del Cuervo, Rincón de la Victoria, Torre del Mar, Torrox y Algarrobo— o el aumento de la capacidad de la desaladora de Marbella de 6 a 20 hectómetros. “Hay muchas actuaciones finalizadas y otras que se están haciendo en estos momentos”, insiste Fernando Fernández, algunas de ellas pertenecientes al Plan de aguas regeneradas para el regadío en Andalucía (Plan PARRA) que servirá para optimizar conducciones, construir balsas o la eficiencia energética, entre otros aspectos.

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Sobre la firma

Nacho Sánchez
Colaborador de EL PAÍS en Málaga desde octubre de 2018. Antes trabajé en otros medios como el diario 'Málaga Hoy'. Soy licenciado en Periodismo por la Universidad de Málaga.
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