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Los conventos de Toledo que quieren convertirse en caseros: “Aplicaremos una ética de alquileres”

La iniciativa, impulsada por el Consorcio de la Ciudad de Toledo, busca preservar el patrimonio de estos edificios y  contribuir a fijar población en el Casco Histórico

Los conventos de Toledo buscan ingresos para mantenerse a flote y preservar su modo de vida. La falta de vivienda en el Casco Histórico, donde los alojamientos turísticos están desplazando a los alquileres de larga estancia, ha sido el acicate para escuchar la propuesta impulsada por el Consorcio de la Ciudad de Toledo y convertirse en caseros sin perder la espiritualidad y el alejamiento del mundanal ruido que guardan, con celo, entre sus muros. Dos conventos, el de Carmelitas Descalzos y el de las Capuchinas de la Purísima Concepción, se han apuntado a la iniciativa y ya han ofrecido dos espacios en desuso para levantar cuatro pequeños apartamentos, dos en cada uno de ellos. Las estrecheces de la vida conventual y la crisis de la vivienda se alían en una colaboración que el Consorcio ya impulsa junto al Ayuntamiento de Toledo en otros tres inmuebles de la zona monumental para aumentar el escasísimo parque de alquileres para residentes y dar un uso habitacional a los alrededor de 150 edificios, tanto públicos como privados, que permanecen cerrados y, en muchos casos, abandonados.

“No podemos mirar hacia otro lado y que esos edificios se vengan abajo. Para nosotros es prioritario convertirlos en viviendas”, explica Jesús Corroto, gerente del consorcio, una entidad que otorga ayudas a la rehabilitación y gestión del vasto patrimonio arquitectónico de la ciudad. En el caso de los conventos se ha hecho un análisis previo de su estado y de sus necesidades. “La población en estos edificios se ha reducido. Algunos se han abandonado y hay una problemática de fijación de población en el Casco Histórico”, justifica Corroto. El consorcio destinará 260.000 euros a la rehabilitación de los espacios que acogerán esas viviendas: la antigua casa sacerdotal del Convento de las Capuchinas o de la Purísima Concepción —actualmente vacío—, y un edificio anexo al Convento de Carmelitas Descalzos. El proyecto contempla, de momento, cuatro primeras viviendas, actualmente en fase de licitación, pero que ya se han propuesto al resto de conventos. “Podríamos hablar de 20 o 30 viviendas”, calcula Corroto. Que llegue a todos dependerá del presupuesto disponible y de la predisposición de las órdenes religiosas.

“Es una demanda de la sociedad y, en particular, de la sociedad del casco de Toledo, que quiere que se revitalice”, defiende Ricardo Plaza, fraile del Convento de Carmelitas Descalzos, donde se levantarán dos de las cuatro viviendas proyectadas y que ya cuenta con una hospedería que aporta buena parte de sus ingresos. Los conventos no suelen recibir ayudas de las diócesis o de los obispados, sino de sus congregaciones, y toca agudizar el ingenio. “Tenemos que ganarnos la vida y para eso tenemos que trabajar”, asegura el fraile Plaza. Abrirse a otros usos ayuda a pagar las facturas de los suministros básicos y de cualquier imprevisto, como el hundimiento de la cubierta del convento durante la dana de 2023. “Una obra en el casco se duplica y a veces se triplica. Aquí no viene una grúa que te suba las tejas al tejado. Aquí es máquina de sangre, o sea, humana”, cuenta Plaza, que añade el factor humano del proyecto para hacer frente a la crisis de la vivienda que afecta, sobre todo, a los jóvenes. “Tengo sobrinas y sé por lo que están pasando. Queremos poner nuestro granito de arena a una situación muy complicada”.

“Ética de alquileres”

Corroto rechaza que se hable de “micro-pisos”. Las viviendas, que tendrán una superficie útil de entre 37 y 60 metros cuadrados, deberán ajustarse a la normativa de habitabilidad del Casco Histórico de Toledo. Contarán con uno o dos dormitorios, además de cocina, baño y acceso independiente desde la calle para no interferir en la vida de estas “micro-ciudades”, como las define Corroto. “Tienen que tener una ventilación y una iluminación adecuada, con ventanas a la calle”. El consorcio dirigirá las obras pero el coste de los alquileres, a diferencia de las impulsadas junto a la Empresa Municipal de la Vivienda en el entorno patrimonial del Corral de Don Diego —que sí tendrán un precio máximo— lo decidirán las propias órdenes religiosas porque son edificios privados que, además, no se pueden segregar al estar catalogados como Bien de Interés Cultural (BIC). La única línea roja impuesta por el consorcio: que no sean viviendas turísticas. Los conventos aplicarán, según Corroto, una “ética de alquileres” para favorecer a personas y familias que quieran residir en el Casco Histórico y contribuir así a fijar población.

Las viviendas deberán estar listas en el plazo de un año desde su adjudicación a una constructora. Los conventos sufragarán parte de la obra, además de hacerse cargo del mobiliario y de otros suministros. “No es una subvención al cien por cien”, aclara Corroto. El consorcio también ha hecho estudios para destinar parte del huerto del Convento de las Jerónimas a un aparcamiento para residentes. La zona monumental de Toledo apenas cuenta con una decena de conventos activos y su supervivencia pasa por diversificar sus ingresos más allá de la repostería que elaboran en sus obradores. La Asociación Amigos de los Conventos de Toledo plantea instalar 30 huertos urbanos en el Convento de las Carmelitas de San José para alquilarlos a vecinos. Otro de ellos, el de las Comendadoras de Santiago, ofrece platos de cuchara bajo reserva y guardería infantil. “Todo lo que sea incentivar a que los conventos sean autosuficientes es positivo”, defiende Francisco Rodríguez, presidente de la Asociación, que también oferta talles de horticultura, costura o encuadernación para ayudar a estas comunidades.

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