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La vida del fugitivo Carlos Fernández a 10.400 kilómetros de Marbella: “No he dejado de tener miedo en los 19 años”

El exconcejal marbellí salda sus cuentas con la justicia y regresa a España para estar con su familia casi dos décadas después de convertirse en el más buscado del ‘caso Malaya’

Carlos Fernández pasó la Navidad de 2006 en una plaza de Buenos Aires, rodeado de desconocidos. No podía tener contacto con sus padres, su hermano o su tía, que es como una hermana para él, porque la Policía les había intervenido los teléfonos y les había estado siguiendo. Habían pasado casi seis meses desde el 27 de junio, el día que decidió convertirse en un fugitivo en lugar de acudir a declarar ante el juez Miguel Ángel Torres, intructor del caso Malaya, contra la corrupción en el Ayuntamiento de Marbella (Málaga, 160.000 habitantes). “Compré comida y me vi solo, empecé a pensar en cómo estarían ellos, en qué estarían pensando. Sabía que mi vida a partir de ahí no iba a ser lo mismo”, cuenta en una entrevista a EL PAÍS. Fernández, el prófugo más mediático de la operación Malaya ―que provocó la primera disolución de un Ayuntamiento en democracia ― ha tardado 19 años en volver a pasar estas fiestas en la Costa del Sol.

Con 57 años, el pelo canoso y el mismo trato amable de cuando tenía 38, vuelve a ser un hombre libre en España. Era uno de los concejales del Partido Andalucista investigado por recibir sobornos del exasesor de urbanismo marbellí Juan Antonio Roca. La contabilidad del considerado “cerebro de la trama” le atribuía cobros por 150.000 euros situados junto a las iniciales C.F. “¿Crees que merece la pena irse por 150.000 euros?”, pregunta de manera retórica. “Te garantizo que no. Roca no me pagó nada”, defiende. No fue al juicio, ni cumplió ninguna pena, aunque sí estuvo tres meses en prisión preventiva en Argentina, donde consideraron prescrita la causa en 2017, 11 años después de poner 10.400 kilómetros de por medio.

¿Merece la pena irse por 150.000 euros? Te garantizo que no. Roca no me pagó nada".

Su batalla judicial para poder volver a España se ha ido prolongando en el tiempo. El último episodio ocurrió el 29 de octubre, cuando llegó a España desde Buenos Aires y fue detenido en el aeropuerto de Madrid Barajas. La justicia española, que llegó a reclamarlo por ocho causas, ya solo le pedía cuentas por el caso Saqueo II, también sobre irregularidades en el Ayuntamiento marbellí entre 1991 y 1999, y que la Audiencia Nacional ya había juzgado. “Ya habíamos mandado mi información a la Policía (...) Los magistrados me estaban esperando, había un borrador confeccionado, con una conformidad y me pusieron la vista para el día 5 de noviembre”, cuenta. Se declaró culpable y ha sido condenado a resarcir al Ayuntamiento marbellí con 258.000 euros más intereses. La necesidad de estar con su familia, explica, es lo que le hizo aceptar un acuerdo con la Fiscalía. “Tenía una deuda moral con mi padre, si hay que pagar, listo, lo pagaré”, afirma, tras subrayar que en Argentina ya era un hombre completamente libre. Allí le juzgaron por las causas que tenía con la justicia española y en diciembre de 2022, después de varios recursos, las dieron por saldadas por prescripción, incluido el caso Saqueo II, por el que España, sin embargo, seguía reclamándolo.

El desarraigo es tremendo. Te deja un boquete en el alma. Pero me he sentido siempre en paz políticamente, en todos los sentidos"

Sentando en un chiringuito, en la playa marbellí de Cabopino, Fernández relata la angustia con los que ha vivido sus años de fugitivo y cómo se fue construyendo una nueva vida. Decidió huir, según sus palabras, porque no creía en la justicia. Y asegura que volvería a hacerlo. “El desarraigo es tremendo. No me siento ni de aquí ni de allí. He perdido 20 cumpleaños, 20 navidades, mi padre ha sufrido un infarto, mi madre también ha estado muy delicada y todo lo vivo en la distancia con amargura. Pero me he sentido siempre en paz, políticamente, en todos los sentidos”, defiende.

El exedil del PA se convirtió en uno de los fugitivos más buscados del país en 2006, en un momento en el que la operación Malaya abría los telediarios y acaparaba todas las miradas, atraídas por el brilli brilli de Marbella y las excentricidades y despilfarros de dinero público de sus investigados, entre los que estaba la exalcaldesa Marisol Yagüe, el exalcalde Julián Muñoz, o la tonadillera Isabel Pantoja. La llegada de los policías a la casa de sus padres le cogió haciendo el Camino de Santiago con su hermano. Y allí se le perdió su rastro. Las teorías sobre su huida se dispararon: que era el “garganta profunda del caso”, algo que tanto él como los agentes que le buscaron entonces niegan; que se había escondido en un convento en Cádiz; que estaba en Marruecos y por las noches iba a ver a sus padres de forma clandestina; que se había hecho la cirugía estética… “Hubo mentiras, informaciones distorsionadas e interesadas. Yo esperé prudentemente en mi silencio, creo que hoy vale esta entrevista”, mantiene Fernández, que niega haber recibido ayuda policial.

Miembros del CNI me dijeron: ‘Digas lo que digas, va a valer de poco’, también que entraría en prisión ‘sí o sí"

Cuando la Policía lo llamó, cuenta que habló con “miembros del CNI” con los que había mantenido “muy buenas relaciones” durante el tiempo que estuvo en el Ayuntamiento marbellí y le vaticinaron que entraría en prisión “sí o sí”. “Me dijeron: ‘Digas lo que digas, va a valer de poco”. En esa época, “tenía muy buena relación con distintos empresarios de Marbella”, entre los que cita a Judah Binstock, empresario británico ya fallecido y considerado uno de los mayores dueños del suelo de Marbella. “Para mí era un padrino en todos los sentidos, una persona que me ayudó con consejos emocionalmente”, relata. “Judah estaba en Portugal en ese momento. Me recibió, me atendió y me dijo: ‘la decisión que tomes te va a marcar tu vida”.

Con un destino en mente, Fernández se marchó “como cualquier turista”. “Agarré el primer vuelo que había, tenía mi documentación en regla, no había orden de busca y captura, me lo habían confirmado, había solamente una petición de que me presentara ante el juez Torres, saqué mi billete, me monté en el avión en Lisboa y de Lisboa volé a Río, y de Río hice transbordo y volé a Argentina”. Sus primeros días en Buenos Aires apenas pudo dormir. “No tenía posibilidades de hablar con nadie, solamente miraba en los cibers las noticias que había. Lo único que me llevé fue una pequeña bolsa que llevaba de ropa. La del camino”, cuenta Fernández. “Cada dos días cambiaba del lugar. Tenía mucho miedo de las situaciones que leía y veía en España”.

La provincia montañosa de San Juan, en el centro-oeste de Argentina, cerca de un paso fronterizo hacia Chile, fue el lugar en el que comenzó de nuevo. Fernández se casó, ha tenido una hija y un hijo, que ahora tienen 16 y 11 años, y se ha ganado la vida como coach, llegando incluso a diseñar una campaña electoral para un candidato político en la ciudad de San Juan. Todo, intentando pasar desapercibido. “No he dejado de tener miedo durante todo el tiempo en el que yo he estado, de alguna manera, ausente de la justicia. He tenido miedo por todo”, incide. “He vivido con una mochila preparada con la documentación, algo de dinero en efectivo, 4.000 o 5.000 dólares, para poder vivir”. Cada cierto tiempo, abandonaba la ciudad de San Juan y pasaba una temporada fuera. “Hicieron operativos en Argentina para buscarme en Mendoza, en Buenos Aires, en Mar del Plata, he tenido constancia a través de la Policía Federal”.

He vivido con una mochila preparada con documentación y dinero en efectivo, 4.000 ó 5.000 dólares. No hay fotografías. Me escondía, no iba a actos ni a cumpleaños"

Fernández mantiene que nunca ha utilizado documentación falsa, que estudió a distancia en una universidad española utilizando su verdadero nombre, y que también lo usó en su matrimonio y para inscribir a sus hijos en el Registro Civil. “Me casé legalmente, podía haber saltado la orden de búsqueda captura y haberme detenido el día de la boda. Creo que el amor pudo más que la justicia”. Pero en su relato priman los esfuerzos por mantener un perfil casi fantasmal. “En esos años no hay fotografías, solo una, en un evento que me pillaron la mitad de la cara, nada más. Siempre me escondía, no iba actos, ni cumpleaños, ni nada. Y eso también generaba extrañezas en mi entorno”, asegura. Su esposa, periodista, conoció su historia de forma “gradual” y su hija la descubrió con unos 10 años, al buscar su nombre en internet.

Tras aquella Navidad en la plaza de Buenos Aires, en la que se sintió tan solo, el siguiente giro le llegó cuando fue detenido por la Policía Federal argentina, después de 11 años escondiéndose. Ocurrió el 15 de septiembre de 2017. “Mi abogado toma contacto con la policía y llegamos un acuerdo. Había una recompensa que cobrar si era detención, si era entrega, no”. Pasó 96 días en unos pabellones para presos de lesa humanidad en los que no había barrotes y podía recibir la visita de su familia. Sus hijos, que todavía recuerdan esas visitas, lo llamaban “el club”. Después rechazó ser extraditado y se le juzgó “conforme a los convenios bilaterales”.

El día que me entregué en Argentina sentí una liberación e inmensa felicidad. Después de tantos años voy a ser yo"

Fernández, que maneja con agilidad la hemeroteca de sus causas judiciales, esgrime que no tuvo una buena defensa en su primer juicio, en el que fue condenado por malversar dinero del club de fútbol San Pedro Alcántara. Las denuncias que le sacaron del gobierno tripartito marbellí en septiembre de 2005, por coaccionar a trabajadores municipales para que se afiliaran al PA y dieran parte de su sueldo al partido, las atribuye a los intentos por sacarle de la ecuación electoral en Marbella, por sus buenas relaciones con empresarios y su empeño de pasar página del gilismo. Asegura que en la moción de censura contra Julián Muñoz, que pactó con Juan Antonio Roca en agosto de 2003, le llegaron a ofrecer retirar la denuncia que el Ayuntamiento marbellí había interpuesto contra él, pero que no aceptó.

En esta Navidad, Fernández ha podido regresar con los suyos y “hacer de hijo”. Se muestra enormemente agradecido a su hermano, que estudió Derecho para poder defenderle. Cuando le dejaron en libertad en la Audiencia Nacional, el pasado 5 de noviembre, le dio un abrazo y le dijo: “Ya te cumplí”.

De momento, no contempla la posibilidad de abandonar Argentina. “Tengo una vida allí, gracias a Dios, linda, bonita, muy familiar. Cambié la farándula, el circo de aquí por otra vida, que me sirvió de eje. Y Marbella tiene muchas cosas bonitas, pero también tiene maldiciones”.

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Sobre la firma

Juana Viúdez
Es redactora de la sección de España, donde realiza labores de redacción y edición. Ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria profesional en EL PAÍS. Antes trabajó en el diario Málaga Hoy y en Cadena Ser. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster de periodismo de EL PAÍS.
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