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LA IMAGEN
Columna

Estamos en lo que estamos

Un niño dejante de un misil iraní sin explotar en un campo abierto en las afueras de Qamishli (Siria) el pasado 4 de marzo. Baderkhan Ahmad (AP)

Parece que hemos progresado desde la quijada de burro con la que Caín mató a su hermano Abel. Para llegar a la delicatessen de la foto, hemos tenido que inventar antes muchas cosas, qué sé yo, el acero, la pólvora, la producción en serie, el cálculo diferencial y hasta los ministerios, con todas sus cadenas de huesecillos (direcciones generales, secretarías de Estado, gabinetes de prensa, etcétera). Hay ministerios para todo lo que usted sea capaz de imaginar, aunque son más eficaces unos que otros. Los de la Guerra (o de Defensa, según), y por poner un solo ejemplo, suelen funcionar mejor que los de la Vivienda, qué le vamos a hacer. Pero la quijada de burro, que es a lo que íbamos, ha evolucionado y nosotros (los Caínes de este mundo) con ella.

En la fotografía aparece un niño caminando junto a un misil iraní clavado en la tierra de Qamishli, en el este de Siria. La desproporción de tamaño entre el artefacto y el crío es casi obscena, lo mismo que el desacuerdo entre la dureza del cuerpo del misil y la carne del chaval, cuyos huesos están todavía en formación. El niño pertenece al reino de lo blando: piel, vísceras, sangre, tejidos que se rompen o rasgan con una facilidad desmoralizadora.

Y habló Dios:

—¿Dónde está Abel, tu hermano?

Y Caín respondió:

—No sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?

Entonces dijo Dios:

—¿Qué has hecho? Ahora la tierra, que bebió la sangre de tu hermano derramada por ti, te maldice. Cuando cultives la tierra, no te dará más su fruto. Errante y fugitivo serás en la tierra.

Pues en eso estamos.

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