Ir al contenido
_
_
_
_

Mercedes D’ Alessandro: “Argentina es un laboratorio de políticas de ajuste”

Dirigió entre 2019 y 2022 el Departamento de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía argentino, donde impulsó políticas solidarias y feministas. Hoy es una de las bestias negras de la anomalía política llamada Javier Milei

D' Alessandro, retratada en su casa del barrio bonaerense de Palermo.Mariana Eliano

La economista y docente argentina Mercedes D’Alessandro (Posadas, 48 años) es hija del movimiento Ni Una Menos. La ola feminista que surgió contra los feminicidios en 2015 en Buenos Aires y se expandió por gran parte de América Latina la animó a mirar sus trabajos sobre pobreza y desigualdad con otros ojos y nuevas preguntas. Una de ellas fue sobre un pilar invisible de la economía: el del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados. “Eso que llaman amor es trabajo no pago” pasó de consigna en las calles a objeto de estudio en la Dirección de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía, que encabezó entre finales de 2019 y 2022. De cuantificarse, representaría casi el 16% del PIB argentino, el sector con mayor peso, por delante de la industria y el comercio. Su equipo también dio a conocer la magnitud de la brecha de género en este campo: las mujeres dedican un promedio de 6,4 horas al día, y los hombres, 3,4 horas. Y el coste de criar a un hijo en el país: cerca de medio millón de pesos por mes (casi 300 euros), entre bienes y cuidados.

“Creo que la economía feminista es una de las pocas ramas de la economía actual que puede ofrecer un debate a los temas de la redistribución de la riqueza, al trabajo —que es central hoy con la inteligencia artificial— y que puede también aportar a qué sociedades estamos caminando”, dice la autora de Economía feminista: cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour) (2016) y de Motosierra y confusión (2024) durante la entrevista realizada en su casa, en Buenos Aires, un día antes de que viaje a México para participar en el festival Decididas.

La revista Time incluyó a D’Alessandro en 2021 en su lista de 100 líderes emergentes con más influencia en el mundo. Usa esa visibilidad para llamar a organizarse y poner en marcha políticas que mejoren la vida cotidiana de las personas. A caminar en una dirección distinta a la que apunta Javier Milei en Argentina y, en el ámbito planetario, magnates tecnológicos como Elon Musk y Peter Thiel, con ciudades privadas y colonias extraterrestres como plan B para unos pocos. Para esta economista crítica, un faro posible es el alcalde neoyorquino, Zohran Mamdani, que impulsa un plan de cuidados infantiles gratuitos en una de las ciudades más caras del mundo.

De todos los debates que ha abierto el feminismo, ¿cuáles son los más urgentes?

El tema de los cuidados, no solo de los niños, sino también de las personas mayores. No estamos pensando cómo vamos a hacer que esa vejez sea digna y con salud. Y también me parece que es muy relevante hablar de la concentración de riqueza. Hoy tenemos 3.000 personas en el mundo que son milmillonarios y, en contraste, sociedades cada vez más empobrecidas.

¿Por qué el feminismo se convirtió en uno de los primeros enemigos de Milei y de otras ultraderechas?

Porque ha sido un espacio de disputa del sentido común. Las mujeres hicimos paros internacionales, acá conseguimos el aborto legal, aumentamos la participación política, obtuvimos más liderazgos, organizamos redes internacionales… Pudimos entender que nuestro tiempo vale y los impedimentos que encontramos. Ahora, para superar el problema no basta con entenderlo, necesitas cambios estructurales, espacios de cuidado, licencias de paternidad y maternidad… Veníamos empujando para un lado, pero no lo conseguimos del todo y ahora lo quieren deslegitimar. El modelo de Milei —él no lo dice, pero lo han dicho algunos libertarios cercanos en streams— es que mejor que la mujer vuelva al rol tradicional del hogar.

¿Qué interrumpió el avance del feminismo?

Creo que la pandemia fue un trauma que nos hizo olvidar muchas cosas. Tuvimos pérdidas de personas queridas, de ingresos, económicas, de salud mental… y eso todavía no sanó. La riqueza se está concentrando y cada vez alcanza menos para sobrevivir, tenés que trabajar más, que esforzarte más. Eso genera desgaste emocional y una falta de sentido y de futuro que hace que nos sintamos entre frustrados y enojados y dudemos de nuestros propios mecanismos de acción colectiva. Porque son fenómenos internos: sentís que perdiste el trabajo porque no sos lo suficientemente bueno; las mujeres a las que no les alcanza el tiempo piensan: me administro mal el día, debería dejar de ir a la clase de los jueves o no salir porque tengo que estar con los chicos. Esa individualización de los problemas tiene que ver también con el neoliberalismo y con las formas de pensar con la invasión de las redes sociales.

¿Cuánto han influido esos discursos en las redes con el voto temprano y masivo de hombres jóvenes a Milei?

Hago una autocrítica, por mi parte en el Gobierno: creo que el peronismo dejó de hablar con la juventud y muchos piensan que hablar a los jóvenes es usar palabras cancheras y subir un video a TikTok. Milei fue pionero en ocupar ese espacio digital durante la pandemia, cuando la juventud estaba enojada porque se tenía que quedar encerrada y no podía ver a sus amigos, a sus abuelos, ir a una fiesta ni a la escuela. Milei lo aprovechó.

Argentina tiene una gran tradición de organización y protesta, pero Milei ha aprobado una reforma laboral sin mucha resistencia. ¿A qué lo atribuye?

Pienso que tiene que ver con la persecución de los sindicatos, con ¿cómo nos organizamos cuando tenemos tres trabajos; cuando tenemos que cuidar a los chicos que están tristes y frustrados porque no ven perspectivas, cuando el autobús nos sale caro y tenemos que pensar si vamos a la marcha? Pienso también en un trabajo de la brasileña Rosana Pinheiro-Machado sobre trabajadores de aplicaciones como Uber. Ella dice que el trabajador uberizado está en modo gamer, todo el día con premios y castigos. Hacés más viajes, te premian. Había mal olor en el auto o trataste mal al cliente, te penalizan. Las nuevas formas laborales que tenemos hoy crecieron bajo la necesidad de una crisis que hace que tengas que buscar alguna opción, ya sea repartir una pizza, usar tu auto como Uber o abrirte un Instagram y sacar fotos y vender bizcochos que hiciste. En esa relación laboral estás vos solo con el algoritmo, no tenés un compañero al lado ni un jefe.

¿Esas nuevas formas laborales están cambiando la conciencia política de Argentina?

Hay una nueva conciencia política fragmentada, atomizada, individualizada en la que para mucha gente todo se mueve alrededor de un premio o castigo.

En su libro habla de los recortes del gasto público de Milei, la motosierra, pero también de la confusión. ¿En qué consiste?

Se trata de abrir muchos frentes de batalla. Trabajadores despedidos, recortes en las universidades, en el [hospital pediátrico de referencia de Argentina] Garrahan, en el área de discapacidad… Llega un momento en que te indigna todo o ya no te indigna nada y ¿cómo reaccionás? El feminismo dice que unir las luchas es la tarea y para mí tiene que ver con algo todavía más viejo que es la conciencia de clase. La fortuna que tiene Galperín equivale a que una empleada doméstica en Argentina trabaje 1.400.000 años. Esto no puede ser normal. Pero si hablo de poner un impuesto a los ricos, la respuesta en redes es que le quiero robar a los que trabajan.

¿Qué hay detrás de esa guerra de pobres contra pobres?

Porque está la idea de querer llegar a ser Galperín y nadie piensa que va a ser con el trabajo, así que se buscan atajos. ¿Te acordás de American Psycho? Se levantaba y tenía su rutina. Se metía en la ducha, hielo, crema, ejercicio, y después se iba y competía con compañeros sobre quién tenía el mejor reloj, la mejor tarjeta. El otro día en TikTok hubo una juntada de criptobros en un restaurante de Puerto Madero y cada uno mostraba el reloj, la cartera, la billetera… Los pibes están en esa que les venden, que con las criptomonedas pueden triunfar en la vida y no se habla de la crisis de ludopatía juvenil.

¿Las recurrentes crisis de Argentina aumentan esa búsqueda de atajos?

Sí. Hay esa cosa tragicómica de ver cuándo viene la próxima crisis y cómo te vas a poder cubrir o qué vas a poder ganar.

¿Qué diferencias presenta el modelo de Milei con otros modelos neoliberales previos?

Creo que si bien vivimos en este modelo de destrucción de industria y de desempleo, hoy la posibilidad de encontrar una changa [trabajo precario] está a un clic de distancia. Y este modelo tiene un nivel de coordinación con el sector empresarial local e internacional que nunca lo habíamos visto.

¿Milei es un ejemplo para las élites económicas mundiales?

Argentina es un laboratorio de políticas de ajuste. El discurso que se vende es que Milei metió la motosierra en el Estado y se sacó de encima todo el gasto superfluo, terminó con la corrupción y sacó a 12 millones de la pobreza. Es mentira, pero es lo que él repite en los medios internacionales y entonces parece que es cierto. La motosierra ya traspasó fronteras y hubo un ministerio inspirado en ella en Estados Unidos y otro en Japón.

¿La ayuda de Trump a Milei antes de las elecciones tuvo que ver con mantener ese modelo a flote?

Sí. Scott Bessent hizo política monetaria en Argentina: comprar y vender bonos te altera el valor de la moneda local. Intervinieron acá y después en Venezuela se metieron de noche y agarraron al presidente y a su esposa y ahora Trump está comprando y vendiendo barriles de petróleo venezolano. Es la impunidad del poder.

¿Qué rescata de Milei?

Nada.

¿Por qué Milei ganó las elecciones de medio término después de realizar un recorte del gasto público sin precedentes?

La gente tiene expectativas de que el sacrificio que ha hecho esté llegando a su final y no ha surgido una propuesta de la oposición que traccione. Milei tiene muchos socios, están todos alineados, y la oposición necesita un recambio de voces y de experiencias. Después de tantos años en el Gobierno se generó una cúpula con mucha distancia entre el discurso y las personas. Si no tomás un subte [metro], no hablés del subte; si no vas al supermercado, no hablés de los tomates, porque es indignante.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, pidió crear nuevas canciones. ¿Por qué no aparecen?

Prefiero un buen hit que nuevas canciones. Pero entiendo que lo que está criticando es la mirada nostálgica del pasado y eso sí lo comparto.

¿Qué cambiaría si volviese a formar parte del Gobierno?

Creo que como feministas deberíamos ir más fuerte, porque si no perdemos credibilidad y conexión con el movimiento que nos da fuerza. Estuve dos años impulsando el reconocimiento a las trabajadoras de los comedores populares y no lo logré porque me topé con machirulos que nunca lo priorizaron, para mí fue un fracaso grande. Dimos pasos —presupuestos con perspectiva de género, políticas de reconocimiento de identidad, una ley de gestión mensual—, pero no llegamos donde deberíamos. Y eso explica el descrédito y la frustración de muchos pueblos en general.

¿El progresismo se ha quedado sin ideas?

Creo que sí hay ideas, pero no seamos ingenuos. Hoy tenemos los 10 tipos más ricos del mundo con las tecnológicas peleando por los recursos mundiales y por la inteligencia artificial. Millones y millones de dólares. El otro día Musk dijo que van a poner paneles solares en África, quieren venir acá y llevarse el litio… En Davos presentaron un informe que mostró que lo que más crece en el mundo es el gasto en defensa y que va a bajar el gasto en salud, género y ambiente. En Argentina lo estamos viendo con la reforma laboral, unos ricachones quieren asegurarse de que despedir les salga más barato, porque saben que van a despedir.

¿Pero cuáles son esas ideas del progresismo?

Mira las ideas de Mamdani, son básicas: alquileres que se puedan pagar, cuidados para los chicos y transporte más barato o gratuito. ¿Qué tiene de revolucionario? Nada. Pero sí encontró cómo decirlo y además es alguien que puede personificar todo esto que dice. Eso es importante, porque el otro día escuché el debate de la reforma laboral en el Senado y no me podía identificar ni con los propios. No le creo a una persona que gana nueve millones de pesos [unos 5.500 euros] que me dice que el autobús va a ser más caro cuando no se sube a un autobús desde hace años. En una sociedad que está harta de los pusilánimes, que se siente estafada, que confió en Alberto Fernández y después le decepcionó, a Milei mucha gente le creyó por cómo es él, porque su forma de ser sirvió para canalizar el enojo.

Una de las preocupaciones actuales es el alto endeudamiento de muchas familias, que no pueden devolver los préstamos. ¿Qué impacto tiene esa deuda?

Una persona endeudada se siente en falta, le da vergüenza, no puede dormir, genera peleas familiares… Lo siente como un problema personal, pero hay que dejar de tratarlo así y abordarlo como un problema estructural. Porque además hay gente que está endeudada no porque se compró un auto o se fue de viaje, sino para comprar útiles escolares, para comprar comida, para comprar zapatillas para los chicos.

Pero también hay familias que sí se endeudan para comprar un automóvil o una casa. ¿Argentina está creciendo a dos velocidades?

Esas lo van a poder pagar, pero al que le hace mal es al que está en la parte baja de la pirámide de ingresos, que le va a costar cada vez más poder pagar la deuda. Hay un spot del Partido Verde en Inglaterra que es un chico corriendo que no llega a ningún lado. Estamos así, todos corriendo, nos cuesta mucho conectar, nos cuesta hasta juntarnos con amigos porque es un desgaste emocional, llegamos con muchas cosas encima. Pienso mucho en cómo procesamos cada uno en esta época, que además es de puro consumo de cosas que uno no necesita. Somos una generación que no va a comprarse la casa propia, hoy los jóvenes ni pueden alquilar un departamento, entonces el consumo es de chucherías porque el ahorro no tiene la fuerza que tenía en otras épocas.

El Gobierno ha celebrado que la apertura de importaciones ha permitido acceder a ropa barata en vez de a precios que consideraba “un robo”. La contracara son las fábricas textiles cerradas o con producción mínima. ¿Es posible encontrar un equilibrio?

Que la ropa sea cara es un problema real. Pero la solución no es abrir importaciones sin estrategia. Shein no es solo precio competitivo: es escala gigantesca, salarios bajísimos, destrucción ambiental y plataformas diseñadas para que compremos compulsivamente. Es un modelo global que combina dumping social y algoritmo.

Lucrecia Martel llamó a imaginar futuros que nos gusten y en los que nos veamos incluidos. ¿Cómo sería ese futuro para usted?

Hay una crisis de proyecto civilizatorio. Quienes hoy tienen la manija quieren la destrucción del mundo y sus propios salvatajes. Para mí, como economista, tenemos que recuperar preguntas clave. ¿Para qué producimos?, ¿qué consumimos?, ¿cómo se distribuye eso que se produce? Y a partir de todas esas preguntas vamos a poder construir una propuesta que esté al alcance de la mano y que al mismo tiempo sea una propuesta revolucionaria. 

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_