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Laura Carreira, la directora portuguesa que retrata la cruel realidad

Apuesta por un cine político y social que cuente la vida de verdad y que desenmascare las amargas servidumbres de la rutina laboral, como trató de hacer ella en su premiado primer largo, ‘On Falling’

La directora portuguesa Laura Carreira posa en su hotel barcelonés en febrero, horas antes de la gala de los Goya, a la que estaba nominada por su película On Falling. Anna Huix

“Tengo una relación muy conflictiva con el trabajo”, nos cuenta Laura Carreira mientras la retratamos junto a la piscina de un hotel barcelonés, con las torres de la Sagrada Familia y de la periferia industrial perfilándose en el horizonte. Y añade: “Creo que los seres humanos no hemos nacido para trabajar, sino más bien para querernos, escucharnos y hacernos compañía. Pero lo cierto es que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo trabajando, y que es eso, a fin de cuentas, lo que determina en gran medida nuestra identidad”.

Por supuesto, no todos los trabajos son iguales. “Pero en todos hay un elemento de coerción”, remata Carreira, “de vernos forzados a hacer algo sobre lo que no tenemos verdadero control. También ocurre en el mío, el cine, un trabajo creativo, vocacional, en el que me siento valorada y en el que sé que mi opinión cuenta, en el que no tengo jefes, o al menos no en un sentido convencional. Pero incluso en esas circunstancias ideales, de lo que se trata es de hacer todo lo necesario para que a final de mes aparezca una determinada cifra en tu cuenta corriente, la que te permita alimentarte, tener un techo, desarrollar un proyecto vital. Y casi todos subordinamos nuestras vidas a esa lógica empobrecedora”.

Carreira acudió a Barcelona a finales de febrero porque el fruto de su trabajo, On Falling, su primer largometraje como directora, optaba al Goya a la mejor película europea: “No voy a ganar”, barruntaba el día de la entrevista. No ganó y fue la película noruega Valor sentimental la que se llevó el Goya. La suya es, según asume ella misma, “una película modesta”, aunque haya sido producida por Sixteen Films, la compañía de uno de sus héroes cinematográficos, el británico Ken Loach, y haya obtenido ya la Concha de Plata a la mejor dirección en San Sebastián, un Sutherland Award en el festival de Londres o dos ­Bafta escoceses.

En On Falling asistimos al desplome laboral y personal de Aurora (la actriz Joana Santos), una joven inmigrante portuguesa que trabaja en un gran almacén de Edimburgo. Aurora dedica sus extenuantes jornadas como picker a recorrer la nave industrial “pescando” y etiquetando objetos armada con un grotesco lector de códigos de barras, sometida a la tiranía de un algoritmo de supervisión en tiempo real que le garantiza chocolatinas cuando cumple con las expectativas y reprimendas humillantes cuando baja el ritmo. Un trabajo, según lo describe Carreira, “anodino, de alta exigencia física” y, en última instancia, deshumanizador, “que acapara su tiempo y le proporciona apenas el dinero suficiente para garantizarse una subsistencia precaria”.

A la directora, nacida en Oporto hace 31 años y crecida en Lisboa, siempre le han interesado las pequeñas (y grandes) servidumbres que nos impone el trabajo. De eso tratan sus dos primeros cortometrajes, Red Hill y The Shift, y de eso trata también este primer largo que The Guardian describe como “una descorazonadora epopeya cotidiana”. Carreira empezó a escribir On Falling hace varios años, en una época de su vida en la que, según nos cuenta ahora, “estaba enfadada con el mundo”. No era infeliz, “pero sí sentía una profunda insatisfacción vital” y una cierta “perplejidad” al constatar cómo están organizadas nuestras sociedades: “Yo había emigrado a Escocia con 18 años y estudiaba Dirección de Cine en la Universidad de Edimburgo, una de las pocas del Reino Unido cuya matrícula podía permitirme. Mientras me graduaba, trabajé en cafés y restaurantes, una vida parecida a la de Aurora, bastante precaria, en pisos compartidos, sin tiempo, ni dinero ni energías para socializar y relacionarme con otras personas de manera satisfactoria”.

En esa encrucijada vital, Carreira se sorprendió pensando en la poca atención que suele prestar el cine a las rutinas laborales: “La mayoría de las películas nos muestran a personas que parecen disponer de todo el tiempo y el dinero del mundo para llenar sus vidas de contenido y hacer lo que les plazca con ellas. Mi vida no era así, y tampoco la de la mayoría de la gente con la que me relacionaba”. La facultad en la que estudiaba, además, estaba especializada en cine documental: “Yo no lo sabía en el momento en que me matriculé, pero el programa de cine de la Universidad de Edimburgo tenía un presupuesto de rodaje tan reducido que resultaba poco menos que imposible grabar ficciones. Creo que eso ha condicionado mi estilo de manera decisiva. Tras años rodando documentales, me acabé acostumbrando a nutrirme de la realidad inmediata para escribir y filmar mis historias. Volví a la ficción, que es lo que siempre quise hacer, cargada con la técnica y la intuición para captar la belleza de lo cotidiano que te da el documental. On Falling es mi intento más ambicioso hasta la fecha de contar una historia de personas que trabajan y hablan de dinero”.

Una película similar, al menos en espíritu, a las de los primeros referentes cinematográficos de Carreira: Ken Loach, los hermanos Dardenne o John Cassavetes: “En especial, Cassavetes, que sigue siendo mi cineasta de cabecera. Una película suya, Minnie and Moskowitz [Así habla el amor, 1971], fue la que me hizo descubrir el cine como lenguaje expresivo. La vi con 14 o 15 años, en la filmoteca de Lisboa, y me causó un profundo impacto que las películas pudiesen ser así, mostrar el mundo de esa manera. Me entusiasmó su profundidad, su ambición, su sutileza. Antes de Cassavetes, mi ideal de película era más bien 101 dálmatas [ríe], otra obra de arte cinematográfico, sin duda, pero por razones muy distintas”. Luego llegaron Rosetta, de los Dardenne, Sweet Sixteen, de Loach, y otros clásicos del canon naturalista contemporáneo: “Me gustan las películas que te muestran a sus personajes de cerca y te invitan a empatizar con ellos, en toda su complejidad y sus contradicciones”. También se muestra partidaria del cine “político”, del que se atreve a hacer “un diagnóstico sobre el sentido social y colectivo de nuestras experiencias individuales”, pero se apresura a matizar que “todo buen cine es político”.

Estos días, Carreira trabaja en un nuevo proyecto que volverá a abordar el mundo laboral como escenario de fracturas íntimas, desencantos y renuncias: “Estoy escribiendo el guion, centrado esta vez en un trabajo de oficina, que es un tipo de servidumbre distinta pero en el fondo muy similar. A fin de cuentas, casi todos nosotros, pickers, oficinistas y cineastas, somos peones en el juego de los propietarios del mundo”.

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