Mikaela Vázquez, la violinista que casi abandona la música y hoy colabora con Judeline, Ralphie Choo o Guitarricadelafuente
El trayecto vital y profesional de la violinista Mikaela Vázquez está plagado de dudas y altibajos. Un día decidió que solo tocaría lo que la hiciera feliz
Mikaela Vázquez (Vitoria, 32 años) iba para arquitecta, aunque aquello no cuajó. Instrumentista, compositora y directora musical, es en la actualidad de las pocas mujeres que desempeñan este último rol, a caballo entre lo ejecutivo y lo artístico, en la industria de la música española. Pero su relación con la música no siempre fue constructiva, sino que estuvo intoxicada por la insatisfacción crónica que produce tratar de alcanzar la perfección y pensar que si no hay sufrimiento es imposible crear belleza.
Tal vez por eso, tras siete años de estudio del violín al más alto nivel, decidió parar. Era 2019. “Lo dejé sin calcular. Tenía el corazón totalmente roto, una lesión en el hombro izquierdo y el cuerpo afectado por la exigencia”, recuerda. Aquel hiato derivó de un final de carrera abrupto en Musikene (el Conservatorio Superior de Música del País Vasco) mientras cursaba el grado superior especial de Violín. Antes había recibido tres años clases particulares en Berlín de la mano de Stephan Picard, de la academia Hochschule für Musik Hanns Eisler. “Fue una descontextualización biográfica porque, de repente, la pregunta no era qué iba a hacer sino quién era yo. En un sistema opresor, como puede ser el de la educación en la música clásica, tus capacidades nunca son suficientes”, relata desde el estudio de grabación madrileño Patio de Manzana. Tuvo casi un año guardado el violín y la vida la llevó de viaje, de nuevo, rumbo a Ámsterdam. Como si se tratase del juego de la película Jumanji (1995), su instrumento comenzó a darle las primeras llamadas de atención desde el estuche al llegar a su reciente destino: “Sentía que debía despedirme de él, honrarlo por todo el aprendizaje adquirido y soltarlo”, cuenta solemne.
Lo que podría haber sido un funeral se convirtió en un rito de reiniciación y reconciliación. A pesar de las dudas y del temor, Vázquez volvió a sostenerlo de manera espontánea —con “todo el miedo que sentía por la vida”—, aunque con un cambio de punto de vista en forma de promesa: a partir de ahora solo tocaría piezas que la hicieran sentir bien. Tuvo la oportunidad de sumarse a la Noordpool Orkest (Groninga) con José James en el North Sea Jazz Festival (julio de 2019, Róterdam) y a partir de ahí comenzó a reconectar con la armonía de vivir y de tocar. Pocos meses después, su hermano, el pianista Juan Sebastián Vázquez, la llamó para que participara como arreglista y violinista en la canción ‘Sevilla’, del disco Folclore sintético, firmado por Juanito Makandé. Eso la trajo de vuelta a España para “ver el sol” y seguir reconstruyendo su liberación. Comenzó a ser asidua a la jam de flamenco del Café Berlín (Madrid) y a tocar con músicos como el trompetista Enrique Rodríguez, Enriquito. Ellos facilitaron que viviera la profesión desde otro punto de vista: “Quería contagiarme de la festividad que se producía en el escenario. Entendí que divertirse tocando también era una opción”. Poco después de su aterrizaje en Madrid, recibió una llamada para sumarse a Sin cantar ni afinar tour, de C. Tangana, y, a partir de aquí, vinieron más colaboraciones: Carlos Ares, Ralphie Choo o Carolina Durante. Para Judeline y para Belén Aguilera ejerce como directora musical. Con ella preparó uno de los números musicales de la gala de los Goya.
Tampoco se olvida de su propio proyecto. Lo está construyendo, con mimo, desde hace tres años. En él, cuenta con colaboradores como la Orquesta de Cámara de Galicia y confiesa risueña que “hacer equipo en la música” es algo que ha anhelado “desde la infancia”. Asegura que el reciente viaje que ha hecho a Washington DC con Guitarricadelafuente para grabar el programa de música en directo en Tiny Desk le devolvió una imagen de sí misma diferente a como se había percibido hasta la fecha: “Me di cuenta de que yo era otra persona. Me perdoné. Y me acordé de eso que me dice mi hermano mayor cuando tengo el temor de no estar a la altura: ‘Mikaela, goza, disfruta; tú eres gloria”.
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