Pat McGrath, la gran dama del maquillaje mundial: “Con una pincelada de repente eres quien quieres ser”
En desfiles o campañas, lleva más de 30 años ideando las narrativas visuales que guían al sector. Ahora acaba de dar forma a la división cosmética de Louis Vuitton.


La maquilladora Pat McGrath (Northampton, Reino Unido, 55 años) no es una viajera minimalista. Lleva décadas saltando de pasarela en pasarela o aterrizando en sesiones de fotos con decenas de maletas y baúles —ha contado hasta 80 bultos— con miles de productos. Pintalabios de todos los colores, sombras en cualquier acabado, pegamento facial, cristales decorativos, pestañas postizas o un buen arsenal de bases de maquillaje para cualquier piel (en los noventa, la supermodelo Naomi Campbell decía que McGrath era la única que acertaba con su tono). Nunca sabe si el creativo con el que colaborará cambiará de idea y pedirá un labio dorado o un ojo con plumas y ella es la reina del porsiacaso. Por eso recuerda que enloqueció cuando accedió al archivo de Louis Vuitton, la casa maletera por excelencia: “De pequeña soñaba con sus baúles, iba a mercadillos con la esperanza de encontrar alguno”, evocaba en una reunión con prensa internacional el pasado julio en París. Desvelaba entonces su último trabajo, La Beauté Louis Vuitton, la primera colección de maquillaje de la firma francesa para la que ha fichado como directora creativa de la división cosmética. “Llevo trabajando en su backstage más de 20 años y siempre había sentido que necesitaban maquillaje. Ha sido una evolución natural”, añadía por videollamada en una entrevista concedida a este medio unos días antes de Navidad.
La compañía era de las últimas grandes firmas de lujo sin contar con maquillaje. Hay una tendencia clara a abrir camino en este campo y solo desde 2020 se han estrenado con los pigmentos Prada, Hermès o Rabanne. La propia McGrath ya traía experiencia en formulaciones, porque desde 1999 ha colaborado en el desarrollo de productos para marcas tan dispares como Armani, Dolce & Gabbana o Zara, además de para su propia compañía, Pat McGrath Labs, que ha puesto a la venta este 2026.
A diferencia de la moda, el mercado del color vive un momento de esplendor: no para de crecer y se espera que lo siga haciendo entre un 3% y un 5% anual al menos hasta 2030, según la consultora McKinsey & Co. El sector sigue siendo capaz de emocionar con lanzamientos como el de Louis Vuitton y, aunque su precio sea muy alto (el labial se cotiza a 140 euros), se mantiene como capricho para esos compradores aspiracionales que vieron cómo la moda de lujo elevaba las cifras de sus etiquetas hasta números inalcanzables. “Ha sido divertido trabajar con los equipos, técnicos y laboratorios más exquisitos y saber que no había límite”, dice la maquilladora de la nueva división, “todo está cuidado para que sea perfecto; los recambios sin plástico, el aroma de las barras, el clic del estuche…”.

Condecorada en 2021 como dama del Imperio Británico, McGrath ha sido calificada como la maquilladora más influyente del mundo por el diario The Guardian o las revistas Vogue y Time, gracias a su manera de entender el maquillaje como lenguaje creativo con el que expresar las narrativas visuales del lujo, más que como mero accesorio para embellecer.
“Mis inicios fueron instintivos. No tenía formación, pero era curiosa y me obsesionaba crear algo inesperado”, recuerda. Su imagen bebía de todo lo que sucedía en las calles y en las discotecas de la capital inglesa. “Me atraían el drama y la fantasía. Las discotecas fueron mis primeros laboratorios, maquillaba a mis amigos, a músicos, a cualquiera que quisiera experimentar”. Hasta que la locutora de radio Janice Long le pidió que la transformara y de paso viró su destino: “En ese momento me di cuenta de que podía tener una carrera increíble en esto”. Todo estaba por hacer y todo avivaba la imaginación. Por aquellos años trabó amistad y se ligó creativamente a otras personalidades que han ido destacando en diversos ámbitos, como el fotógrafo Steven Meisel o el editor Edward Enninful. “Los noventa fueron una época salvaje y me encanta toda la creatividad que surgió, pero la moda marcaba el rumbo y la belleza lo seguía. En cambio, ahora se da un verdadero diálogo entre ambas disciplinas. Es una historia compartida fruto de cómo nos comunicamos hoy a través de las redes sociales”, reflexiona.
Su propia manera de trabajar ha evolucionado de aquella pulsión instintiva, explica, “inspirada en el caos, el movimiento, la luz. Con el tiempo he ido añadiendo más reflexión y técnica. Hoy diría que mi proceso es una mezcla de espontaneidad y disciplina, siempre intentando traspasar los límites y manteniendo mi sello”. Hace uso de los pigmentos y las brochas casi como una pintora (se formó en arte), como elementos para construir otros mundos: “El maquillaje se parece a la pintura. Cada rostro es un lienzo, y la piel, una base luminosa que hace que los colores y las texturas cobren vida. El maquillaje no es solo decoración, es contar historias, es expresión y a veces un poco de magia”.

Domina la alquimia, su trabajo respeta y celebra la piel sin olvidar la emoción. Se ve en sus propuestas para pasarela, que son capaces de definir épocas. A principios de siglo, por ejemplo, se encargó de dar vida a las oníricas creaciones de John Galliano para Dior y en la década siguiente ideó algunos de los maquillajes más replicados en las calles. De las pestañas azules de Stella McCartney (otoño-invierno 2012/2013) a las lentejuelas bajo los ojos de Givenchy (primavera-verano 2012), que en los años sucesivos se expandieron por todos los festivales de música. Con Nicolas Ghesquière en Louis Vuitton lleva haciéndolo desde que el creativo llegó al cargo en 2014. “Antes del desfile recibimos fotogramas de películas, fotografías, vídeos…, un resumen de todo lo que representa la colección. Con eso empezamos a hacer pruebas y preparamos unos 50 looks que le enviamos para que nos dé su opinión. Cuando llegamos a París tenemos una selección que probamos sobre 10 modelos y ahí Nicolas elige”. Un despliegue para el que McGrath siempre llega preparada con sus decenas de maletas. Su ambición es seguir disfrutando del maquillaje: “Para mí es libertad, autocelebración, una forma de expresarse sin decir ni una palabra. Ya sea cotidiano, atrevido o punk, con una pincelada de repente eres quien quieres ser”.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































