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Polvo de verano
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Polvo de verano: ‘Ya nadie quiere follar’, por Brenda Navarro

Le di ‘like’ al chaval, y le pregunté a la web del tarot: ¿Voy a follar hoy? Esperé a que él respondiera mi ‘like’ y mientras pasaban las horas dudé de mi estrategia porque yo solo quería follar, pero tampoco es que una vaya follando con cualquiera

EPS 2553 INTRO POLVO DE VERANO

Llegué tarde a las aplicaciones de citas. Pero da igual porque entre el meneíto de aquí y de allá, resulta ser peor que cualquier cita a ciegas que te hacen tus amigas con el chaval de turno que, o se ha divorciado apenas, o no ha encontrado a la mujer de sus sueños (narcisismo puro, ya sabemos). Así que quedé con uno, con dos o siete, da igual. Para el caso, ninguno me apeteció de verdad seguirle a su casa y con el que sí, él no quiso. O le dio miedo o no era su momento, o simplemente la luna llena o la luna nueva o Neptuno en tránsito o lo que leches diga la astróloga en Instagram de turno.

​Yo, para ese momento, como el meme, por un lado tenía a mi terapeuta y por el otro a la astróloga. Que el eclipse de abril, pero también el de junio, que cada día pasa algo en el espacio interestelar que nos mueve a todas y el ramalazo, porque ni en el cosmos se deja de tener movida y hay consecuencias interplanetarias en las decisiones del día a día.

¿Qué es lo que va a pasar hoy y mañana para que al tipo que puso una fotografía decente en su perfil se le pare la pija y quiera follar conmigo y deje de poner pretextos tan inverosímiles como los que daban en los noventa cuando se metían con tu dizque amiga? ¡Vamos, Marte en Venus, hazme el favor que la terapeuta no tiene tiempo para mis tonterías y se quiere enfocar en lo importante! Porque cuando me quería poner a hablar de mis ex, me di cuenta de que yo me pasaba tres pueblos y que la terapeuta siempre me decía: vale, vale que sí, que eso duele, ya sabemos, pero hablemos de tu padre ausente y de cuando te dijo que por qué querías salir del corral y aspirar a más, en este mundo, en esta clase social, se aspira a lo que se aspira pero no a más. Pero —insistí— y la vez esa cuando mi ex anterior del más horrible dijo que… Y la terapeuta, que sí, que eso duele, pero, que tu padre, acuérdate, no es tu madre con la que tienes problemas, es tu padre. ¿Y por eso el patrón por el que no he podido follar por meses? Y el ­eyeroll de la terapeuta, que claro, que si no le pagara yo lo que le pago ya me hubiera enviado a freír espárragos porque, mare de deu, cómo doy turra con darle la vuelta a lo importante. Así que ante su negativa de seguirme el hilo de la conversación por el lado que ella considera equivocado, entonces, mejor me meto a la página web esa donde te tiran el tarot astral gratis y pregunto lo que no se me resolvió en los 40 minutos de terapia: ¿Me voy a casar con el chaval ese al que le voy a dar like a ver si hacemos match? Y el tarot virtual: esta carta representa los obstáculos a los que la relación pudiera enfrentarse. Por supuesto que la información sería más acertada si nos proporcionaras su ascendente y su luna y su fecha y hora de nacimiento. Es decir, como te lo piden en las apps, porque en realidad todas te piden lo mismo: tus datos, tus intereses comerciales, todo eso que te van a vender después, ya sea una cita o unas zapatillas. Y fui a buscar esa información y sí que tenía algo en su perfil: signo zodiacal Sagitario y una canción de Lana del Rey como playlist para conquistar. Que no es que yo tenga nada en contra de Lana del Rey y su esposo que aparentemente caza cocodrilos, sino que, bueno, con esos ojos oscuros y ese cabello rizado y esa pose que pretende ser totalmente relajada, tal y como recomienda una instagramer pija de La Moraleja, que ella a su vez miró en un perfil de Instagram de una influencer japonesa, lo que tienes que hacer es saltar mientras haces como que caminas y así es como sucede que si te saca fotos te ves de la hostia y pum, miles de likes, de posibilidad de follar. Y no exagero cuando digo mil, porque cuando yo terminé con el peor ex de lo ex habidos y por haber y del que mi terapeuta no quiere hablar porque dice que es tan insignificante en la constelación de mis pensamientos freudianos y desde su perspectiva lacaniana, este ser humano no representa sino un patrón bastante arraigado sobre la ausencia de mi padre y que entonces da igual él, porque aunque él tomó la decisión de ser el más gilipollas, sus gilipolleces no tienen nada que ver conmigo, sino con su madre y que ella, vaya pues —es verdad—, no los atiende a ellos sino a mí. Así que, entonces ese ser humano que no será ni un solo capítulo, sino un pequeño paréntesis en la novela de mi vida, me dijo que ya estaba saliendo con otra persona, yo me quedé tirada 19 días y 500 noches (exageremos, vaya, ni me quedé tirada porque me tuve que ir todos los días a trabajar, viva España y viva la hostelería y todas esas consignas para dar más drama al asunto, que yo voto izquierda, aunque ahora mismo ya no sé cuál partido es la izquierda, y ni la izquierda sabe porque ni puede ni tiene intenciones de responder qué es izquierda sino ir de progre y dártelas de feministo y aliade para luego saber, ya tú sabes, lo que todas sabemos y tenemos que denunciar, ajá, de nuevo en Instagram).

Pero entonces, que me quedé tirada llorando unos días, porque una factura y llora y llora poquito y llora un ratito, y luego sigue, porque los astros y el ascendente y la luna te regulan hasta el ciclo menstrual y todo como para que tú, por un ex, te vayas a poner a contrariar las leyes del destino astral. Así que, así seguí después de ese abandono pueril y luego de estalquear minuciosamente las redes de mi ex, me enteré de que esa otra persona con la que salía era tan guapa e inteligente como yo, y que, claramente, era buena persona. Pero, ah, la astróloga insistía que los sagitarios y los tauros iban a encontrar al amor de su vida en 2025 y yo sentí una rabia y unas ganas de patear gente que fue cuando me metí a las apps de citas y dije: voy a encontrar al amor de mi vida, porque si yo hago como que nací a las diez de la mañana, en vez de a las doce que fue cuando de verdad nací, entonces mi signo zodiacal ascendente no es Acuario, sino Tauro y voilà, mi ex con el nuevo amor de su vida y yo también. Así que le di like al chaval, y le pregunté al tarot: ¿Voy a follar hoy? Y la página gratis me dijo que claro que sí, porque “a mi lado, él siente que la vida es un regalo precioso, un viaje mágico y divino. Eres el destino luminoso de su vida”. Y esperé a que él respondiera mi like y, mientras pasaban las horas, recibí todos esos otros likes que sentí que fueron mil, y dudé de mi estrategia porque yo más que casarme y andar buscando a mi alma gemela, yo solo quería follar, pero tampoco es que una vaya follando con cualquiera.

Y dio match y hablamos un poco y me pidió una foto topless, pero yo le dije que mejor en persona, porque ya una amiga me había dicho que luego nada más quieren sextear y yo que para eso mejor sola y en mi cama, por lo que yo insistí: lo que quiero es follar, contigo. Y él dijo, venga, vale, sí, y nos vimos. Pero, resulta que más que follar, él quería hablar y hablamos un montonazo, que si sus papás y sus ganas de independizarse, que si las clases, que si el doble máster, que si el Erasmus, que la presión de todos para volverse adulto, que el Real Madrid, que la Liga, que la Eurocopa, todo era un problema. Y yo, que escuché todos sus argumentos sobre lo difícil que era la vida, al paso de un par de horas, le pregunté que si entonces íbamos a ir a su casa y él sonriendo de una forma sumamente seductora, me dijo que sí y fuimos y nos besamos, pero él no estaba concentrado, o la luna o no sé qué leches, pero mucha decepción porque se supone que los sagitarios son muy candentes, pero éste no. Y que además, sus papás iban a llegar pronto a casa y que lo sentía, que nunca le había pasado nada igual. Y yo, que no, que no te preocupes, que está todo bien, pero pues ya me voy. Y él, sí, que sí, que te puedes ir ya. Y salí despotricando por mensajería instantánea y le dije a mi grupo de amigas de “Monogamia, patria y dios” que no podía creer lo que me había pasado y les conté del monólogo entusiasta, pero del escaso toqueteo, de la lejanía de los cuerpos, que yo ya no entendía nada. Pero, para mi sorpresa, las seis que estaban ahí empezaron a decir que a ellas les pasaba igual, que por enes o por leches, resulta que sus citas también terminaban en la misma decepción y que va a resultar que parece que ya nadie quiere follar porque los hombres tienen miedo y por eso se van a la manosfera, porque es mejor que se alimenten el ego con sus gritos guturales del uuu, uuuh, uuugh a que quieran intimar con nosotras, que más que casamiento, insisto, queremos follar.

¿Es que acaso ya nadie quiere follar? Y entonces comencé a fantasear y a preguntarme qué habrá sido de aquel vecino de la instagramer de La Moraleja de la sección 35, que votó a Podemos, ¿estará soltero, disponible? ¿O es que también llegó tarde como llegué yo a las apps y me lo voy a encontrar cuando yo esté en un relaxing cup of café con leche en la plaza Mayor, sin que le importe si yo ya resolví mis problemas paternofiliales? Me lo imaginé a él, tan radical en su mundo pensando en mí, una mujer cualquiera que sí quiere follar este verano antes de que él rente su casa como un ­Airbnb para los extranjeros que llegan a manadas a Madrid, diciendo que van a follar pero que, de acuerdo con mi grupo de WhatsApp, este verano y la primavera han visto cómo ya nadie quiere follar, sino que se conforman con dar likes.

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