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Eindhoven, continua innovación bajo la alargada sombra de la Philips

El patrimonio industrial de esta ciudad del sur de los Países Bajos se han reconvertido en incubadoras de ideas, alojamientos, restaurantes y talleres de artesanos

Eindhoven Países Bajos

Para provocar un viaje a Eindhoven, un breve diálogo:

–¿Dime un motivo por el que tenga que ir?

Eindhoven sabe cosas que no creerás.

Visitar esta ciudad del sur de los Países Bajos es como pasar unos días en un futuro que te lo crees. Los coches ni vuelan ni van sin conductor porque la gente va de un sitio a otro andando, en transporte público y, sobre todo, en bicicleta. Los años de bonanza económica gracias a que la empresa de la familia Philips se instaló en la ciudad pasaron y ahora le toca mirar hacia delante. Las pocas veces que Eindhoven echa la vista atrás lo hace por el espejo retrovisor y sin nostalgia. El futuro no es una lotería, esta ciudad tiene un plan. Una estrategia en la que trabajan sus ciudadanos, con el apoyo municipal, empresarial y educativo, por medio del conocimiento, la tecnología y el diseño. En esa estrategia está muy presente la idea de comunidad. Lo que no es beneficioso para la gran mayoría de las personas se descarta. Eindhoven está más próxima a las ideas de Karl Marx que a las de Adam Smith.

Es una de las ciudades que es parte del movimiento New Dutch. Una ola que, como las del océano, es oxígeno y energía para respirar y pensar sobre lo que está por venir. Los creadores de esta ola son diseñadores, ingenieros, inventores y pensadores. Visionarios que lo que hacen tiene un impacto en la sociedad. Una innovación con propósito y con el reto de resolver desafíos globales y crear un planeta más sostenible. Así, por ejemplo, lo verde en vez de fumarse, ahora se come, se desarrolla y produce en granjas e invernaderos, que a su vez son proveedores de restaurantes. Es el caso de Phood Farm, proyecto que combina la agricultura comunitaria y la acuaponia, la cooperación entre plantas y peces. Un punto de encuentro entre la ciudad y el futuro.

Cuando Philips se mudó aquí en 1998, la ciudad apostó por la innovación. En ese contexto crítico, el Ayuntamiento, la Cámara de Comercio y ese horno del talento que es la Universidad se aliaron para que Eindhoven pasara de ser una fábrica de bombillas, radios y televisores, entre otras cosas, a una incubadora de ideas. Hoy es una de las ciudades que produce más patentes por habitante del mundo. Una ciudad más interesante que bonita que encendió la familia Philips gracias a la energía que le proveyó el río de Eindhoven. Edison fue quien inventó la bombilla, pero Benjamin Frederik Philips y su hijo Gerard fueron quienes la produjeron a gran escala. Esto y mucho más lo cuenta el Museo Philips.

Otro museo, pero que nada tiene que ver con la omnipresente empresa, es la parada de autobús The Rietveld, cerca del Ayuntamiento. Una estructura que consta de un muro mosaico con un mapa de la ciudad y una columna de vidrio que se ilumina. La idea era colocar 50 de este tipo en los años sesenta, pero solo se colocó uno.

Enfrente del Museo Philips se encuentra el histórico edificio conocido como la Dama Blanca. Una construcción de 1922 en la que la Philips fabricó sus primeras bombillas. Las letras de dicha compañía orlan la torre principal de un edificio que hoy aloja la Escuela de Diseño y la Biblioteca Pública. Fórmula que se repite en el resto de fábricas que se conservan en la ciudad. Muchas de ellas son ahora centros de innovación con espacio para tiendas de moda y negocios de restauración.

Ese legado en forma de fábricas se sucede en tres zonas periféricas denominadas Strijp-S, T y R, al noroeste del centro urbano, construidas entre 1920 y 1950. Un gran patrimonio industrial precedido por un estadio de fútbol que parece una nave espacial posada sobre un conjunto de viviendas de ladrillo en las que residían los trabajadores de Philips. El estadio es la casa del Philips Sport Vereniging, más conocido como PSV Eindhoven. Club que en la temporada 1987-88 ganó la antigua Copa de Europa después de eliminar en semifinales al Real Madrid de “La Quinta del Buitre”. En la década de los noventa, el PSV brilló gracias a los fichajes de dos jóvenes talentos brasileños: Romário y Ronaldo. En los muros aledaños al estadio sus rostros pintados recuerdan que ambos siempre serán de la familia del PSV. Que es lo que parece este club fundado en 1913; una hermandad.

Dentro de los límites de Strijp-S se llevaban a cabo importantes y secretos avances, desarrollos e investigaciones tecnológicas, de ahí que el acceso al mismo estuviera restringido. Fue una ciudad prohibida hasta que cesó la actividad y todos aquellos a los que el paso les estaba permitido se quedaron sin trabajo. La zona conserva el poso industrial y se ha convertido en el hábitat natural de incubadoras en las que diferentes profesionales exploran y experimentan con ideas que aplican a proyectos con el objetivo de hacer la vida mejor y más sencilla a la gente. El punto neurálgico del sitio es Ketelhuisplein, plaza custodiada por Radio Royaal, un restaurante de cocina abierta alojado en una antigua planta eléctrica en el que hay muebles de los años cincuenta y máquinas enormes. Aquí también está Ketelhuis, un lugar de decoración ecléctica en el que se puede comer y/o tomar algo y desde el que hay una buena vista de la torre Trudo, de la que llaman la atención sus jardines colgantes. A pie de calle están los contenedores de colores Plug-in-City. Dan cobijo a talleres de artesanos, sirven como espacio para celebrar eventos en su interior y como Bed and Breakfast. Todo a la sombra de Klokgebouw, una gran construcción blanca rematada por un reloj y el logo de Philips, sede de eventos como la Maker Faire y la Dutch Design Week, así como VideoLab y Glassgebouw. El primero es un antiguo laboratorio en el que se desarrolló el primer reproductor de DVD y Blu-ray de Philips y en el segundo se produjo la primera lámpara incandescente de la marca.

Durante la Dutch Design Week son muchos los espacios creativos e innovadores que abren sus puertas al público, como Sectie-C, a las afueras de la ciudad. Un gran espacio comunitario en el que hay instalados unos 250 artistas, entre músicos, escritores, artesanos, diseñadores, etcétera. Uno de ellos es el valenciano Nacho Carbonell, que con su pareja gestionan y desarrollan obras de gran tamaño —muchas de ellas recuerdan a arrecifes y corales— en un taller dividido en función de los materiales.

Strijp-T fue la segunda zona industrial que construyó Philips. Aquí se levantó una central eléctrica, una fábrica de vidrio y otra de maquinaria. Ahora el sitio es un parque empresarial con el foco puesto en el diseño y la tecnología. Un carril bici lo atraviesa y alcanza Strijp-R, la última zona industrial que se levantó. Donde había fábricas, hoy hay casas unifamiliares y parques infantiles. Un rincón de la ciudad residencial y tranquilo en el que viven emprendedores y profesionales independientes, emparejados y con niños. El gancho de esta zona es un antiguo taller de cerámica con las dimensiones de un hangar en el que Philips produjo millones de piezas para radios y televisores y que ahora es el espacio de trabajo del diseñador holandés Piet Hein Eek. Un lugar en el que hay un restaurante con terraza, un hotel, tienda y el taller donde fabrica sus muebles con madera reutilizada.

Un inciso, el diseño de la Estación Central de Eindhoven, construida en 1958, se dice que inspiró al de las radios Philips, aunque otros cuentan que fue al revés. El caso es que la estación evoca a una radio antigua. Fuera de la alargada sombra de la Philips, pero cerca de las zonas Strijp, queda Woensel-West, donde se encuentra el complejo de viviendas sociales Volta Galvani. Un colorido entramado de casas inspirado en una kasbahs del mundo árabe, tan presente en los Países Bajos. Justo al otro lado hay un platillo volador (Evoluon) posado en una alfombra verde donado por Philips en la década de los sesenta y que ha alojado dos museos: uno centrado en los avances del futuro y otro, el actual, el Next Nature Museum, centrado en demostrar cómo la tecnología se convierte en nuestra siguiente naturaleza. Las diferentes propuestas expositivas, como Retro future, muestran desde un póster con la imagen de una mujer astronauta anunciando un producto de limpieza en el espacio hasta Digital Wellness Center, que te hacen pensar cuando te preguntan si recuerdas las cinco últimas stories a las que le diste al corazón de Me gusta.

El futuro no significa algo lejano en el tiempo. Puede ser lo que vas a hacer después de comer o el próximo viaje a esta ciudad.

Guía práctica

  1. Cómo llegar: las aerolíneas KLM, Iberia e Iberia Express operan vuelos desde Madrid y Barcelona con destino al aeropuerto de Schiphol (Ámsterdam). En el mismo hay una estación de tren desde la que salen trenes con destino Eindhoven. Al aeropuerto de dicha ciudad se puede llegar desde España con algunas aerolíneas de bajo coste.
  2. Dónde dormir: en el centro de la ciudad, muy cerca de la estación de tren, se encuentra el Hotel NH Collection Eindhoven Centre, en cuya azotea está el VANE Skybar, donde sirven cócteles y pequeños bocados de cocina internacional. Las habitaciones son amplias y con vistas a la ciudad. El desayuno es de altura, metafórica y literalmente hablando.
  3. Dónde comer: en Kazerne se come, se puede tomar una copa, dormir y ver obras de arte mientras se hace todo lo demás. Ocupa un antiguo cuartel de la policía militar de 1825. Su cocina es italiana y el menú consta de tres platos y ronda los 40 euros. Si se quiere probar un sitio informal en cuanto a la carta y sugerente en cuanto al espacio, Otomoto es la opción. Un bar de tapas inspirado en ciertos locales japoneses a los que se va a disfrutar del trago y de la música. Y Down Town Gourmet Market es un espacio que aúna puestos de comida internacional: japonesa, mexicana, griega, india, indonesia, italiana... Cuenta con una zona cubierta y otra es una especie de patio (eso sí, para pedir y pagar hay que descargarse una aplicación móvil).
  4. Pedalear y tomar algo: Cyklist es un café ciclista en la zona del canal en el que los amantes de la bicicleta, después de una ruta, toman una cerveza, los turistas alquilan una bicicleta y los curiosos fisgan el pequeño museo ciclista de su interior.

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